Buenos Aires, 8 ago (dpa) – Las jóvenes y adolescentes tomaron las calles para hacer oír su voz en Argentina: protagonizan la denominada «revolución de las hijas» en un país conmocionado por el debate sobre la legalización del aborto.
«Somos la voz de la nueva generación. Las hijas tomamos la posta», declaró hoy a dpa Florencia en un stand de una agrupación que asesora de forma anónima a las mujeres que necesitan información sobre cómo abortar.
La joven decidió participar de forma activa en la movilización popular de apoyo al proyecto para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina en una histórica votación en el Senado en Buenos Aires.
«Aunque la ley no se vote, este debate permitió que las chicas más jóvenes tengan una consciencia activa y la van a seguir impulsando en el futuro», sostuvo Florencia, que a sus 30 años ve a sus sucesoras en las adolescentes que se acercaron en una imparable marea verde al Congreso, por el color de los pañuelos a favor de la legalización.
Las más jovencitas apostaron por levantar las banderas de los derechos de la mujer. En muchos casos, para expresar lo que sus madres no pueden por convenciones generacionales, tapujos o creencias religiosas.
«Era el momento de despertarme», afirmó Abigail, de 17 años y que llegó con su amiga Dafne desde los suburbios para sumar su grano de arena. «Pasamos por tantas cosas que era nuestro turno de hablar», sostuvo.
«Por muchos años no me cuestioné nada hasta que surgió esto del feminismo y me di cuenta de un montón de cosas, de mis derechos, de mi cuerpo, de lo que quiero y me corresponde», declaró en tanto Camila, una joven estudiante de la patagónica provincia de Río Negro.
«Te empezas a informar y decís ‘¡No! Hay que luchar por esto’. Antes no había lugar para replantearte si querías ser madre. Hoy la realidad es otra», afirmó Camila, quien lamentó que su madre, en el sur, no pueda acompañarla. «Espero ser la voz de mi mamá también».
Su amiga Salma, de 21 años y con el cabello pintado de verde, pidió «mayores derechos para la mujer que generen un sistema nuevo basado en la igualdad de género». «Estamos por la ampliación de derechos», aseguró.
Las jóvenes y adolescentes son la amplísima mayoría en las movilizaciones a favor y en contra del aborto durante las históricas votaciones en el Congreso. Muchas aún están en la escuela secundaria y aseguran que no tienen banderías políticas ni ideológicas. Nunca antes habían participado en manifestaciones populares ni militado en agrupaciones feministas.
Pero asomaron en las calles primero en las masivas marchas de «Ni una menos» en contra de la violencia machista en Argentina. Y el debate del aborto las llevó a copar la plaza frente al Congreso. Algunas asistieron con amigas o con compañeras de estudio y el infaltable termo de agua caliente para tomar mate en la extensa vigilia. Otras, con centros de estudiantes de sus secundarios o universidades.
Las jóvenes no sólo se hicieron presentes en la multitudinaria marcha a favor del aborto, también fueron protagonistas de la manifestación «celeste» en contra de la interrupción voluntaria del embarazo.
Cuatro amigas de 21 y 22 años viajaron 800 kilómetros desde la ciudad de Córdoba «para defender las dos vidas». Con pañuelos y banderas celestes levantan sus pancartas: «Sí a la vida», «Los quiero a los dos, salvemos las dos vidas», «No manchen nuestra patria con sangre de inocentes».
«El niño por nacer no tiene voz y alguien tiene que decir que quiere vivir», sostuvo Lucía. «El problema de la mujer no es un hijo, sino que son muchos otros», agregó.
Más allá del debate sobre el aborto, todas reconocieron que les llegó la hora de pelear por los derechos de la mujer en una sociedad que suele relegarlas en varios aspectos.
«Pero estamos a favor de la verdadera igualdad. El movimiento feminista busca la supremacía de la mujer. Nosotras queremos la equidad, no la igualdad. Somos distintos», aclaró Paula, otra cordobesa «celeste».
De uno y otro lado de las vallas, a favor o en contra, las jóvenes decidieron alzar su voz, comenzar a ser protagonistas en un país en que los menores de 40 años no tienen peso a la hora de tomar decisiones, pese a que integren parte importante del caudal de votos.
Por Cecilia Caminos (dpa)