El Tirano de Miraflores y la complicidad internacional


Venezuela se desmorona ante los ojos de todos. Pareciera que se tratase de un episodio sangriento de Los Juegos del Hambre transmitido en HD, y mientras eso ocurre, hay cientos de espectadores observando los toros desde la barrera con un tarro de palomitas de maíz y una Coca-Cola bien helada.

Muchos se preguntan: ¿Realmente la comunidad internacional hace lo suficiente por denunciar la crisis socio-económica y política que atraviesa Venezuela? O por el contrario, se evidencia un silencio abrumador, un tanto cómplice, que aturde la consciencia de los políticos y de las organizaciones internacionales que tienen en sus manos el poder de “hacer algo”.

Es una pregunta difícil de responder, con muchas variables y dimensiones. Sin embargo, para nadie es un secreto que Venezuela ha sido siempre un país “atractivo” para los ojos de todos, principalmente por el potencial de sus riquezas y recursos abundantes como el petróleo.

Se sabe que existe un “conflicto de intereses” a nivel político cuando para obtener beneficios individuales se toman decisiones basadas, no en el bien común, sino en el beneficio propio. Tomar decisiones sobre la base de la individualidad afecta la imparcialidad y la igualdad de oportunidades.

En Venezuela, hace veinte años con la llegada del ahora fallecido ex presidente Hugo Chávez Frías se marcó el inicio de un proceso desgastante, doloroso y perturbador para los venezolanos. Un proceso que acabaría destrozando ese país maravilloso que en los años setenta y hasta hace sólo diez años era todavía uno de los territorios más poderosos de Latinoamérica. En el año 2004 Venezuela experimentó un crecimiento del 17% del Producto Interno Bruto (PIB), uno de los más altos del mundo, de acuerdo con información suministrada por el Fondo Monetario Internacional.

Pero ahora, Venezuela no sólo tiene uno de los PIB más bajos del mundo si no que cuenta con una economía totalmente destrozada y con la inflación más alta de su historia. El Fondo Monetario Internacional publicó recientemente entre sus estimaciones para crecimiento económico e inflación del 2018 que la inflación en Venezuela se disparará a un millón por ciento para fines de este año, lo que indicaría que la situación de Venezuela es similar a la de Alemania en 1923 o Zimbabue a fines de la década de 2000.

No obstante, lo más grave de todo esto son las consecuencias que ha traído para los venezolanos el hecho de tener una economía en ruinas. La escasez de productos de primera necesidad, los precios exorbitantes de las pocas cosas que se consiguen y la situación de inseguridad desbordada en la que un venezolano es asesinado hasta por una bolsa de comida, son algunas de las situaciones que deberían despertar la alarma internacional. Sin embargo, Venezuela se sigue hundiendo y la comunidad internacional mantiene su posición “reservada” ante la nefasta crisis humanitaria que padecen millones de ciudadanos de ese país.

Esto sin mencionar que el actual presidente de la nación, Nicolás Maduro Moros, se auto proclamó ganador en las elecciones presidenciales fraudulentas e ilegales que se llevaron a cabo hace tan solo unos meses atrás. Con esta estafa electoral, la pesadilla que vive Venezuela se extiende por lo menos hasta el 2025.

Ha habido más de 5000 muertos en protestas y manifestaciones en contra del gobierno venezolano durante los últimos 15 años. Sin contar que según un reporte publicado por el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas de Venezuela sólo en el año 2017 se contabilizaron 7.783 fallecidos por homicidio en el país. Estas cifras son espeluznantes, pero más espeluznante aún es el mutismo, la hipocresía y la excesiva diplomacia con la que se aborda la situación a nivel internacional.

En el plano internacional su verdadera “política” es la extensión de la política nacional: utilizar los recursos y las instituciones para sus fines privados, dejando de lado a los ciudadanos, a quienes menosprecia.

Así que las verdaderas preguntas que se deben resaltar en este punto son: ¿Venezuela debe ahora esperar por una intervención militar por parte de Estados Unidos? ¿Venezuela debe esperar a que el Papa Francisco, como máxima autoridad de la iglesia, se pronuncie en contra de la narco dictadura de Maduro? Y por último, ¿Venezuela debe esperar por una solución proveniente de fuera?

Ante estos cuestionamientos, y sin poner en duda la poca solidaridad que han tenido algunos países con Venezuela, la respuesta es no.

No se puede contar con la comunidad internacional para salir de la dictadura venezolana. A lo largo de la historia, ha quedado demostrado en diversas oportunidades que son los ciudadanos y sólo los ciudadanos de un país quienes acaban con este tipo de regímenes totalitarios.

Por lo tanto, los venezolanos deben asumir que no pueden esperar por un “mesías” para que la situación de su país se resuelva, y mucho menos uno de fuera. El día que esta pesadilla que vive el pueblo venezolano termine, será porque sus ciudadanos así lo decidieron. No habrá fórmulas mágicas, ni salidas rápidas, será un proceso extenuante y agotador, pero será posible. No hay dictadura que resista a un pueblo realmente enfadado.

No lo logró Pinochet en Chile, ni Juan Domingo Perón en Argentina, y tampoco lo logrará Nicolás Maduro. Se trata más bien de no rendirse, se trata más bien de “coger el toro por los cuernos”, olvidarse de los factores externos y presionar internamente sin descanso hasta lograr vencer al tirano de Miraflores y a su cópula de amigos opresores.

Soraya A.P