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El satélite “Sentinel-6”, un paso clave para monitorear los mares

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La ilustración de la NASA muestra el satélite de observación terrestre “Sentinel-6 Michael Freilich” con los paneles solares desplegados. Foto: NASA/dpa/Archivbild

(dpa) – El aumento del nivel del mar y el deshielo son una de las mayores amenazas que plantea el cambio climático, con consecuencias que podrían ser devastadoras.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) estima que si el cambio climático continúa sin disminuir, el nivel del mar podría subir más de un metro a finales de siglo.

En ese caso, muchas ciudades costeras podrían quedar bajo el agua, los huracanes y las mareas podrían sumar una mayor fuerza destructiva y una gran cantidad de islas paradisíacas se hundirían en el mar.

Es probable que esto se convierta en un problema no solo para las Maldivas en el Océano Índico, cuyo punto más alto mide poco más de dos metros. Las costas de Europa también están en peligro.

Para medir y cartografiar el aumento del nivel del mar, los científicos utilizarán un nuevo satélite de observación de la Tierra para supervisar con mayor precisión los océanos desde el espacio.

El satélite “Sentinel-6 Michael Freilich” escaneará durante diez días el 95 por ciento de la superficie marina desde una altitud de más de 1.300 kilómetros y con una precisión de menos de un milímetro.

Desde hace varias décadas se lanzan al espacio los satélites de observación de la Tierra.

Según Josef Aschbacher, director de los Programas de Observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA), en el caso del “Sentinel-6 Michael Freilich” se ha incorporado un nuevo radar, que podrá medir con aún más exactitud el aumento del nivel del mar.

En el marco del programa europeo de observación de la Tierra Copérnico, el satélite será controlado en un nuevo centro de última generación de la agencia de satélites meteorológicos de Europa, Eumetsat, en la ciudad alemana de Darmstadt.

Muchos expertos se unieron para crear este dispositivo altamente tecnológico, cuya forma se asemeja a una casa de muñecas de enormes dimensiones. La misión es una cooperación entre el Esa, la agencia espacial de Estados Unidos (NASA), la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat) y la agencia meteorológica y oceanográfica de Estados Unidos (NOAA).

El “Sentinel-6 Michael H. Freilich”, que lleva el nombre del recientemente fallecido ex director del Departamento de Observación de la Tierra de la NASA, es el primero de dos satélites idénticos que se lanzarán al espacio.

Inicialmente estaba programado para ser lanzado el 10 de noviembre desde la base aérea de Vandenberg, en California. Sin embargo, el lanzamiento fue pospuesto al 21 de noviembre debido a una nueva verificación de los motores del vehículo de lanzamiento. El segundo satélite idéntico se lanzará en cinco años y medio.

Según Aschbacher, el proyecto ha costado a los organismos estadounidenses y europeos unos 400 millones de euros (471 millones de dólares), respectivamente.

El radar del satélite emite impulsos que se reflejan en la superficie del mar y luego vuelven al emisor.

“Por el momento, nadie puede hacer nada con los datos, ya que hay que convertirlos en una medición de distancia de alta precisión”, apunta el jefe del programa de satélites en el centro de control de Darmstadt, Manfred Lugert. El científico remarca que la localización exacta en órbita es el gran desafío de la misión.

Lugert explica que la misión es registrar y analizar por ejemplo las variaciones del mar, la altura de las olas, las corrientes marinas o la influencia de los fenómenos meteorológicos como El Niño.

Hay dos sistemas de navegación independientes a bordo para determinar la posición, y la órbita del satélite se mide regularmente con un láser.

Según Aschbacher, las conclusiones sobre la densidad y el grosor del hielo también se pueden sacar conjuntamente con otros satélites. Esto es importante, tal como quedó demostrado por ejemplo con el derretimiento del hielo de Groenlandia, que se ha triplicado desde la década de 1990.

“Actualmente recibimos una medición global cada diez días, en otras palabras, una imagen de la situación. El satélite proporciona datos que nunca antes habían estado disponibles con tanta precisión, resalta Aschbacher. Esto complementará la vigilancia del planeta desde el espacio, agrega.

Hay varios cientos de satélites actualmente en órbita monitoreando la Tierra. Aschbacher comenta que los europeos llevan la delantera porque abarcan todo, desde la ciencia hasta el pronóstico del tiempo y la protección civil.

“Pero aún queda mucho por hacer, ya que hay parámetros que deben ser medidos con más precisión. Uno de los mayores desafíos es medir con mayor exactitud el dióxido de carbono (CO2), causante de los gases de efecto invernadero”, remarca.

De acuerdo con Aschbacher, la medición del CO2 aún no es lo suficientemente precisa y también falta cubrir una mayor superficie. Por lo tanto, espera que un futuro se cuente con un sistema de satélites que mida todos esos parámetros, que luego podrán vincularse y conectarse a la inteligencia artificial.

Finalmente, el análisis de los datos permitirá hacer predicciones y simulaciones reales sobre el sistema terrestre, por ejemplo, determinar cuán alto sería el aumento del nivel del mar en diferentes escenarios de temperatura.

Por Oliver Pietschmann (dpa)

 

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