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Entrevistas

Entrevista con el Lama, Thubten Wangchen

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5817324wMadrid, 27 dic (EFE).- Con tan solo cuatro años Thubten Wangchen salió del Tíbet atravesando las montañas y dejando atrás a su madre muerta, una de las víctimas de la invasión china del lugar que le vio nacer.

Medio siglo después, el lama que se atrevió a querellarse en la Audiencia Nacional contra dirigentes chinos por genocidio cuenta a Efe su historia desde su Fundación Casa del Tíbet en España, país que le acogió en 1981 y le ha dado la nacionalidad.

De ella se valió para denunciar en 2005 unos crímenes que, ocho años después, han tenido su reconocimiento judicial en la orden de búsqueda y captura cursada el pasado octubre por el juez Ismael Moreno contra el expresidente de ese país Jiang Zemin y otros cuatro exdirigentes.

Pregunta: ¿Qué recuerdos le quedan del Tíbet?

Respuesta: Era muy pequeño, sólo tengo recuerdos de uniformes militares chinos, de miedo. Mi madre fue víctima de la invasión, y mi padre y mis hermanos nos exiliamos porque lo más seguro era salir.

De allí, la familia huyó a Nepal, donde tuvieron que mendigar dos años en las calles de Katmandú, y luego a India, país que les acogió y les dio educación.

En Daramsala, Wangchen entró en un monasterio y compartió allí varios años con el Dalai Lama. Hoy ha visto culminar su lucha con esta orden de arresto, pero asegura que si China se sienta a negociar estaría dispuesto a retirar la querella por crímenes de lesa humanidad.

P: ¿Cómo surgió la idea ir a la Audiencia Nacional?

R: La querella contra el gobierno chino responde a que, sabiendo que el Tíbet sufrió mucho y todavía sufre, el mundo calla ante la represión, los encarcelamientos, desaparecidos y muertos. La idea surgió por el caso Pinochet. Baltasar Garzón nos ayudó a presentarla, aunque el proceso ha sido muy lento. ¿Por qué? Porque nadie se atreve a decir la verdad ni ir contra la potente China.

P: ¿Confían en la justicia española?

R: Hasta ahora ningún país lo había hecho. Los tibetanos agradecemos mucho a los jueces su decisión de coraje, con la verdad y la justicia por delante y a pesar de las presiones del Gobierno chino al gobierno de España.

P: ¿Muchas injerencias políticas?

R: Sí, después de las órdenes de detención el Gobierno chino se puso muy furioso, se enfadó mucho con España. Seguro que Rajoy no está muy contento, reciben mucha presión, pero nuestra intención no es que haya malas relaciones diplomáticas, sino que se sepa el problema porque el Gobierno chino miente diciendo que los tibetanos ahora viven mejor que antes. Pero tenemos una justicia de verdad y ahora los jueces valoran más la verdad que los cuentos chinos.

P: ¿Hasta dónde cree que va a llegar el proceso?

R: El poder de la verdad y de la justicia nunca va a desaparecer, en el budismo hablamos de la ley de causa y efecto, del karma. Si los chinos han hecho algo mal recibirán su factura negativa.

P: ¿Ha cambiado la situación con el nuevo Gobierno chino?

R: Cuando llegó al poder el nuevo presidente, Xi Jinping, teníamos la esperanza de que fuera a mejor, pero todavía hay problemas, en todos los monasterios hay militares disfrazados de monjes espiando. Todas las calles tienen cámaras vigilando y controlan si los tibetanos tienen en sus móviles fotos del Dalai Lama o banderas del Tíbet. Aunque hemos esperado algo positivo, en un año no ha habido ningún cambio.

P: ¿Retirarían la querella si hay acuerdo?

R: Sí. Y ahora es el momento de negociar. El Gobierno chino está destruyendo el medio ambiente explotando minas, depositando basura nuclear, contaminando ríos… Si pasan diez años más no quedará ninguna identidad ni cultura del Tíbet.

P: ¿Puede un religioso ganar el pulso a uno de los regímenes más poderosos del mundo?

R: No lo he hecho sólo para mí, sino para seis millones de tibetanos que viven sufriendo en el Tíbet. Los jueces y la comunidad internacional tienen que abrir la boca, el silencio es muy peligroso. Hemos contado la verdad y ahora parece que está dando sus frutos. Los tibetanos tienen una esperanza.

P: ¿Cuáles son sus armas?

R: Nuestra arma no es ni el cañón ni los tanques, nuestra única arma es la verdad y la no violencia, el camino pacífico, seguimos a Gandi y a Nelson Mandela. El Dalai Lama siempre dice que no hay que odiar a los chinos, quiere negociar y dialogar, queremos una solución.

P: ¿Por dónde pasa esa solución?

S: Simplemente escoger una fecha y un lugar para negociar. Los chinos y los tibetanos quieren vivir en paz. No estamos pidiendo la independencia del Tíbet, pedimos autonomía, pero China no confía en el Dalai Lama, un Nobel de la Paz, una persona honesta y humilde, el símbolo de la paz.

María Traspaderne

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