Carl Linde, el ingeniero alemán que llevó la cerveza bávara al mundo

cerveza bávara
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(dpa) – La exitosa historia de la cerveza bávara comenzó hace 150 años. En 1871, Carl Linde, un profesor alemán de Ingeniería Mecánica de apenas 30 años, describió en un boletín informativo del sector industrial de Bavaria cómo debía funcionar una “máquina de hielo y refrigeración mejorada”.

Gracias a este principio, los cerveceros pronto pudieron elaborar y exportar su cerveza rubia tipo “lager” durante todo el año, sin tener que recoger miles de toneladas de hielo de lagos y estanques congelados para llevarlo a las bodegas de fermentación en carros tirados por caballos.

Tras el cambio de siglo, una de cada diez cervezas que se bebían en el mundo procedía de Baviera.

Linde construyó “la primera máquina frigorífica de éxito y funcionalmente fiable”, señala el historiador alemán Matthias Pühl. Este invento no solo revolucionó la producción de cerveza, sino que representó un hito en el sector de la técnica de refrigeración industrial: “Fue un pionero”.

Linde renunció a su cátedra y fundó su propia empresa en 1879, y ya en aquel entonces vendía sus máquinas a lecherías, fabricantes de chocolate, fábricas de productos químicos y minas.

Hoy en día, la técnica de refrigeración es omnipresente. Solo en Alemania hay casi 144 millones de sistemas de refrigeración en funcionamiento: frigoríficos en los hogares, estanterías refrigeradas en los supermercados, equipos de refrigeración en oficinas, museos y quirófanos, entre otros.

Más actual que nunca, la refrigeración es un elemento indispensable para la distribución de las vacunas contra la enfermedad pulmonar Covid-19 que requieren ultracongelación.

“Sin refrigeración, el funcionamiento de un centro informático no sería posible”, observa Karl-Heinz Thielmann, presidente de una asociación alemana del sector de refrigeración.

“Los productos de alta precisión tienen que fabricarse a una temperatura constante, porque de lo contrario las tolerancias no serán correctas”, señala el experto refiriéndose al sector industrial.

Thielmann añade que las cifras de negocios son enormes y que las ventas de equipos de refrigeración para uso no comercial en todo el mundo “ascienden al orden de unos 100.000 millones de euros” (unos 121.000 millones de dólares).

Cuando el sudor se evapora de la superficie de la piel, esta se enfría. La máquina de refrigeración de Linde funciona según este principio.

El amoníaco líquido se evapora a 33 grados bajo cero. Si es bombeado en estado líquido en el espacio que debe ser refrigerado y tiene allí la posibilidad de expandirse como gas, enfría el entorno.

A continuación, es absorbido y comprimido en la fase de vapor. Este proceso se repite una y otra vez.

El artículo de Linde en el boletín de 1871 despertó inmediatamente el interés de los cerveceros, ya que, hasta entonces, estos habían tenido que procurarse enormes cantidades de hielo natural para sus bodegas de fermentación. La cervecería muniquesa Hacker-Pschorr, por ejemplo, consumía hasta 24.000 toneladas de hielo anuales.

Este procedimiento no solo era costoso, sino también peligroso, ya que junto con el hielo de los ríos y las montañas llegaban también gérmenes a las bodegas.

Según los cálculos del joven ingeniero mecánico, en una máquina de hielo ideal “tendría que bastar medio kilogramo de carbón para producir 100 kilogramos de hielo”.

El director de la mayor fábrica de cerveza de Austria, August Deiglmayr, visitó a Linde en Múnich en el verano de 1871 y le pidió que diseñara una máquina refrigeradora para su planta cervecera en la ciudad de Trieste, que en aquel entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro.

Según el profesor berlinés Hans-Liudger Dienel, dedicado a investigar la historia de la compañía, ambos empresarios finalmente acordaron montar una máquina piloto en la cervecería muniquesa Spaten, del prestigioso cervecero alemán Gabriel Sedlmayr.

Esta primera máquina, sin embargo, siempre tuvo fugas y causó incluso un accidente en el que resultó herido un operario de la cervecería.

Linde diseñó entonces una segunda máquina, con otro sistema de juntas, la mitad de peso, dos veces más barata y más fácil de mantener. Esta fue construida por la entonces fábrica de maquinaria Maschinenfabrik Augsburg, con sede en la ciudad bávara de Augsburgo y precursora de la actual fábrica de equipamientos y vehículos industriales MAN.

La máquina fue puesta en funcionamiento en Trieste en 1877, donde funcionó durante 31 años. Hoy se encuentra en el Museo de Historia Bávara, en la ciudad de Ratisbona. Pesa seis toneladas, tiene cinco metros de largo y dos de ancho y alto.

Antes de asumir su cátedra en Múnich, Carl Linde, hijo de un pastor evangélico y oriundo de la región alemana de Franconia, estudió en Zúrich, trabajó para la prestigiosa empresa de ingeniería Borsig en Berlín y más tarde para la fábrica de locomotoras Krauss en Múnich.

Cuando abandonó la docencia y fundó su fábrica de máquinas refrigeradoras, “Gesellschaft für Linde’s Eismaschinen”, estaba preocupado: “Nuestro tranquilo comienzo fue respondido durante los primeros meses por una calma casi opresiva en el progreso de las negociaciones y en los pedidos para el suministro de equipos de refrigeración”, como “si la primera necesidad urgente ya hubiera sido satisfecha”, escribió en sus memorias.

Pero luego llegaron los inviernos suaves de 1883/84 en Alemania y de 1890/91 en Estados Unidos. El hielo natural escaseaba y Linde se alegró de recibir una “auténtica estampida” de pedidos. Según el historiador Pühl, a finales de la década de 1880 Linde ya había equipado 445 cervecerías con sus unidades de refrigeración.

A finales de 1929, su empresa había vendido 6.599 sistemas de refrigeración, un tercio de ellos a cervecerías. La familia cervecera Sedlmayr siguió formando parte del directorio hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Algunas de las máquinas de Linde estuvieron en funcionamiento hasta la década de 1960. Si bien el ingeniero encargaba su construcción a fábricas de maquinaria, su empresa siempre se hizo cargo de la aceptación de pedidos, el montaje y el mantenimiento: “Esto garantizó el contacto directo y exclusivo con el cliente”, señala Pühl.

El Grupo Linde abandonó el negocio de la refrigeración en 2004 y en la actualidad es el mayor fabricante de gases industriales del mundo.

Por Roland Losch (dpa)