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El largo camino de la Academia Sueca para salir de la crisis

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Foto: Kay Nietfeld/dpa

Estocolmo (dpa) – Hacia fines de 2019, en la semana anterior a los festejos y ceremonias en torno a la entrega de los Premios Nobel, todo parecía haber vuelto a la normalidad en la Academia Sueca, entidad sacudida por el escándalo que llevó a la suspensión de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 2018.

La institución celebra sus reuniones y anuncia el nombre de los laureados en el edificio de la antigua Bolsa —en sueco Börshuset— que posee en el centro histórico de Estocolmo.

Bajo enormes candelabros, la recién designada del postergado galardón de 2018, la polaca Olga Tokarczuk, responde pacientemente a las preguntas de los periodistas en la rueda de prensa anterior a la semana Nobel.

La escritora habla sobre sus obras, su país natal y sobre el orgullo de ser honrada con el premio como la mujer número 15 y 110 años después de la sueca Selma Lagerlöf, la primera mujer en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1909.

Tokarczuk es una excelente y encantadora merecedora del premio. El público asiente ante cada una de sus palabras. La atmósfera se podría describir como agradable. Y, sin embargo, a pesar de todos los intentos de la Academia de funcionar con normalidad, ya nada es igual.

La gran novedad, por ejemplo, es que el Nobel de Literatura se entregó en esta última edición por partida doble: después de Tokarczuk, un segundo galardonado continúa respondiendo las preguntas de los periodistas. Se trata del escritor austriaco Peter Handke, laureado con el Premio Nobel de 2019.

En el día de su 77 cumpleaños, Peter Handke se enfrenta a repetidas preguntas sobre su controvertida posición en el conflicto yugoslavo. En un principio parece confundido, luego reacciona irritado diciendo que prefería el rollo de papel higiénico que alguien le había enviado anónimamente a tener que responder a las preguntas vacías de los periodistas, y es así como la Academia termina el año con una nueva crisis.

Y eso que la prestigiosa institución había comenzado el 2019 con la promesa de iniciar un amplio proceso de renovación tras las denuncias de acoso sexual contra el fotógrafo y dramaturgo francés Jean-Claude Arnault, marido de Katarina Frostenson, en aquel momento una de los 18 miembros de la Academia.

“El trabajo de reestructuración continúa, y ahora soy responsable de hacerlo lo mejor posible”, explicó el nuevo secretario permanente de la Academia, Mats Malm, antes de asumir su nuevo cargo el 1 de junio.

De hecho, 2019 no fue un mal año: mientras que otros miembros regresaron, Katarina Frostenson dejó la Academia, de la que era miembro desde 1992. En su última sesión del año, la institución nombró a cuatro nuevos miembros, tantos a la vez como no habían sido admitidos desde 1786, todas ellas mujeres.

Una de ellas, Åsa Wikforss, ocupará la silla de Sara Danius, quien se apartó formalmente de la entidad en febrero de 2019 y murió en octubre a los 57 años. Un tercio de los 18 miembros de la Academia serán mujeres. Además, el puesto número cinco ha quedado vacante desde el fallecimiento, en octubre, del veterano Göran Malmqvist.

A pesar de los progresos realizados, en el transcurso del año no se concretaron los planes de dejar definitivamente atrás el periodo tormentoso. Al año de la gran crisis en torno a Arnault, que en su día fue considerado el “académico número 19” por su influencia en el mundo cultural sueco y que ahora se encuentra cumpliendo condena de prisión en Gotemburgo, le siguió el año de la controversia en torno a la elección de Peter Handke.

Por lo tanto, en 2020 no sólo está pendiente la búsqueda del sucesor de Malmqvist, sino también la tan urgente reorganización a favor de más unidad y cohesión.

En ocasión de la reunión anual de diciembre de la Academia, Mats Malm señaló que las tradiciones dan una forma de estabilidad —la revisión de estas tradiciones otra—. “La Academia continuará en 2020 su labor de renovación y reforma, preservando al mismo tiempo su autonomía, sus distintivos y sus tradiciones”, explicó.

No se puede negar que la concesión del Premio Nobel a Peter Handke ha vuelto a atizar las protestas contra la Academia. A principios de diciembre renunciaron dos miembros externos del comité del Nobel: uno de ellos, la escritora Gun-Britt Sundström, señaló como motivo de su dimisión la atribución del premio a Handke.

Además, el académico Peter Englund boicoteó las celebraciones del Premio Nobel a causa de la posición proserbia de Handke. “Celebrar el Premio Nobel de Peter Handke sería una gran hipocresía por mi parte”, declaró el ex secretario permanente de la institución.

Mientras tanto, las críticas a la Academia, conocida por su secretismo, continúan. Björn Wiman, responsable de Cultura del periódico “Dagens Nyheter”, por ejemplo, escribió que no era Handke quien debía avergonzarse del Premio Nobel, sino la Academia.

El periodista enfatiza que la concesión del premio a Handke muestra que, a pesar de las promesas y los nuevos miembros, en la institución no ha cambiado casi nada después de la crisis.

Wiman objeta particularmente el término “verdad literaria”, que se utiliza para defender tanto la posición de Handke como la defensa que Frostenson hace de su marido en su libro “K”. ¿”Genocidio”? ¿Violación? ¿Juicios? En el mundo de la ‘verdad literaria’ parece no haber sitio para estos conceptos”, acusa Wiman.

En cierto modo, la polémica en torno a Handke también tuvo una ventaja para la Academia: dado que todas las miradas se centraban en el galardonado, en Suecia se dejó de hablar de la crisis en torno a la entidad.

Apenas concedidos los Nobel, sin embargo, Arnault vuelve a ser tema de actualidad —por el libro “Klubben”, de Matilda Gustavsson, la periodista de “Dagens Nyheter” que destapó el escándalo con un reportaje publicado en noviembre de 2017—.

En “Klubben” (en español: El club), Gustavsson expone con la misma claridad que en su reportaje los testimonios de mujeres que relatan haber sido víctimas de violación o acoso sexual por parte de Arnault, denuncias que fueron recogidas en el curso de las investigaciones de MeToo.

También cuenta la historia de cómo Arnault se convirtió en referente de la escena cultural en Estocolmo con un foro literario que dirigía conjuntamente con Frostenson, y describe el comportamiento inaceptable por parte del artista hacia las mujeres, a menudo ante los ojos de otras personalidades del ámbito cultural.

Ahora es de esperar que en la Academia se decida, en el transcurso de 2020, si el 2019 será recordado como un periodo de transición después del cual la institución de 233 años podrá dejar atrás el pasado y comenzar a mirar hacia el futuro.

Por Steffen Trumpf (dpa)

 

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