Fumadores desesperados: Sudáfrica prohíbe el tabaco

Foto: Ralf Krüger/dpa

(dpa) – Katlego Tshiloane, de 34 años, está furioso. “Esta prohibición del tabaco no tiene ningún sentido”, se queja el sudafricano del barrio de Soweto, en Johannesburgo. Antes fumaba entre 10 y 20 cigarrillos al día, pero eso era previo a las estrictas limitaciones impuestas por el coronavirus a fines de marzo.

Desde entonces hubo distintas flexibilizaciones, pero la prohibición del tabaco sigue vigente hasta hoy en día para disgusto de los fumadores de todo el país. De facto, esto hace que toda una nación esté atravesando desde hace más de tres meses lo que pareciera ser el tratamiento para dejar de fumar más largo de la historia.

La industria tabacalera está en guerra, las organizaciones de defensa del consumidor afirman que se trata de una seria violación de los derechos personales y los economistas advierten acerca de grandes pérdidas en ingresos impositivos.

Muchos fumadores compran en el mercado negro reemplazos dudosos, como cigarrillos de rooibos. “Incluso intenté meter té verde en la pipa”, reconoce Philip Newmarch, de 75 años. Este hombre oriundo de Ciudad del Cabo comenzó a fumar a los 18 años y se quedó de repente sin cigarrillos cuando se le terminaron las reservas.

“Fumé el último cigarrillo de verdad a mediados de abril”, dice. La ministra correspondiente, Nkosazana Dlamini-Zuma, justificó la medida diciendo que los fumadores corren mayor riesgo de sufrir complicaciones por covid-19 y que por ello podría colapsar el sistema de salud.

A principios de junio, un tribunal determinó que la prohibición sobre el tabaco y medidas similares no tienen una relación racional con la posibilidad de limitar los casos de infecciones por covid-19.

Sin embargo, pocos días después, otro tribunal en Pretoria le dio la razón a la ministra y rechazó una demanda de los productores independientes de tabaco de la organización FITA.

“La prohibición continua para la venta legal de tabaco amenaza la supervivencia de la industria tabacalera”, advirtió Johnny Moloto. El gerente representa los intereses de la tabacalera British American Tobacco South Africa (BATSA), con una participación en el mercado del 78 por ciento, y con ello la mayor empresa del ramo en Sudáfrica.

Moloto menciona las consecuencias económicas y argumenta que el sector le entregó al fisco en 2019 alrededor de 13.000 millones de rand (unos 680 millones de euros/760 millones de dólares) en impuestos.

Su solicitud ante el tribunal para que eliminara la prohibición fue pospuesta sorprendentemente para principios de agosto. Lisa Williams, de 61 años, de Pretoria, y que fuma desde hace 20 años, no cree que la medida se levante rápidamente.

“Al principio tenía reservas para tres semanas, pero luego se acabaron”, afirma esta profesora de yoga. Por ahora, no debe lidiar con síntomas de abstinencia. Al igual que el resto de fumadores, descubrió el mercado negro.

Pocha Ngulube, de Johannesburgo, que compra sus cigarrillos de a uno, dice que allí se puede encontrar mucho tabaco fuerte de calidad dudosa. “Antes, uno costaba 3 rand”, explica. Hoy, cuenta, tuvo la suerte de conseguir uno a 5 rand.

Tshiloane también confirma que se pueden conseguir cigarrillos sin problemas. Sin embargo, los precios son altos. Si antes el cartón de cigarrillos de marca costaba 420 rand (21,50 euros), en el mercado negro piden por él ahora 650 rand (33,30 euros). “En el caso de los cigarrillos de marca, los precios llegan incluso hasta los 1.800 rand (92,20 euros)”, afirma Williams.

El autor Max Du Preez considera que la prohibición generó la mayor ola de crímenes en la historia de Sudáfrica si se tienen en cuenta las violaciones individuales de la ley. Señaló que millones de ciudadanos cruzaron por primera vez los límites.

“Hay miles de trabajos en peligro en la economía, mientras que la criminalidad se convirtió en la nueva normalidad”, se queja el gerente Moloto.

El Gobierno cree, en cambio, que el mercado negro compensa al menos en parte las consecuencias económicas negativas de la prohibición para el tabaco. Además, espera que alrededor del 10 por ciento de los fumadores dejen esta adicción. Con casi 10 millones de fumadores en el país, se trataría de un millón de fumadores menos.

Fue el caso de Susan Gordon. Hasta las limitaciones por la pandemia de coronavirus, era una gran fumadora. “Fumaba desde hace 33 años, pero con la ampliación de la prohibición entré en pánico”, explica esta mujer de 50 años de Johanneburgo.”Sabía que no iba a poder acumular cigarrillos suficientes y reduje enseguida drásticamente los cigarrillos que fumaba”, añade.

Cuando notó que podía vivir sin tanto tabaco, decidió ponerle fin a la adicción con ayuda médica. “De todas formas, sigo pensando que la prohibición es ridícula”, aclara.

La prohibición también muestra sus efectos entre los fanáticos de los también prohibidos cigarrillos electrónicos. Después de que el académico Salim Vally se hiciera al principio de reservas a través de fuentes dudosas, dejó de fumarlos hace tres semanas. “La prohibición sirvió para mí como un catalizador”, reconoció.

Por Ralf E. Krüger (dpa)