Jack, un perro que hace carrera en la Policía

(dpa) – Jack sigue con total concentración las indicaciones que le da su acompañante. Se acercan sigilosamente a un sospechoso. Lo hacen jugando, porque es una especie de entrenamiento en el que Jack, un ovejero belga, demuestra todo lo que ha aprendido en los últimos años.

Jack tiene una historia muy especial. Un grupo de policías lo encontró hace más de dos años en plena noche, encerrado entre unas estructuras de madera, a temperaturas bajo cero en un predio enorme de una zona industrial en el norte de Alemania. El perrito tenía diez semanas. A pesar de ser pequeño, no murió por hipotermia. Sobrevivió y fue encontrado por una patrulla.

Un policía pidió permiso en el refugio de animales para poder llevarlo a su casa, recuerda el oficial Hauke Messer. “Le daba un poco de lástima”, comenta. Luego una mujer policía que solía trabajar con perros se lo llevó porque tenía muchas ganas de volver a trabajar con un perro así.

“Rápidamente notó que Jack era mucho más que un perro común y corriente”, comenta Messer. Entonces él lo incorporó, lo entrenó y cuando Jack tenía unos cuatro o cinco meses, lo presentó en su puesto de trabajo, donde enseguida le dijeron: “Sí, tomémoslo, que sea parte de nuestro servicio”.

Los perros más jóvenes que trabajan para la Policía no suelen ser adiestrados inmediatamente para ser perros de seguridad. Primero se les hace un entrenamiento acorde a su edad. Es muy importante que tengan un espíritu muy lúdico y una gran curiosidad. Eso es lo que hará de un cachorro un verdadero perro policía.

“Si no le gusta jugar, no servirá para ser formado como un perro de servicio”, explica Messer. “Porque lo hacemos todo a través del juego, a través de la comida”, explica. Los perros aprenden a trabajar para obtener un juguete o una recompensa o premio a cambio.

Cuando estaba entrenándose, Jack descubrió qué necesitaba para ser perro policía: obedecer las órdenes de su entrenador, defenderlo, rastrear y ladrarle a un delicuente, correr sin miedo por puentes que tambalean y sobre terrenos muy distintos. A fines de marzo Jack aprobó su examen y obtuvo su número de servicio, el 1.695.

“Ahora me acompaña a todas partes, día y noche, depende de qué turno nos toque”, comenta Messer, que además de trabajar con perros cumple turnos normales. Cuando Messer está en la oficina liquidando tareas, Jack lo espera sentado en una gran caja en la oficina.

Jack pasó a ocupar el lugar de Simba, que fue el perro guardián de Messer durante mucho tiempo y, a sus diez años, “se jubiló”. Messer cuenta que Simba está contento de no tener que pasar las noches en la patrulla. “Se le nota, está mucho más relajado”, observa. Ahora Simba sólo trabaja para detectar estupefacientes.

El objetivo es que Jack en algún momento también pueda asumir esa tarea y que Simba, entonces, tenga una merecida jubilación. Por lo general, los perros se jubilan después de estar unos siete años en servicio. Luego pasan el resto de sus vidas con un entrenador.

Cuando hay que trabajar, Messer le coloca a Jack un collar ancho de cuero al cuello. “Con eso, él ya sabe que es hora de trabajar”, cuenta el policía. Una vez que termina la jornada laboral, Jack se convierte en un perro de casa, como cualquier otro. “Puede separar muy bien una cosa de la otra”.

Por Birgitta von Gyldenfeldt y Carsten Rehder (dpa)

Foto: Carsten Rehder/dpa

 

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