Irlanda del Norte: visita a Belfast con un ex terrorista

Foto: Tourism Ireland/dpa-tmn

(dpa) – Peadar Whelan fue miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés, por sus siglas en inglés). Muchos dirían que fue un terrorista. Él se considera a sí mismo un “activista”. Pasó 16 años en prisión por intentar asesinar a un policía británico. “No me arrepiento de nada”, dice.

Actualmente Whelan ejerce como guía. Muestra Belfast desde su perspectiva nacionalista. De pie, en el católico cementerio Milltown, al oeste de la ciudad, hasta donde abarca la vista, todo son cruces celtas y tumbas, unas junto a otras. Los hombres más famosos del IRA están enterrados en este camposanto. Como Bobby Sands, quien murió en la cárcel durante una huelga de hambre.

Whelan se dirige con su grupo de turistas a un lugar muy especial: la Nueva Parcela Republicana, un área cercada y un sitio conmemorativo que alberga restos de activistas del IRA.

La tumba de Sands se encuentra allí. “Todos murieron en servicio”, dice a los visitantes que quieren conocer los enclaves de “la resistencia republicana”. El propio Whelan sobrevivió. Todavía hoy desea que Irlanda del Norte deje de pertenecer a Gran Bretaña.

Guerra, religión y política

Los términos “católicos” y “protestantes” utilizados para designar a los dos campos rivales de Irlanda del Norte llevan a confusión, ya que sugieren exclusivamente una confrontación religiosa. Pero se trata en mayor parte de un conflicto político.

Los “disturbios” y “agitaciones”, eufemismos con los que se hace referencia al conflicto armado que se saldó con 3.500 muertos, marcaron a Whelan. Las arrugas surcan su cara. Aparenta mucho más que sus 62 años.

El tour se desvía a la calle Bombay, habitada íntegramente por católicos. Allí, la parte trasera de las casas situadas en hilera están equipadas con rejas de celosía como protección contra los cócteles molotov que podrían ser lanzados desde el barrio protestante de enfrente. Ambos distritos están protegidos uno del otro por un enorme muro.

Las denominadas “líneas de la paz” dividen los barrios de la ciudad como lo hicieron durante el conflicto armado. La longitud de los muros varía -desde un centenar de metros a cinco kilómetros- alcanzando alturas de hasta ocho metros.

Algunas de las tapias cuentan con puertas que permiten el paso de un barrio a otro pero que se mantienen cerradas por la noche. La división de uno y otro bando alcanza al más allá: en el cementerio de la ciudad un muro subterráneo separa las tumbas de católicos y protestantes.

Sin remordimientos

Whelan lleva a los turistas a la tienda de souvenirs de Sinn Féin, el partido pro-irlandés que durante el conflicto se erigió como brazo político del IRA. Allí se pueden comprar pósters, insignias o tazas con las caras gravadas de los “héroes” del Ejército Republicano Irlandés y del Sinn Féin como recuerdo.

En voz baja y reverente, Whelan habla de los camaradas del IRA que murieron mientras manipulaban artefactos explosivos. “Accidentes” que califica de “trágicos”. Sin embargo, en caso de que las bombas estallasen donde el IRA pretendía, cumpliendo sus objetivos, entonces se refiere a la acción como “exitosa” sin siquiera hacer referencia a las víctimas.

Por su parte, los unionistas o lealistas, que defienden la pertenencia de Irlanda del Norte a Gran Bretaña, también ofrecen tours en Belfast con sus propios lugares simbólicos y su propia interpretación de los hechos.

Se trata de la misma ciudad pero en este caso el tour muestra los lugares emblemáticos para los lealistas. El guía: Paul McCann pasea con los turistas por un barrio protestante.

Pasan junto a un mural que reza: “Gente inocente masacrada por el IRA”. Debajo, sobre una lápida negra puede leerse la inscripción: “En memoria a cinco protestantes inocentes asesinados aquí por una banda de asesinos republicanos”. En lugar de banderas irlandesas, sobre el monumento conmemorativo ondea la insignia británica.

Cuando McCann camina por Sandy Row, la calle en la que reside desde que nació, es constantemente saludado y abrazado. Lo mismo le sucede a Whelan cuando pasea por el barrio republicano en el que se encuentra su casa. Cada comunidad se mantiene muy unida, quizá en gran parte porque todavía considera que existe un adversario común -la otra-.

A día de hoy, Belfast sigue siendo una ciudad altamente politizada. Monumentos, placas y murales están por todas partes. Pero sería un error pensar que nada ha cambiado. Las encuestas muestran que sólo una pequeña minoría de la población de Irlanda del Norte considera ahora la violencia como herramienta legítima.

La Guinness: un lugar común

Viernes por la noche en el Hotel Europa. Este establecimiento en el centro de Belfast es apodado extraoficialmente “el hotel más bombardeado del mundo” porque fue atacado más de 30 veces por el IRA desde su apertura en 1971 hasta el cese del fuego en 1994.

Este viernes tres hermanos celebran en el bar del hotel el 50 cumpleaños del más joven. Los acompañan dos amigos y un cuñado. En el transcurso de la noche entablan conversación con un hombre de la mesa de al lado. Resulta ser protestante.

En los viejos tiempos, se habrían referido a él como: “uno del otro bando”, pero ahora ofrecen a Edward -así se llama- una Guinness detrás de otra. Acaban la velada fotografiándose juntos, despidiéndose con abrazos. “Básicamente, todos queremos lo mismo”, dice Edward. “Que nuestros hijos vivan en un mundo mejor”.

Información práctica: Belfast

Para la reserva de visitas guiadas con testigos del conflicto armado hay que reservar con antelación en Internet. La organización «Coiste na n-larchimi» -Comité de ex prisioneros- www.coiste.ie ofrece tours con antiguos miembros del IRA a través del oeste católico de Belfast. Para los tours por el enclave protestante de Sandy Row hay que reservar a través de: www.historicsandyrow.co.uk

Por Christoph Driessen (dpa)