¿Ayuda o amigos virtuales?: Asistentes de voz

Asistentes de voz
Foto: Andrea Warnecke/dpa

(dpa) – Para muchas personas, los asistentes de voz han pasado a formar parte de la vida cotidiana. Siri, Alexa y demás responden preguntas, ayudan a obtener información rápidamente, reproducen música obedeciendo a simples comandos de voz o recuerdan citas.

Las voces amables y las respuestas preprogramadas a preguntas divertidas o filosóficas podrían crear la impresión de que usuario y dispositivo mantienen una especie de relación.

Esther Görnemann, de la Universidad de Economía de Viena, se refiere a este fenómeno explicando que, al interactuar con la tecnología, a la gente le gusta antropomorfizar los objetos para explicar procesos que, de otro modo, no entiende: “Si Cortana no hace lo que yo digo, probablemente será porque ‘no quiere”.

Muchas personas entrevistadas en el marco de estudios afirman que Alexa puede reaccionar ‘ofendida’, ‘con descaro’, ‘de manera encantadora’, o incluso llegar a ser ‘un pequeño miembro de la familia que comparte a diario la mesa del desayuno’.

Según la experta, la tendencia a la antropomorfización es especialmente pronunciada entre los niños. Además, prosigue, hay un motivo social para antropomorfizar los objetos, y este cobra importancia en relación con la pandemia de coronavirus, ya que las personas que se sienten solas son más proclives a establecer vínculos sociales con objetos: “Intentamos compensar la falta de contacto con otras personas”.

El profesor Arvid Kappas, de la Universidad Jacobs de Bremen, en el noroeste de Alemania, señala que no hay que preocuparse si se tiene la sensación de que se habla mucho con el asistente digital.

“Sabemos que el aislamiento es una de las peores cosas a las que se puede someter a las personas. Si no se tiene la posibilidad de hablar o estar con otra persona, puede ocurrir algo así”, explica el psicólogo, y añade que, sin embargo, hay que intentar incrementar las interacciones sociales por otros medios y, por ejemplo, hablar por teléfono con personas reales.

El hecho de que los niños, por ejemplo, puedan percibir a los asistentes de voz como seres reales, no sorprende al profesor Kappas: “Uno no se preocupa cuando los niños hablan con su osito de peluche y piensan que el muñeco tiene vida propia”. El catedrático puntualiza que el hecho de que los niños sean capaces de realizar interacciones complejas con objetos inanimados no es una novedad.

Kappas especifica que, si bien la última generación de asistentes de voz puede entender el lenguaje mucho mejor que antes, por el momento se está todavía relativamente lejos de poder mantener una conversación profunda con un aparato.

Esther Görnemann comparte esta opinión, pero cree que el progreso técnico en el campo de la inteligencia artificial (IA) podría cambiar pronto esta situación: “El nuevo modelo GPT-3 de inteligencia artificial genera textos increíblemente buenos y reacciona de manera sorprendentemente creativa y versátil. Un modelo lingüístico tan bueno es un componente esencial para un asistente de voz con el que podamos establecer una conexión social”. Este solo se vuelve problemático, acota, cuando la gente empieza a sustituir sus contactos sociales con humanos por asistentes.

Según la opinión del profesor Andreas Dengel, director del Centro Alemán de Investigación de Inteligencia Artificial (DFKI), los asistentes de voz son un medio más para comunicarse y agilizar procesos, pero no son adecuados para consolar el alma.

Dengel argumenta que los dispositivos solo pueden fingir empatía: “La gente también necesita conversaciones negativas para sentir empatía. La comunicación interpersonal es más compleja y multidimensional de lo que podría ser una conversación con un asistente de voz”.

El académico advierte que, a pesar de la fascinación que despiertan los asistentes de voz, los niños no deberían jugar demasiado con ellos, ya que esto podría tener un efecto negativo en su capacidad de comunicación: “La comunicación no solo consiste en hablar, sino que también implica una variedad de formas de comunicación no verbales, como las expresiones faciales y los gestos o la proyección de la otra persona. Y eso no se aprende con esos aparatos”.

Además de los riesgos, el profesor Kappas también ve oportunidades para los asistentes de voz, ya que, para las personas mayores, en particular, podrían significar más libertad.

Kappas explica que un asistente de voz podría hacer la vez de acompañante, por ejemplo, recordando citas o la toma de medicamentos.

“Una interfaz de voz natural es mucho más adecuada para las personas mayores que no pueden teclear o visualizar una pantalla”, explica Kappas, y añade que también se le puede pedir al asistente de voz que llame a alguien sin tener que buscar un número e ingresarlo en el teléfono.

Sin embargo, el psicólogo acota que, para la mayoría de las personas, el uso de los asistentes de voz es simplemente un juego.

Esther Görnemann advierte que los asistentes de voz siempre conllevan riesgos de privacidad: “Pienso que es problemático el hecho de que, si establecemos una relación social con nuestro asistente de voz, estaremos revelando automáticamente más información personal. Esto ocurre de forma bastante involuntaria y puede que ni siquiera seamos conscientes de ello”.

La investigadora señala que los fabricantes ya han desarrollado patentes diseñadas para captar en los comandos palabras clave relevantes para la publicidad, y que en el transcurso del tiempo las empresas recogen toda la información posible sobre los clientes y derivan de esta, por ejemplo, qué publicidad puede funcionar y cuándo.

Görnemann advierte que, de esta manera, la publicidad puede adaptarse de forma tan individualizada que el usuario ni siquiera se da cuenta de que su propio comportamiento está siendo manipulado.

“Mientras los gigantes tecnológicos sigan accediendo a detalles personales y este proceso continúe siendo tan poco trasparente como lo es ahora, existe el peligro de que nos comportemos como el fabricante quiere sin siquiera darnos cuenta”, puntualiza la experta.

Por Eva Boller (dpa)