Búnker submarino en Burdeos aloja enorme centro de arte digital

Foto: Frederic Deval/Mairie_de_Bordeaux/dpa

(dpa) – Lo que en su día fuera un búnker submarino construido por los alemanes en la costa atlántica francesa es hoy “Bassins de Lumières” (Las piscinas de luz), un gigantesco centro de arte digital que proyecta en 360º obras de Gustav Klimt y Paul Klee: Un espectáculo de luz, color y sonido.

El centro, inaugurado recientemente, proyecta imágenes digitalizadas de icónicos cuadros en paredes y techos mientras la superficie de enormes estanques de unos 16 metros de profundidad reflejan, a modo de gigantescos espejos, las obras de arte.

Así, el pálido rostro de Adele Bloch-Bauer que el austríaco Gustav Klimt inmortalizó en su mundialmente famoso retrato: “La dama de oro”, o “El pez dorado” del alemán Paul Klee se reflejan en el agua bajo los pies de los visitantes, que pueden disfrutar de esta perspectiva inédita desde las pasarelas instaladas sobre y a lo largo de las piscinas.

“Bassins de Lumières” cuenta con una superficie de proyección de 11.000 metros cuadrados. El centro ubicado en las instalaciones del antiguo búnker -40.000 metros cuadrados- abrió sus puertas el pasado 10 de junio con las exposiciones “Gustav Klimt, oro y colores” y “Paul Klee, pintar la música”.

La inauguración del centro de arte digital estaba inicialmente prevista para el pasado 17 de abril pero tuvo que ser pospuesta debido a la pandemia.

La emblemática pareja de amantes de “El beso” y el gorila del “Friso de Beethoven” de Klimt (1862-1918) emergen sobre la superficie acuática junto a obras de artistas también pertenecientes a la Secesión vienesa, como Egon Schiele. De fondo se escucha música austríaca de la época. El visitante debe sumergirse en el contexto.

“El objetivo es transmitir contenido, no kitsch”, explica Augustin de Cointet de Filain, director de “Bassins de Lumières”. El show de Klimt dura 35 minutos, el de Klee diez minutos, con una proyección sobre un submarino entre ambos -en un guiño al pasado-.

El búnker de submarinos de Burdeos es uno de los cinco baluartes navales que los alemanes construyeron en la costa atlántica francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Fue erigido entre 1941 y 1943 por más de 6.500 operarios que vertieron un total de 600.000 metros cúbicos de hormigón.

Como en la Rochelle, Saint-Nazaire, Brest y Lorient, los bastiones nazis resistieron en gran medida los bombardeos aliados. Una vez acabada la guerra, como era imposible demoler semejante masa de hormigón, el búnker de Burdeos pasó a ser utilizado por distintas empresas para diversos fines como escenario de festivales y exposiciones fotográficas, entre otros.

Actualmente las instalaciones están gestionadas por Culturespaces, entidad francesa que también está a cargo de sendos centros de exhibición de arte digital en París y Les Baux-de Provence (Provenza).

El centro de Burdeos es tres veces más grande que el de Les Baux -ubicado en unas antiguas canteras- y cinco veces mayor que el de París -ubicado en lo que fuera una fundición-.

Según Augustin de Contet de Filain, las exhibiciones están fuertemente influidas por la estructura arquitectónica de sus respectivas instalaciones. En vista de la buena acogida del público, Culturespaces tiene previsto abrir nuevos centros en Nueva York y Dubai a lo largo de 2021-2022.

De los tres centros galos, el primero en abrir sus puertas fue el de Les Baux: “Carrières de Lumiéres” (Canteras de luces) que actualmente exhibe proyecciones de obras de Dalí y Gaudí.

En 2018 fue inaugurado el parisino “Atelier des Lumières” (Taller de las Luces), que en su primer año fue visitado por un millón de personas y cuya actual exhibición multimedia muestra obras de Monet, Renoir o Chagall, entre otros.

El centro de París es el que cuenta con una superficie de proyección más reducida -3.300 metros cuadrados- de ahí que se centre más en los detalles de los elementos pictóricos mientras que en el recién inaugurado centro de Burdeos las obras y los motivos son espectacularmente ampliados. Como el pálido rostro de Adele Bloch-Bauer.

Por Sabine Glaubitz (dpa)