Creatividad: ¿Un don de algunos elegidos? ¿O una cualidad que todos podemos desarrollar?

Cuando Néstor Braidot, especialista en neurociencias,  preguntó a los participantes de sus conferencias y seminarios con qué relacionan la creatividad, escuchó respuestas como las siguientes:

“Los individuos creativos son muy inteligentes”, “se pueden convertir en millonarios de un día para el otro porque tienen ideas geniales”; “hacen carrera como directores de cine, son número uno en las agencias de publicidad”, “inventan productos que le cambian la vida a la gente y se hacen ricos”; “no paran, todavía no han terminado una obra original y ya tienen otra en mente”.

En ese sentido, el especialista resaltó el hecho de que prácticamente en todas las respuestas puede inferirse la asociación creatividad-inteligencia-éxito, y esto es correcto, porque la intuición y la creatividad son manifestaciones superiores de la inteligencia.

Ahora bien, cuando les preguntó si toda persona puede ser creativa, la mayoría respondió que no, que la gente creativa tiene un don, un talento que no tienen los demás.

Estas creencias suelen dejar preocupado a Braidot, no solo porque junto a otros especialistas viene trabajando desde hace años para desarraigarlas, sino porque en todas está implícito el conformismo, que es uno de los principales enemigos del cerebro.

Poniendo a prueba el mito de la creatividad

Antes de explicar en qué consiste la creatividad y qué mecanismos la desencadena a nivel cerebral, Néstor Braidot suele poner a prueba los mitos sobre ésta mediante ejercicios sencillos.

Dado que los resultados que él obtiene son muy interesantes y, sobre todo, muy buenos para los participantes (los ayudan a descubrir que su potencial creativo puede, simplemente, estar adormecido), Braidot los propone para ti también (lo ideal sería que intercambies con una persona de tu entorno, enumerando la cantidad de respuestas que se te ocurren en ambos casos (A y B):

  1. Imagina que el robot Philae, que aterrizó en el cometa 67P/Churyamov-Gerasimenko en noviembre de 2014, se convierte en persona y logra respirar.
  2. ¿Cómo sería su vida a partir de ese momento? Con esta fotografía publicada en todos los diarios del mundo podrás ayudarte (por si no la viste), dado que también puede contribuir a tu imaginación la forma del cometa.

“Ahora, con los pies en la Tierra, imagina que las canillas de tu hogar hacen realidad un sueño de los niños y, en vez de agua, emanan Coca Cola (o Pepsi, la que más te guste) ¿qué cambiaría en vuestra vida cotidiana? Las probabilidades de que te haya ido bien al poner a prueba tu imaginación son muy altas, de hecho, cuando hacemos este tipo de prácticas, los primeros sorprendidos con los resultados son los participantes”, sentenció el autor de diversas obras relacionadas al campo de las neurociencias.  

Por lo tanto, la conclusión es que la mayoría de los que no se consideran creativos cometen dos grandes errores:

  1. A) Creer que la creatividad es inherente a determinadas personas y no puede desarrollarse.
  2. b) No haber explorado nunca su potencial creativo.

Asimismo, Braidot explicó que “dado que la creatividad es el extremo superior de la inteligencia, es necesario que le dediquemos más espacio y más tiempo para entender cómo funciona”.

La creatividad, el cerebro y el tipo de pensamiento

Desde el punto de vista neurocognitivo, resaltó que la actividad creativa involucra un proceso mental heterogéneo que incluye diferentes propiedades del pensamiento (facilidad para generar ideas, capacidad para la asociación semántica, originalidad de las ideas, imaginación, fantasía y procesamiento semántico).

“Por ejemplo, durante una investigación realizada por las universidades de Drexel y Northwestern, se observó que algunos pensamientos estimulan las zonas del cerebro que participan en los procesos creativos, y que estas zonas no son las que utilizamos cuando lo que estamos haciendo nos exige emplear el pensamiento metodológico, secuencial”, recalcó.

También se descubrió que el famoso momento “eureka” es el resultado de un trabajo que el cerebro comienza a hacer mucho antes de que se encienda la tan ansiada luz.

Esta información es muy importante, ya que los patrones cerebrales que se utilizan durante la creatividad están determinados por el tipo de pensamiento. Por ejemplo, y continuando con la citada investigación:

Cuando un problema se resolvía por comprensión, se activaban zonas del lóbulo temporal (que intervienen en el pensamiento conceptual) y áreas del lóbulo frontal (cognitivas); cuando se resolvía en forma metodológica, la zona más activa era la corteza visual, revelando que la atención se focalizaba en la pantalla de la computadora en la que se estaba leyendo el problema.

“De esto se desprende claramente que dos de las principales formas de pensamiento que utilizamos para resolver algunos problemas, en este caso la analítica y la intuitiva, procesan de manera diferente la información en el cerebro”, aseveró el experto.  

Finalmente, Braidot rescata dos puntos muy importantes que favorecen la creatividad y la limitan:

Los principales enemigos de la creatividad son los mapas mentales, el pensamiento lógico, las recetas, los juicios, la autocrítica, la ausencia de motivación y la presión.

Sus mejores aliados son el sueño, la pausa y el descanso.