Euforia sin pantalones en el metro de Nueva York

EUFORIA_SIN_PANTALON_36923935NUEVA YORK (dpa) – Después de la tormenta, es momento de quitarse los pantalones. O eso habrán pensado los más de 4.000 atrevidos que el pasado domingo 12 de enero participaron en una nueva edición del Día sin pantalones (No pants Subway Ride) en la ciudad de Nueva York.

Apenas unos días después de que el famoso vórtice polar sumiera a buena parte de Estados Unidos, incluida Nueva York, en las temperaturas más bajas de los últimos 20 años, y con los últimos restos de nieve aún amontonados en las aceras, el día en ropa interior por el metro de la Gran Manzana cobró, si cabe, tintes aún más estrafalarios.

Este movimiento de diversión a base de aligerar la indumentaria en pleno mes de enero tiene su orígenes en el año 2002, cuando siete amigos decidieron desafiar al frío de Nueva York y a las miradas de sorpresa de los viajeros del metro quitándose los pantalones en pleno vagón.

Desde entonces, 13 ediciones más tarde, aquel gesto se ha convertido en el Día Mundial Sin Pantalones en el metro, celebrado en las redes de transporte subterráneo de más de 60 ciudades en unos 25 países de todo el mundo.

Las instrucciones son claras. Los participantes se reúnen en cinco puntos concretos de la ciudad y desde allí se organizan en grupos, tantos como número de vagones tiene un tren de metro. El objetivo es ocupar el subterráneo en toda su extensión. Una vez dentro, cuando el tren comienza a andar, los jóvenes y no tan jóvenes se quitan los pantalones, se quedan en ropa interior y continúan con sus tareas habituales: leer un libro, consultar su teléfono móvil o escuchar música.

Se busca así el efecto sorpresa con el resto de los viajeros, que observan asombrados como como gorros, guantes o bufanda permanecen en su lugar mientras los pantalones dejan de hacer su función para mostrar las piernas de estos intrépidos neoyorquinos.

“Llevo 4 años participando como voluntario en este evento y cada vez viene más gente”, afirma Simon, uno de los coordinadores de grupo en el vagón 4 de la línea F del metro de Nueva York, y que luce una impecable camisa a cuadros, pañuelo en la solapa, bigote a lo Dalí y sombrero de época.

Es el primero en lucir ropa interior de todo el vagón y su figura resulta aún más extravagante que la del resto de personas que le siguen los pasos. “Desde que participé en 2010 no me conformo con hacerlo una vez al año, y todos los domingos, si tomo el metro, me quito los pantalones dentro del vagón. Es una forma de liberación y además, creo que tengo unas piernas bonitas”, asegura.

A la misma liberación se refieren Karen, una vecina del barrio de Queens más cerca de los 60 que de los 50 años, y que está eufórica por su primera participación en el día sin pantalones en el metro. “No me hubiera imaginado a mí misma haciendo esto hace unos años, pero ahora he decidido vivir la vida al máximo y sentir el cuantas más emociones mejor”, grita al tiempo que las puertas de un vagón repleto de gente en ropa interior se cierran.

No falta la representación latina. Miranda y Cristina son dos jóvenes argentinas cuyos ojos brillan de la emoción antes de participar en esta variopinta actividad. Sorprendidas por la cantidad de personas que acuden al evento, aseguran que “en Buenos Aíres también se celebra, pero con mucha menos gente”. “Además – reconocen- allí están nuestros novios y la cosa sería diferente”.

Julieta y Mario son un matrimonio mexicano cuya principal motivación es la de “hacer todas aquellas cosas extravagantes que Nueva York ofrece y que parece que sólo se pueden hacer aquí”, y se refieren, en concreto, al Santacon (una celebración navideña consistente en disfrazarse de Santa Claus y recorrer las calles de bar en bar) o la guerra de almohadas (en la que anualmente miles de personas se encuentran en una plaza para liberar tensiones a base de golpes de cojines), además de este día sin pantalones en el metro.

Al lado de la ropa interior en plena exhibición, como espectadores de lujo, los pasajeros a quienes este día se cruza por sorpresa. A las caras de asombro les suelen acompañar las risas y el aluvión de fotografías. No falta quien se lamenta por no haber conocido la existencia de este evento antes y quien, al darse cuenta de que no es tarde para participar, se suma al resto de exhibicionistas con el sencillo gesto de quitarse los pantalones o la falda en medio del vagón.

Sin embargo, la iniciativa no el del gusto de todos. A la altura de la parada West 4, una de las más concurridas del metro de Nueva York, un judío ortodoxo comienza a increpar a un grupo de jóvenes que se habían despojado de sus pantalones, y les acusa de “masturbarse en público”.

En un día como hoy, la opción de bajarse del metro para esperar el siguiente no parece la más conveniente, pues el andén parece la pasarela de un desfile de ropa interior y el próximo tren en llegar, minutos después, está tan lleno como el anterior de improvisados modelos de bragas y slips. Finalmente, aquellos ofendidos por la exhibición de tanto muslo no tienen más remedio que salir a la calle y continuar el viaje a pie.

El fin de fiesta tiene lugar en la emblemática parada de Union Square, el lugar donde los diversos participantes provenientes de diferentes barrios de la ciudad se encuentran. Por unos momentos, el vestíbulo y los pasillos de esta estación se convierten en un excéntrico y entretenido espectáculo de los más variados personajes de la ciudad, de los que pareciera que la ausencia de pantalones es su característica menos llamativa: abuelos disfrazados de Papa Noel, estudiantes chinas salidas de un cómic manga, afroamericanos con mensajes apelativos bordados en sus mini-slips, cantautores espontáneos con guitarra sobre sus desnudas extremidades inferiores y punkies con cresta de los mismos colores que sus calzoncillos.

Todo ellos, bajo la atenta mirada de la policía de la ciudad, que no pierde la sonrisa pese a negarse infinidad de veces a fotografiarse con gente que muestra su ropa interior. A las 17:30, la hora prevista, los agentes desalojan la estación y es entonces cuando la fiesta, la música y sobre todo la euforia exhibicionista se traslada a la plaza de Union Square. En estos momentos, la mayoría ya está pensando en qué prenda interior lucirán en la edición del año que viene.

Por Sergio Rozalén

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