(dpa) – En la ciudad, en el parque, en medio del gentío: En muchas situaciones los perros deben ir de la correa. Pero para que el animal se porte bien y camine tranquilo ya desde pequeño, es importante que su dueño tenga en cuenta algunos consejos, reseña la revista «Ein Herz für Tiere».
El perro observa la dirección de la mirada y la postura de quien lo pasea para saber hacia dónde caminar. Foto: Christin Klose/dpa
– Mirar en la dirección en la que se camina:
Los perros responden a los ojos y al lenguaje corporal de las personas. Si uno siempre vuelve la cabeza hacia el animal al caminar, lo estará frenando. En cambio si la cabeza y el cuerpo indican siempre la misma dirección, el perro lo registra y seguirá el mismo rumbo.
– Recompensar correctamente:
Si el perro camina concentrado de la correa, no hay nada que objetar a que reciba alguna golosina de vez en cuando. Pero los dueños no deberían mantener una golosina delante de su nariz para obligarlo a caminar junto a ellos. Porque entonces el animal no se concentrará en la persona, sino en la tentación.
– No tirar de la correa:
Si el animal de repente huele algo y se detiene, no hay que tirar de la correa, porque entonces la vinculará con algo negativo. Lo mejor es detenerse también, hablar con el animal y volver a atraerlo en la dirección deseada.
La familia Jantz descubrió que el gato es la mascota ideal, un animal de cuyo cuidado también se pueden hacer cargo los niños. Foto: Markus Hibbeler/dpa-tmn
(dpa) – «Bootsmann» era pequeño, tenía un suave pelaje y vivía en la habitación de los niños. El hámster enano, en el ínterin fallecido, fue adoptado por la familia Jantz hace dos años y medio. Para la pequeña Johanna, de nueve años, y sus hermanos Lutz y Ella, de siete y cinco años respectivamente, el animal era un miembro de la familia.
«Tenemos un gato ya desde hace muchos años», señala la madre, Marion Jantz, «pero los niños nunca lo consideraron como un animal que tenían que alimentar y cuidar».
A Lutz, en particular, siempre le fascinaron los animales que veía en la tienda de mascotas, y se alegró mucho con la llegada de «Bootsmann». Pero los niños pronto se dieron cuenta de que al nuevo compañero de cuarto le gustaba más correr que ser acariciado y que durante el día lo único que quería era estar tranquilo. «Nunca más compraría un hámster», asevera Marion Jantz, y opina que un animal solitario y de actividad nocturna no es la mascota adecuada para los niños.
La mayor parte del tiempo, Marion Jantz era la responsable de alimentar y limpiar la jaula del animal, sin que este hecho le molestara demasiado: le gustan los animales, y, además, para ella estaba claro desde el principio que terminaría asumiendo toda la responsabilidad.
«Los padres tienen que ser conscientes de que la responsabilidad de un animal es siempre de los adultos», enfatiza la veterinaria alemana Daniela Rickert, comprometida con una asociación veterinaria dedicada a la protección de los animales y a favor del bienestar de los animales domésticos.
Rickert señala que cuidar de un animal es una carga que puede llegar a ser muy pesada, incluso para niños mayores, y aconseja a los padres que antes de comprar una mascota reflexionen acerca de si están dispuestos a invertir el tiempo y la energía requeridos.
Birgit Baden opina que es muy importante darles a los niños el tiempo necesario para familiarizarse con el animal. Esta enfermera se ha especializado en educación y terapia con animales e imparte cursos para niños en su granja en las Landas de Luneburgo, en Baja Sajonia. Birgit Baden está convencida de que los animales son beneficiosos para las personas, por ejemplo, porque promueven las habilidades sociales y proporcionan cariño.
En su opinión, nunca es demasiado temprano para comenzar a familiarizar a los niños con los animales. Incluso los pequeños de cuatro años pueden asumir tareas sencillas, como cambiar el agua de los conejos o ayudar a limpiar el recinto con una pequeña pala. A los niños mayores también se les pueden dar tareas fijas como la alimentación diaria.
Sin embargo, los padres siempre deben verificar que el animal esté bien cuidado. Cuando la atracción de lo nuevo se ha desvanecido, muchos niños suelen perder el interés en sus protegidos. Entonces comienza la discusión sobre quién se hará cargo de las tareas diarias. «Cuanto mejor conozcan los niños a sus animales, más se divertirán con ellos», enfatiza Baden. En su opinión, los propios padres deben estar bien informados para mantener despierto el entusiasmo de los niños hacia sus mascotas.
Los adultos deben enseñar a los niños cómo inspirar confianza en los nuevos compañeros de cuarto y cuáles son sus gustos y necesidades. Además, aprenderán a tener paciencia, a motivar al animal con golosinas saludables y poco a poco realizar con ellos tareas divertidas.
Son los padres los que deciden, en última instancia, qué animal es el correcto para los niños. Los libros o folletos especializados, por ejemplo, de una asociación de bienestar animal, pueden ser de gran ayuda. Las visitas en casa de amigos que ya tienen una mascota puedan dar una primera impresión.
Un perro, por ejemplo, necesita mucho tiempo y atención. Los conejos, los cobayos o las ratas no deben ser mantenidos solos, incluso un acuario requiere cierta pericia. Los gatos son particularmente adecuados como mascotas familiares, explica Daniela Rickert: «Cuando quieren estar solos o necesitan su espacio, los gatos simplemente se retiran o incluso muestran las garras».
Marion Jantz también opina que los gatos son las mascotas ideales. El anciano gato de la familia, Freedo, ya tiene 17 años, así que hace medio año adoptaron dos gatos hermanos, Narla y Ronny. Los jóvenes felinos son curiosos, les gusta jugar y ser acariciados.
Johanna, Lutz y Ella están encantados con sus revoltosos compañeros de cuarto. «Creo que es genial que los niños ayuden a cuidar de los gatos, aunque no lo hagan tanto como nosotros los adultos», precisa Jantz. ¿Y quién se hace cargo de la caja de arena? Los padres la limpian. Es simplemente más rápido que repartir tareas y evita discusiones.
(dpa) – Un exterior duro y un interior blando: las tortugas no son tan robustas como se suele creer. Como mascotas, muchas veces se subestiman sus necesidades.
Por eso, nadie debería adoptar una tortuga como mascota sin haber reflexionado a fondo.
Las tortugas suelen ser muy pequeñas al comprarlas pero llegan a medir luego 35 centímetros de largo y ya no entran en el acuario. La mayoría tiene además una alta expectativa de vida.
Algunas tortugas acuáticas cumplen hasta 50 años, mientras que las terrestres pueden llegar a los 100. Esto representa un desafío para sus dueños. No es raro que estos animalitos los sobrevivan.
Dado que muchas veces estos animalitos viven más que sus dueños o ya no entran en terrarios y acuarios, suele ocurrir que son abandonados o conservados en lugares demasiado pequeños.
Dejar las tortugas sueltas en la naturaleza suele ser una sentencia de muerte: gran parte de ellas muere a los pocos años por falta de alimento, neumonía o problemas de hígado y de riñones.
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