Creta: La isla de los sabores y mucho más

Vale la pena visitar las ruinas de Cnosos y empaparse en la historia local. Foto: Discovergreece.com/dpa-tmn

(dpa) – La mayoría de los turistas conocen Creta en los meses de verano, pero en invierno esta isla, la mayor de Grecia, también puede ser muy atractiva, sobre todo porque invita a vivir a un ritmo muy distinto. Bien lo sabe Giannis, que tiene decenas de olivos en su granja de Litsarda, en el noroeste de la isla. Los gallos cacarean y el perro observa con parsimonia la situación.

La diferencia entre verano e invierno se nota: la isla en invierno está muchísimo más tranquila. Pero en cualquier momento del año hay cosas inolvidables para disfrutar.

Hierbas

En el jardín de Giannis crece toda una serie de hierbas de aroma intenso. Lavanda, romero, caléndula, menta e hinojo. Nada parece faltar. Él pasa cosechando de alguna que otra planta. “Lo necesitamos para la ensalada”, explica. No es una granja cualquiera.

También tiene un invernadero para trasladar todo lo que no pueda sobrevivir a bajas temperaturas. Planta desde tomates hasta berenjenas y zucchinis, y lo que no tiene en el jardín se lo puede pedir a los vecinos, que ven crecer naranjas y limones, por ejemplo. “Hacemos trueque”, dice el granjero sonriendo. Está feliz de haber cumplido su sueño de tener su propia producción orgánica.

Aprovecha todo para la cocina e invita junto a su pareja Julie, emigrada de Seattle, a los turistas a conocer la cocina local. En invierno prepara cenas dentro de su pequeña casa. En verano, en la gran explanada al aire libre.

Cabrito y verduras directo del jardín

“En la isla nos gusta comer carne”, cuenta Giannis del lugar, que cuenta con muchas cabras y ovejas en las montañas. Y cerdos, también. “Aquí sólo los que viven cerca del mar comen pescado”, acota.

Cuando prepara carne, Giannis lo acompaña con verduras de su jardín. Los huéspedes tienen que ponerse manos a la obra con él. Pelan, cortan, y arrojan todo a una misma fuente: carne de cabra en trozos, zanahorias, papas, cebollas, manzanas, hierbas y condimentos. Acto seguido, el cocinero rocía todo con una buena cantidad de aceite de oliva y vino de la casa y mete todo al horno por unas dos horas. Cuanto más, mejor. “Así la carne se va poniendo bien tierna”, explica.

Durante la espera pasan algunos vecinos, un bodeguero amigo deja unos vinos tintos y de un momento a otro lo invitan a quedarse a comer.

Aceite de oliva, un elixir

Giannis y Julie cuentan todo lo que preparan. En su casa cuelgan por todas partes ramilletes de hierbas en proceso de secado. Y por supuesto que también hacen su propio aceite de oliva. “En Creta se usa muchísimo”, cuenta Maria, que opera junto con su familia una prensa para fabricar aceite como en los viejos tiempos.

“Casi todos los hogares de Creta siguen haciendo su propio aceite, porque mucha gente tiene algunos olivos”, cuenta Maria. La cifra oficial dice que hay 35 millones de olivos en la isla, y según las estadísticas, cada cretense consume unos 50 litros por año. “Mi abuelo tiene 96 años y bebe todas las mañanas un traguito de aceite de oliva antes del desayuno y come una cucharadita de miel de tomillo”, cuenta María.

Esquí y paseos

En Heraclión y La Canea hay todo tipo de esquinas, pasajes y tiendas para visitar en cualquier época del año. También están las ruinas de Cnosos, cerca de Heraclión, abiertas todo el año. Otra opción son los paseos por la naturaleza, sea para caminar, andar en bicicleta o esquiar. Eso sí: no hay que esperar un gran despliegue de infraestructura, sino estar dispuesto a gozar de lo natural.

Sabores exquisitos

Los turistas que van de La Canea a Dracona pasan por un restaurante en plena montaña llamado Ntounias, de Stelios Trilyrakis, que cocina como solían hacerlo su madre y su abuela, en un fuego que arma delante de su casa, al aire libre. Coloca una sartén bien pesada y dos ollas grandes sobre las llamas para preparar carne y verduras. Suele cosechar y cazar todo lo que cocina.

La carne de cabra que sirve es tan tierna que se pude cortar sin usar cuchillo. “Tiene una cocción de 24 horas”, explica Stelios, que por supuesto también tiene para ofrecer un tsatsiki muy tradicional. ¿En cualquier estación? “Sí, pero en invierno sin pepinos”, dice el cocinero por tradición.