El plan migratorio de Merkel no convence


Berlín, 4 jul (dpa) – El polémico plan migratorio acordado por la canciller Angela Merkel con su socio bávaro continúa caldeando los ánimos en Alemania a la espera de que este jueves tres reuniones consideradas clave consigan rebajar la tensión en el seno del Gobierno coalición en Berlín y en varios países de Europa.

«Necesitamos respuestas que se ajusten a nuestros valores, respuestas que sean consistentes en el ámbito jurídico y que sean realistas», señaló hoy la mandataria en el Parlamento en una alocución en la que llegó a vincular la existencia de la Unión Europea (UE) a la manera en que los estados miembro afronten el desafío de la migración.

Merkel pudo haber pecado, sin embargo, de no aplicar su propia medicina, a tenor de los resultados que le está deparando un pacto sellado a contrarreloj en la noche del lunes como solución de emergencia para salvar su Gobierno.

Su compromiso de crear centros de tránsito cerrados en la frontera con Austria, en los que permanecerían los peticionarios de asilo hasta que se resuelvan sus expedientes o se tramita su expulsión al país europeo en el que se registraron al pisar territorio comunitario, amenaza con convertirse en una gran pesadilla.

A los reparos expresados por el Ejecutivo de Austria, que se vería directamente afectado por la medida, se suman los del Partido Socialdemócrata (SPD), socio menor en el Gobierno que rechaza dar su apoyo a un proyecto migratorio que no está recogido en el acuerdo de coalición.

«Este plan supondría la instauración de controles permanentes y nacionales en la frontera alemana. Estos no son compatibles con el derecho europeo y no lo desea nadie, ni las empresas de Baviera ni quienes atraviesan la frontera todos los días», criticó la ministra de Justicia alemana, la socialdemócrata Katarina Barley.

En aras de acercar posturas y conocer más detalles sobre el nuevo plan migratorio, el SPD se reunirá este jueves por la tarde con el bloque conservador que comanda Merkel.

Por el momento, desde la formación de la canciller intentan enfrentar los reparos insistiendo en que los edificios no estarán clausurados, sino que tendrán siempre las puertas abiertas en dirección a Austria para que los migrantes puedan emprender su regreso siempre que lo deseen.

Además, según explicó la dirigente germana, los peticionarios de asilo pasarían en su interior un máximo de dos días para ser posteriormente derivados a albergues comunes.

Antes de sentarse a la mesa con sus socios de Gobierno, Merkel recibirá en la cancillería de Berlín a una una de las voces más críticas con su política migratoria, el primer ministro de Hungría, Viktor Orban.

En declaraciones publicadas hoy por el diario «Bild», Orban avanzó un tímido acercamiento con la mandataria al dejar entrever que está dispuesto a cerrar un acuerdo bilateral con Berlín de devolución de migrantes, siempre que antes se suscribiese otro similar entre Alemania y Austria.

El tercer encuentro clave del jueves podría abrir precisamente una puerta en este sentido. En Viena, el ministro del Interior de Alemania, Horst Seehofer, intentará convencer al canciller austríaco Sebastian Kurz para que respalde su proyecto de crear centros migratorios en zonas limítrofes de ambos países.

Hasta ahora, el joven político conservador se ha mostrado reticente y ha recalcado no estar dispuesto a «alcanzar ningún acuerdo que perjudique a Austria».

Cuatro meses después de asumir su cuarto mandato consecutivo, la dirigente alemana atraviesa por momentos bajos. En las últimas semanas se ha acostumbrado a coleccionar desastres y todos ellos tienen un denominador común: la política de refugiados.

A los temblores registrados en Berlín, que con un ultimátum de por medio llegaron a tambalear el Gobierno, se podría sumar ahora un terremoto de mayor magnitud en el resto del bloque. Porque la decisión de instalar centros migratorios fronterizos tiene capacidad para generar un efecto dominó en la UE, aprovechando el auge de los partidos de ultraderecha y la llegada al poder de políticos euroescépticos en países como Italia.

Por María Prieto (dpa)