La banca abusa más

Los bancos han dado dos pasos más en apoderarse de nuestro dinero. Uno es el aumento del cobro de comisiones por tener una cuenta y por cualquier actividad financiera; y otro son los intereses usureros exigidos en las tarjetas de pago aplazado (revolving en inglés). En comisiones consiguieron unas ganancias de 22.292 millones de euros en 2019. En las tarjetas de pago aplazado la banca presta el dinero al 20% de interés. Es decir, como no les parece bastante el dinero que nos sacan, van a por más.

Hay 6 grandes bancos que cotizan en el Íbex35, Banco Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Banco Sabadell y Bankinter. Lo que usted quizá no sabrá es que en el año 2019 obtuvieron unas ganancias de 22.292 millones de euros solo con las comisiones que cobraron a los clientes y usuarios de cualquier servicio o producto que utilizaran. Y como no les parece bastante el beneficio que obtienen al utilizar el dinero de nuestras cuentas, los 6 grandes bancos se han puesto de acuerdo en aumentar las comisiones desde el inicio de 2020.

De hecho, los mencionados bancos habrían conseguido el 47% de sus beneficios por el cada vez más extenso sistema de comisiones. Este constante incremento del cobro de comisiones supone ya el 34,6% de sus ingresos comerciales. Esa es la razón de que en 2020 todos ellos hayan acordado la subida de las comisiones que cobran a sus clientes.

Pero el aumento de las comisiones tiene el delito añadido de que penaliza en mayor grado a las personas con ingresos más bajos. Porque las comisiones o la cuota por tener una cuenta -que nos han obligado a abrir para poder realizar cualquier actividad financiera en nuestras vidas- puede llegar hasta los 60 euros trimestrales, es decir, 240 euros al año. Y puede castigar las operaciones en ventanilla con un coste de 2 euros por operación. Y solo se libra uno de las comisiones encadenándose más al banco, en forma de domiciliación de una nómina o pensión -que no sea menor a la cantidad fijada por el banco y que puede ir de 600 a 1.000 euros-, pagos con la tarjeta, recibos domiciliados, seguros contratados o fondos privados de pensiones.

Y eso cuando, por la digitalización y los servicios telemáticos, más las draconianas reducciones de plantillas y el cierre masivo de oficinas, los clientes y usuarios somos obligados a realizar prácticamente todas las tareas de gestión de nuestras cuentas, con el manifiesto deterioro del servicio a los clientes y de la agudización de la exclusión financiera de la población de las zonas rurales. El cierre de oficinas ha sido de 8.579 oficinas de las 33.786 existentes. Y el despido de 30.696 trabajadores entre 2013 y 2018, sin contar los 60.423 de los cinco años anteriores.

La usura de las tarjetas de pago aplazado

La reciente oleada de reclamaciones judiciales a la banca por el abuso de intereses en las tarjetas de crédito aplazado (revolving en inglés) ha sacado a la luz sus prolongadas prácticas usureras con este tipo de tarjetas. Porque la banca utiliza este sistema de tarjetas para prestar dinero al 20% de interés, que ha llegado, en bastantes casos, incluso al 27%. Los damnificados que reclaman, y los jueces de primera y segunda instancia que les van dando la razón, se basan en la Ley de Represión de la Usura de 1908, todavía en vigor, en la que se prohíbe prestar dinero con intereses “leoninos” y “desproporcionados”. Hay que recordar que el interés medio de los créditos al consumo está en menos del 10%. La banca ha llegado a prestar con estas tarjetas 13.600 millones de euros y afectaría a unos siete millones de clientes. Por lo que las reclamaciones han llegado al Tribunal Supremo, cuya sentencia está pendiente.

La práctica usurera se disfraza de “cómodos plazos” para devolver el crédito. Se ofrecen cuotas bajas pero éstas ni siquiera cubren los intereses, por lo que se suman a la deuda, y así se crea una bola de nieve: se pagan las cuotas pero la deuda nunca acaba de pagarse. Las cuotas bajas es la trampa para las personas con ingresos bajos, por lo que son mayoría entre las que sufren estas condiciones usureras.

Y no olvidemos el papel que juega la más famosa sucursal extranjera y defensora de la banca privada, nuestro Banco de España.

La posición del Banco de España sobre las tarjetas revolving -tarjetas “de lenta amortización” en las que los clientes pagan cuotas bajas cada mes que eternizan la devolución de la deuda- se enfrenta al hecho de que las reclamaciones que más crecieron porcentualmente en 2018 respecto al año anterior fueron las relacionadas con préstamos personales (un 86,3%).

¡Ay!, pero el Banco de España no toma posición contra los intereses usurarios -es decir, los apoya y justifica de hecho- porque “corresponde a los tribunales” la decisión, eso sí recomienda a las entidades financieras que informen a los clientes. Y ello a pesar de reconocer que su propio departamento de Conducta y Reclamaciones había encontrado numerosos casos de tarjetas en las que venía activado por defecto el sistema revolving. Es decir, que las condiciones usureras estaban insolublemente integradas en las tarjetas desde el principio, y si no se modificaban, el cliente ya estaba encadenado y sin conciencia.

La bancarización de la economía española

El 95% de la población española mayor de 16 años está bancarizada. Prácticamente todo el movimiento de la masa monetaria del país pasa por las manos de la banca. Los grandes bancos españoles se han convertido en el gran administrador colectivo de las rentas nominales que cada familia posee, decidiendo su movimiento de acuerdo a sus intereses y con una orientación unificada y centralizada. La oligarquía bancaria dispone de nuestro dinero para hacer sus negocios, mientras nos cobra por ello. Dispone de la mayor concentración monopolista para decidir a golpe de directrices y de acuerdo con sus necesidades cómo apropiarse más de nuestro dinero.

La banca utiliza de forma abusiva las leyes y su situación de dominio para enriquecerse a costa de todos los demás. “¿Qué delito es el robo de un banco comparado con el hecho de fundar uno?”, decía el poeta y dramaturgo comunista Bertolt Brecht. La banca nos cobra ¡por tener nuestro dinero obligatoriamente guardado en un banco! ¿No tenía razón Bertolt Brecht? Y también Mark Twain cuando ya decía en sus tiempos que “un banquero es alguien que te presta un paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando llueve”.

Eduardo Madroñal Pedraza