Ben Pastor declara que el personaje de Martín Bora se parece al conde Von Stauffenberg


5921475wBarcelona, 7 feb (EFE).- La autora italoamericana Ben Pastor, que ha presentado en la BCNegra la última entrega de su investigador de la Alemania nazi Martin Bora, ha explicado que está inspirado en el conde von Stauffenberg, el militar que atentó contra Hitler, con quien comparte su «origen aristocrático y su fe católica».

«Cielo de plomo» (Alianza) es la novena novela de la serie de Martin Bora, en esta ocasión situada en Ucrania en 1943, poco después de que el protagonista haya sobrevivido casi milagrosamente a la batalla de Stalingrado, donde pierde la mano izquierda.

En Ucrania debe investigar la muerte de dos oficiales soviéticos prisioneros del Ejército alemán. El informe oficial alemán sostiene que el primero murió de forma natural y el segundo se suicidó; mientras que la propaganda estalinista presume de haberlos ejecutado por su deserción, pero a Bora no le convence ninguna de las dos versiones.

Pastor ha dicho en una entrevista con Efe que «lo interesante de los supervivientes es que solo sobrevive una parte de ti después de un drama como ese, y, después de superar Stalingrado, los supervivientes, alemanes o rusos, se tuvieron que plantear qué hacer con lo que quedaba de ellos, porque todos perdieron capacidades físicas o psíquicas».

Bora, asegura su autora, «tiene ahora menos seguridad en sus convicciones ideológicas» y se enfrenta al dilema de que «ha de hacer más con menos».

Para Pastor, resulta fascinante colocar a un personaje fuerte como Bora en «un contexto con muchas dudas como era la Alemania de 1943, un año que representa la caída de las esperanzas, que obligaba a muchos a seguir adelante sabiendo que ya no iba a haber éxito».

«Si Stalingrado fue un primer paso hacia la caída del imperio nazi, la derrota de Kursk fue el punto de inflexión que indicó el desmoronamiento», apunta la escritora italiana.

Según Pastor, Martin Bora está esculpido a imagen del coronel Claus von Stauffenberg, cabecilla del intento frustrado de matar a Hitler el 20 de julio de 1944.

«Ambos tienen un origen aristocrático y son católicos, tienen dudas sobre los valores morales y son personas de extremo valor y coraje, y además ambos sufren heridas físicas y morales y comparten la actitud de resistencia frente al sistema».

Sin embargo, Stauffenberg es «un héroe de guerra explosivo, que protagoniza actuaciones impulsivas, mientras que Bora es más constante, su resistencia es más cotidiana, más constante».

La trama de «Cielo de plomo» se completa con una red de delitos económicos -«hay un nuevo modelo de tanque que resulta apetecible a amigos y enemigos»- y además aparece un elemento mágico, «un bosque maldito, donde las brújulas enloquecen y los lugareños, mujeres, niños y aldeanos, desaparecen».

La propia autora confiesa que cree en lo sobrenatural y, de hecho, en EE.UU. estudio esoterismo y pertenecía a un grupo de médiums a los que recurría la policía para algunos casos criminales.

«El bosque es un símbolo que me gusta especialmente, porque simboliza todos los peligros ocultos» y en aquella época, en el propio bosque desaparecían personas.

Al contrario de lo que ha hecho Philip Kerr con su investigador de la Alemania nazi Bernie Gunther, al que el lector ha podido seguir después de la caída de Hitler, Ben Pastor cree que Martin Bora tendrá una larga vida como de cien años, pero en algún momento tendrá que «dejarlo libre».

Subraya que si tiene que decir algo interesante con el personaje, continuará con él, pero en ningún momento lo ve en Vietnam o en misiones de la OTAN.

La próxima entrega de Martin Bora, anuncia la autora, se situará en Creta en 1941, y en futuras novelas tiene también interés en mostrarlo en 1945, «pero no en Berlín, suficientemente cubierto por la literatura, sino, por ejemplo, en Prusia del Este, como último reducto, el lugar donde el protagonista pasaba sus vacaciones infantiles, a modo de cierre del círculo».

Será cuando Bora mire atrás y piense que, entre su participación en la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, habrán pasado ocho años de guerra y «lo único que le quedará será Remedios, la joven que conoció en España».

 

Por Jose Oliva.