Cómo sobrevivir en los bosques de Suecia con un cuchillo y un tazón

Los anillos de virutas de madera son útiles para encender fuego, pero hay que saber cómo hacerlo. Foto: Isabelle Modler/dpa-mag

(dpa) – En otras circunstancias, a nadie se le ocurriría añadir ramas húmedas al fuego, pero en medio de la noche ni siquiera un excursionista sueco se desplaza por un bosque oscuro para buscar madera seca y correr el riesgo de toparse con algún alce enfurecido.

En ese caso, es mejor usar la madera que está al alcance de la mano junto al fogón, aunque esté húmeda y desprenda mucho más humo de lo habitual.

En el sur de Suecia puede hacer mucho frío por la noche, incluso en verano, y más aún antes del amanecer. Por eso, las ocho personas que pasan la noche en su saco de dormir junto al fuego se turnan para mantener encendida la llama.

El grupo está haciendo un curso intensivo de convivencia al aire libre en la provincia de Småland, lejos de la civilización.

En Småland, como en el resto del país escandinavo, se aplica el derecho de acceso público y está permitido acampar en cualquier parte. En resumen, condiciones ideales para aprender a sobrevivir en la frondosa naturaleza sueca.

El fundador de la empresa “All in Nature Sweden”, Torbjörn Selin, un ex entrenador del Ejército sueco, ofrece cursos de supervivencia de varios días y con distintos niveles de dificultad.

En el parque Little Rock Lake, situado en Klävreström, Selin enseña al grupo cómo encontrar comida, cocinarla y pasar la noche al aire libre. Y sobre todo, qué tipo de equipamiento se necesita.

“Un cuchillo afilado, un pedernal para encender el fuego y una taza resistente al calor”, enumera el entrenador de 46 años antes de que cada participante tome uno de los tres utensilios entre un montón de objetos que se encuentran en el campamento junto a un lago.

Mientras un asistente de Selin vierte té en los tazones de metal, el entrenador pregunta a cada uno sobre experiencias de supervivencia anteriores y lo que espera aprender en este curso.

Una mujer cuenta que a veces durante las caminatas duerme al aire libre sin carpa, otro pregunta qué se puede comer de la naturaleza o quiere saber cómo orientarse mejor en el exterior.

Observar el entorno ayuda a no perderse. En algunos árboles, por ejemplo, un lado del tronco es particularmente denso. “Las ramas crecen a menudo hacia la luz, o sea, hacia el sur”, explica Selin. Añade que una mayor presencia de musgo en un lado del tronco puede indicar que allí hay más sombra, es decir, que está al norte.

Poco después, el grupo sale a recoger madera seca, una tarea difícil porque todo está mojado a causa de la lluvia. Se adentran en el bosque, donde la madera de los árboles caídos está más protegida. El entrenador pone manos a la obra y comienza quebrar algunas ramas contra su pierna.

A continuación, muestra cómo partir un trozo de madera más grueso con poco esfuerzo. Para ello, coloca el cuchillo en el extremo superior del trozo de madera y golpea el mango del cuchillo con una rama gruesa. “¡Y ahora tú!”, dice.

Para encender un fuego, son útiles los anillos de virutas de madera. El experto raspa la madera con su cuchillo. Todos deben hacer la prueba, pero no es tan sencillo.

También la corteza de abedul seca es sumamente adecuada para hacer fuego. La madera es aceitosa y la corteza es tan fina como el papel, lo que incluso posibilita que pequeñas chispas pueden encenderla.

Selin quita con su cuchillo un trozo de corteza del tronco. “Solo debes hacer esto en una emergencia, cuando es realmente una cuestión de supervivencia”, señala enfáticamente y acota que eso daña al árbol.

“Hay que elegir el lugar con mucho cuidado”, destaca el instructor antes de encender el fuego. El sitio debe estar seco y protegido del viento por lo que el grupo apila piedras a su alrededor. Además, colocan una lona en la parte superior para que la lluvia no apague inmediatamente las primeras llamas.

Selin desliza el cuchillo sobre el pedernal y las chispas comienzan a encender las primeras virutas de madera. Cuidadosamente apila los anillos, luego los trozos de madera más delgados y finalmente las ramas más grandes.

Cada participante debe encender su propio fuego, para lo cual el ángulo del pedernal y la velocidad del cuchillo son cruciales. Algunos maldicen, otros se alegran, pero al final, todos logran encender una pequeña llama.

La instrucción también incluye conocimientos sobre plantas comestibles y curativas como la milenrama, que al parecer es buena para problemas digestivos y tiene efectos antiespasmódicos y antiinflamatorios. Algunos recogen además trébol morado, arándanos, frambuesas y algunas setas.

El botín no alcanza para alimentar a todos y el asistente Martin Olsson cocina una además una sopa. La gran olla cuelga de un trípode sobre el fuego. Cada uno come del tazón con una cuchara tallada por sí mismo. La lluvia ha parado.

Algunos parecen decepcionados por no alimentarse exclusivamente con productos del bosque. Pero este curso solo ofrece un panorama general de estrategias de supervivencia, a diferencia de las salidas de tres o cinco días, que incluyen caza, pesca, orientación en el bosque o dormir al aire libre en una noche helada de invierno.

De todas maneras, el experto en supervivencia sugiere llevar alimentos nutritivos como nueces o plátanos. Sin embargo asegura que si uno tiene mucho hambre probablemente también pruebe hormigas, gusanos, líquenes y otras especialidades.

Al anochecer, los ocho integrantes erigen el campamento nocturno, que incluye un fogón en el medio. Torbjörn Selin da algunos consejos y luego los deja solos. Después de todo, también se trata de un aprendizaje en equipo.

El grupo se divide: algunos buscan leña, otros preparan la cena y el resto construye un amplio refugio con dos lonas y palos largos. Dejan una rendija en el medio, para que pueda salir el humo hacia arriba.

Apenas oscurece surge la pregunta: ¿Hay animales peligrosos en Suecia? Los alces pueden ser desagradables, especialmente si tienen cría. Pero evitan el fuego, los tranquiliza Selin. La noche se interrumpe por el crujido de las ramas, el humo espeso y las guardias nocturnas.

A la mañana siguiente brilla el sol. Con una taza de café instantáneo, el grupo se sienta junto al lago, cuenta cómo pasó la noche y surgen nuevas preguntas: ¿Qué pasa si no puedes encontrar el camino de regreso del bosque o realmente necesitas ayuda?

Si hay un río, Selin aconseja seguir su flujo hacia abajo, ya que hay una buena posibilidad de encontrar la civilización. Lo ideal es llevar una brújula y caminar estrictamente en una dirección.

Otra opción es orientarse por la aguja de la hora del reloj. Si se apunta en dirección del sol, el sur está entre la aguja de la hora y las 12, y en los meses de verano a las 13.

Si realmente uno se encuentra en una situación de emergencia hay que tratar de llegar hasta un lugar claramente visible desde donde se puedan emitir señales o llamar la atención con señales en el suelo, colores brillantes, un silbato de socorro o una pistola con bengalas.

Selin utiliza una radiobaliza que emite señales para que los servicios de rescate puedan localizar rápidamente su posición en una emergencia. Cuenta que este dispositivo le salvó la vida cuando tuvo un ataque al corazón mientras practicaba deporte.

En todo caso, resalta, en situaciones de emergencia siempre ayuda portar fotos de los seres queridos o tener a mano una barra de chocolate.

Por Isabelle Modler (dpa)