Entrevista con el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade

Remodelación del Museo Arqueológico NacionalMADRID (dpa) – Actualizar un museo del siglo XIX al siglo XXI: ese era el reto al que se sometió el Museo Arqueológico Nacional (MAN), que el martes reabrió sus puertas al público con una enorme acogida. Según fuentes de la institución, unas 5.100 personas se embarcaron en el recorrido por la historia de España y sus diferentes culturas que alberga este flamante edificio en la “milla de oro” de Madrid.

El arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, responsable tanto de la reforma arquitectónica como museográfica, cuenta en entrevista con dpa cuáles fueron los principales retos en los seis años que duraron las obras, qué es lo que le espera al visitante y por qué el MAN es “el mejor museo de Europa” en su categoría.

dpa: Cuando en 2006 su equipo ganó el concurso para reformar el museo, y en 2010 la museografía, ¿cómo era el MAN que encontraron?

Frade: En la reforma arquitectónica, el mayor reto fue actualizar un edificio del siglo XIX en un museo que responda a las necesidades de hoy en día, que son muchas. Un museo requiere unas instalaciones muy agresivas para un edificio protegido: climatización, iluminación, seguridad, circulación… Cuando tienes un edificio que proteger, manteniendo el sabor del arquitecto original pero incorporando tecnología puntera, se produce un choque. Ese fue el mayor reto: conseguir ese equilibrio y no dejar un sello de autor muy marcado. Que si Francisco Jareño volviera lo siguiera viendo como su edificio, pero vivo.

En cuanto a la museografía, era un museo rancio, absolutamente desordenado. La museografía ha cambiado muchísimo y en España somos punteros. Desde los años 70-80, las piezas están al servicio de un discurso, y en este caso cuentan la historia de España desde antes de que existiera España. Nos encontramos con un museo muy anticuado, aburrido, muy de especialista, y lo hemos convertido en un museo en el que todos los visitantes sienten como si estuviera hecho a su medida, del arqueólogo al niño o el turista, y puntero en la accesibilidad.

Remodelación del Museo Arqueológico Nacionaldpa: Entre los elementos más aplaudidos de la reforma figuran la recuperación de los patios y la luz natural. ¿Dónde estaban esos patios?

Frade: Hemos recuperado la luz natural y además creo que también en sentido metafórico, porque el MAN era un tanto lúgubre y oscuro. Jareño proyectó el museo con unos patios cubiertos, pero sus cubiertas fueron desmontadas en los años 50 y ese espacio se perdió entre salita y salita. Hemos recuperado la tipología del edificio original con una montera de cristal moderna y, con ello, aumentamos mucho la superficie de exposición. Creo que estos patios simétricos son uno de los mayores hallazgos, elemento vertebrador del museo.

dpa: Además, el usuario ha salido ganando.

Frade: Cuando desarrollas un museo tienes que cumplir unas exigencias de accesibilidad, que tenga biblioteca y salón de actos, servicios como sala de lactancia o recorrido tecnológico para ciegos. Este museo cumple con todo lo que tienen los últimos museos inaugurados en el mundo más lo que ha ido surgiendo desde entonces. Y, sin pasarme, creo que puede ser el mejor museo de Europa, no sólo por las colecciones -que también son muy buenas- sino como institución: un organismo vivo agradable de ver, en el que la tecnología se fusiona bien con las colecciones sin ser la protagonista. El visitante se va a sorprender, pero sin descubrir lo complicada que ha sido la obra.

dpa: ¿Al acometer la reforma, qué vigencia temporal se plantearon?

Frade: Hemos intentado que no sea un museo de usar y tirar. Aunque formalmente responda a estos años, no va a pasar de moda, porque no nos hemos pasado en recursos estilísticos de hoy. Es como una canción que no es el hit del verano, sino que cada vez descubres algo nuevo. Hay pocos materiales, madera y mármol travertino principalmente, con un lenguaje contemporáneo pero sin alardes extravagantes. Por eso creo que va a resistir muy bien el paso del tiempo. Siempre se habla de que un museo debe aguantar al menos una generación, 40 años, y creo que éste puede aguantar más.

dpa: ¿Cómo ha evolucionado la museografía en las últimas décadas?

Frade: A mí me gustan mucho los museos del siglo XIX, ese aire romántico que emocionaba, y se ha tendido a barrer mucho con ellos para incorporar tecnología. Creo que tenemos que recuperar la emoción de esos museos con la tecnología que nos ofrece la ciencia hoy. Por otro lado, desde que apareció la figura del comisario, las colecciones están al servicio de un guión. Y en un museo arqueológico la explicación y contextualización es mucho más importante que en una pinacoteca. En España se nota mucho este cambio desde los años 80.

dpa: ¿Cómo se ha construido el discurso narrativo?

Frade: En rehabilitación, la función debe servir a la forma, adaptar el discurso según el espacio. Hay cuatro o cinco puntos muy señalados desde el punto de vista de arquitectura dentro de arquitectura, empezando como es lógico por la Dama de Elche, que es la única pieza en la que aparece un fondo rojo almagro (inspirado en el ajedrezado de la Dama de Baza). Y luego está la sala de arte islámico, que para mí es la más singular: con una maqueta de la mezquita de Córdoba que estaba arrinconada se crea un falso techo formando un rincón muy especial. Hay que generar ambientes para que el visitante disfrute y todo fluya.

dpa: Hay, además, una apuesta por lo audiovisual como herramienta.

Frade: Sí, en la entrada hay un mapping muy espectacular sobre la arqueología y cómo se ha integrado el hombre con el medio en el que se encontraba. Y luego hay una maqueta muy didáctica con todas las culturas que han pasado por España y en la introducción de cada área, un prólogo a modo de vídeo en el que hemos contado con los mejores profesionales, entre otros los equipos que participaron en películas como “Ágora” o “Lo imposible”. Hay muchas lecturas, se puede hacer una visita de una hora, diez o diez días.

dpa: Todo ello con un presupuesto de 65 millones de euros (89.600 millones de dólares).

Frade: La obra fueron 32 millones de euros y son 30.000 metros cuadrados, el metro cuadrado sale lo que remodelar una casa. Y la museografía, comparado con lo que se gasta en el extranjero, ha sido un regalo. La relación euro/metro cuadrado es increíble y, con la crisis entre medias, no podíamos desviarnos ni un euro. Estamos muy por debajo del presupuesto con el que el Ministerio había sacado el concurso de la reforma arquitectónica. El Reina Sofía fueron 32.700 euros/metro cuadrado, el Neues Museum de Berlín 14.400 y éste 2.200.

dpa: Con todo, en estos tiempos de crisis, parece difícil que algo así se vuelva a repetir.

Frade: Sí, haber inaugurado este museo, pasando la crisis y con la complejidad que tiene lo veo como un milagro. Hace unos años creo que nadie lo hubiera pensado. Ahora mismo, desde el punto de vista de proyectos culturales, salen muy poquitos concursos. De esta envergadura sería imposible. Después del Prado y el Reina Sofía, esta es la última institución importante que faltaba por remodelar.

Por Elena Box y Marta Rodríguez