La popular Kim Kardashian sigue acudiendo con regularidad al gimnasio privado de Beverly Hills donde se entrenó con intensidad tras dar a luz a su hija North, por lo que en esta ocasión trató de pasar desapercibida con una discreta sudadera negra, coleta y gafas de sol para sortear a los periodistas. La prometida de Kanye West podría haberse decidido a perder algunos kilos más antes de afrontar los inevitables banquetes navideños.