Düsseldorf (Alemania), 20 dic (dpa) – Doping, doping, doping: las trampas en el deporte y la lucha contra las sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento tuvo de nuevo en 2013 capítulos destacados.
Confesiones y casos espectaculares, nuevos escándalos, estudios controvertidos sobre doping sistemático en el pasado: el eterno tema del doping no careció de titulares en el año que termina.
«La lucha contra el doping nunca la ganaremos, pero debemos seguir luchando», filosofó el australiano John Fahey, presidente saliente de la Agencia Mundial Antidoping (AMA).
Todavía hay muchos coladeros y miles de tests anuales no son ninguna garantía de que los atletas limpios tengan una verdadera oportunidad de competir en igualdad.
Esto demostró el caso del héroe caído del ciclismo, Lance Armstrong, que no fue desenmascarado como uno de los mayores tramposos de la historia del deporte por un control positivo, sino por la perseverancia de un hombre.
Travis Tygart, jefe de la Agencia Antidoping Estadounidense (USADA), fue quien consiguió demostrar que el siete veces ganador del Tour de France nunca venció legalmente.
«Si, sí, sí, sí, sí», confesó Armstrong a mediados de enero, tres meses después de ser suspendido de por vida, ante las sucesivas preguntas de la estrella del talkshow Oprah Winfrey sobre si tomó EPO, testosterona, cortisona y hormona de crecimiento.
También pasó mucho tiempo hasta que el alemán Jan Ullrich, en un tiempo el mayor rival de Armstrong, se decidió a confesar que contrató los servicios del médico español Eufemiano Fuentes para someterse a doping sanguíneo.
«Quería tener igualdad de oportunidades», se justificó Ullrich en junio. Apenas dos meses antes Fuentes había salido bien parado del juicio de la Operación Puerto, que siete años después del estallido del mayor escándalo de doping en España, se saldó con un año de cárcel para el médico.
Las mayores críticas a la sentencia fueron, sin embargo, por la decisión de la jueza de ordenar la destrucción de las cientos de bolsas de sangre que se incautaron a Fuentes, muchos de cuyos dueños son aún una incógnita. El fallo está recurrido.
Alemania también mostró problemas para aclarar su pasado de doping. La publicación del estudio «Doping en Alemania de 1950 hasta hoy» logró menos claridad que agitación, descontento y disputas.
En lugar de llamar a las cosas por su nombre, los personas que movieron los hilos, maquinaron y se beneficiaron siguen sin estar claramente identificadas por razones legales. Algo quedó al menos claro: el doping en la Alemania Occidental no quedó a la zaga del de la extinta República Democrática Alemana (DDR).
Inequívocos y espectaculares fueron los casos de doping de los supersprinters Tyson Gay y Asafa Powell poco antes de los Mundiales de atletismo de Moscú.
Los dos dieron positivo y salieron de la circulación. Son las máximas figuras de una lista de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) en la que en 2013 se inscribieron casi 300 corredores, saltadores y lanzadores suspendidos.
Con esas cifras encajan las informaciones conocidas este año de que antes de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no se hicieron adecuadamente los controles antidoping en Jamaica. O que en Kenia dieron positivo 17 corredores y en Rusia y Turquía decenas de atletas.
No obstante, las autoridades antidoping no quieren desanimarse. El nuevo código mundial, aprobado recientemente en Johannesburgo y que entrará en vigor el 1 de enero de 2015, debe impulsar la lucha endureciendo los castigos a cuatro años de suspensión incluso en el primer positivo.
Por Andreas Schirmer