Exposición sobre la historia del capitalismo en Bonn

Bonn (dpa) – A primera vista podría ser el cuerpo exánime de King Kong después de haber caído del Empire State Building. O Gulliver, amarrado por los liliputienses. Tras una segunda mirada, sin embargo, queda claro que se trata de un gigantesco hombre mono que está siendo atacado por un ejército de personajes diminutos: la indefensa criatura es víctima de la sobreexplotación.

El artista Matthias Böhler durante el montaje de su obra “Give us, dear”, que representa la explotación de la naturaleza. Foto: Oliver Berg/dpa

Al igual que los parásitos, los minihumanos extraen su sangre, le afeitan el pelaje, bombean el fluido de los globos oculares con mangueras y desaparecen con ellas en un agujero de la pared. Con esta drástica instalación, los artistas Matthias Böhler y Christian Orendt representan la explotación de la naturaleza.

La instalación es parte de una gran muestra en torno al capitalismo que tiene lugar en el museo Bundeskunsthalle de la ciudad alemana de Bonn: sin duda, un proyecto muy ambicioso que abarca un tema sumamente complejo. Sin embargo, el experimento puede ser descrito como exitoso, aun cuando sólo unos pocos de los 250 objetos expuestos son tan apasionantes como la instalación del cuerpo del mono saqueado.

El atractivo reside en el hecho de que, bajo términos genéricos como “individualización”, “acumulación” o “racionalización”, las obras de arte, los artefactos históricos y los documentos están vinculados a objetos cotidianos.

La exposición comienza con un voluminoso libro de contabilidad de la Edad Media, proveniente de Génova, que muestra el sistema de partida doble de un comerciante: un nuevo y revolucionario principio de la época, prácticamente inalterado hasta hoy, que sistematizó la contabilidad y contribuyó de manera significativa a que los prestamistas se involucraran en emprendimientos de más largo plazo.

La contabilidad como constructo de la racionalidad, métodos repetibles en lugar de improvisación: “Max Weber sostuvo hace cien años que todo el capitalismo se basa en el racionalismo de Europa Occidental”, explica Wolfger Stumpfe, curador de la exposición.

Otro tesoro de la muestra es el archivo de catastro más antiguo de Alemania, un registro de propiedad de Colonia que data de 1140: “En este libro se registraron por primera vez las ventas de propiedades”, explica Stumpfe. El pergamino enumera claramente quién era dueño de qué y en qué calle del territorio de la parroquia de San Lorenzo.

La introducción de relojes como herramienta para medir el tiempo de trabajo también fue un hito importante. Durante mucho tiempo, estos solo existían en las torres de iglesias, pero en el siglo XVI se introdujeron relojes de mesa para los escritorios de los comerciantes. Al principio sólo tenían una manecilla: bastaba con saber la hora aproximadamente. En el siglo XVII se añadió el minutero.

Un modelo de filigrana de las instalaciones de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC), del Museo Nacional de Ámsterdam (Rijksmuseum), representa la innovación como motor del capitalismo: la VOC fue la primera empresa de la historia en organizarse como sociedad anónima y, por lo tanto, pudo acumular mucho más capital que sus competidores, el reino de Portugal y la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Esto le aseguró una posición dominante en el sudeste asiático durante casi 150 años, con dividendos anuales de hasta el 60 por ciento. El principio no tardó en extenderse por todo el mundo.

Los organizadores de la exposición quieren involucrar a los visitantes con los componentes de la misma. Estos pueden, por ejemplo, levantar un pesado lingote de oro que vale decenas de miles de euros. O detenerse frente a un pequeño cuadro cuyo valor aumenta cuanto más se lo contempla: tal como es en realidad, ya que, cuanta más atención recibe una obra, más alto es el precio que se puede pedir por ella.

El tema del derroche y el lujo ocupa mucho espacio. En los países ricos, el capitalismo no sólo ha cubierto durante mucho tiempo las necesidades básicas, sino que, para garantizar el crecimiento económico, despierta constantemente nuevos deseos en los consumidores.

Un ejemplo de esto es el mercado de los teléfonos móviles: la muestra exhibe un antiguo modelo con teclado que perteneció a la canciller alemana Angela Merkel y que hoy en día se consideraría casi como una antigüedad.

Por Christoph Driessen (dpa)