La ansiedad y la depresión, cómo combatir dos males de nuestra sociedad

Cuando termina el periodo de vacaciones, muchos de nosotros sufriremos un periodo de abatimiento, de tristeza y de apatía frecuentemente relacionado con la depresión. Pero esta enfermedad es mucho más que un simple periodo de congoja y apocamiento que no debe comparase con algo tan banal como la sensación de vuelta a la rutina que a nadie le gusta, es una enfermedad real y frecuente que no solo afecta al enfermo, sino que tiene un alcance mucho mayor que hace padecer a todos los que le rodean, sobre todo a los amigos y familiares.

Según recientes estudios, esta enfermedad, considerada contemporánea, afecta a la cantidad nada despreciable de 322 millones de personas alrededor del mundo, un 18 % más que hace tan solo una década. En España, son casi 2,5 millones de personas quienes sufren este mal. La ansiedad, por su parte, es un trastorno muy similar a la depresión, que sufren 264 millones de personas en el planeta, siendo 1, 6 millones de españoles los que sufren este trastorno, es decir, algo más del 4,2 % de la población.

Si crees formar parte de este sector de la población, o estar cerca de padecer una de estas dos enfermedades, no se debe esperar más tiempo y acudir a un centro especializado. Si vives en la capital los psicólogos en Madrid como Gerardo Castaño Recuero que localizarás tras este enlace, tratará eficazmente los síntomas depresivos que puedas estar sufriendo, pues su tratamiento de la depresión está ampliamente avalado por sus clientes y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo concedida en este 2018

Diferencias entre ansiedad y depresión

Para ser efectivos en nuestra lucha contra estas dos enfermedades de la mente que, como noma general, son causadas por el estilo de vida al que nos vemos obligados por vivir en una sociedad de consumo, basada en la productividad y en las apariencias, debemos saber distinguirlas claramente, puesto que sus tratamientos son muy diferentes.

Aunque ambos males se generan como mecanismos de reacción ante eventos que tienen lugar tanto fuera como dentro de nuestro cuerpo, si son interpretados como amenazas, el sistema de defensa despertará la sensación de ansiedad, mientras que si son percibidos como pérdida o error, el sistema que despertaremos será el de la depresión.

Como regla común cuando hablamos de ansiedad nos estamos refiriendo a la emoción que aparece en nosotros al sentirnos amenazados por un peligro concreto, es entonces cuando el miedo aparece y se instala de forma más o menos permanente. En función del tiempo que la amenaza siga sobre la persona, para luchar contra los síntomas de la ansiedad (dolor abdominal, diarrea, mareos, cefaleas, tensión en los músculos, fatiga, irritabilidad, insomnio, fatiga…) se suele recurrir a los ansiolíticos, que en la medicina tradicional son utilizados frecuentemente para el tratamiento de la ansiedad, por su rapidez y eficacia.

Para tratar los síntomas de la depresión, cuyo sentimiento más fuerte y constante es la tristeza que conllevan sentimientos de culpa, falta de autoestima o seguridad en uno mismo, cambios drásticos en el apetito, cansancio, falta de concentración y también problemas de insomnio, lo habitual es la combinación de medicamentos con un tratamiento piscoterápico, que en función de su carácter puede ser una terapia cognitivo-conductual (TCC) o una psicoterapia interpersonal (TIP).

Por otra parte, otra de las diferencias que encontramos entre estos dos males de la civilización contemporánea es que, por un lado, la ansiedad se encuentra relacionada con la prevención del enfermo respecto al futuro, por el temor que este vive como una experiencia constante a que se produzcan consecuencias negativas, desagradables o contraproducentes.

La depresión, por su parte, está directamente relacionada con la minusvaloración del paciente, un sentimiento de tristeza y otras asociadas, en el momento presente y que puede sufrir variaciones durante el día, algo que no ocurre con los que sufren de ansiedad, que es más constante…

Un pequeño esfuerzo para salir de la ansiedad y de la depresión de forma natural

El esfuerzo al que hace referencia este subtítulo no es otro que el de levantarse del asiento o de la cama cuando se están sufriendo estos trastornos y ponerse a practicar algún tipo de ejercicio que, aunque pueda parecernos algo del todo imposible cuando nos encontramos bajo el influjo de estos dos poderosos males, es una manera muy eficaz de abandonarlos y salir de ellos.

Y es que, en general, los síntomas de la depresión y de la ansiedad mejoran con cualquier tipo de ejercicio, ya que al practicarlos el cuerpo produce endorfinas, las conocidas como hormonas de la felicidad, que combaten de manera muy poderosa estas dos enfermedades.

Si lo estás padeciendo o crees estar cerca de sufrirlos es el momento de apuntarte al gimnasio, llamar a los amigos para jugar al baloncesto o al fútbol, coger la bicicleta o salir a correr. Si estamos en época de calor, debemos tener cuidado al esforzarnos demasiado con el running o con cualquier otro tipo de ejercicio realizado al aire libre, pero especialmente el correr en verano puede resultarnos peligroso por la acción del sol, que puede deshidratarnos o llegar a sufrir una insolación.

No cometamos el error de querer eliminar una enfermedad psicológica a riesgo de sufrir un golpe de calor o cualquier otra cosa peor. En el enlace reseñado en el párrafo anterior, encontrarás útiles consejos y recomendaciones para practicar deporte sin arriesgar tu salud y así poder solucionar los problemas psicológicos a los que estamos dedicando este artículo.

Y es que la práctica de ejercicio habitual ayuda a prevenir y mejorar los más variados problemas de salud, incluidos la presión arterial alta, la diabetes y la artritis, por poner solo unos ejemplos.