Alta tecnología en el bolsillo: Motorola Razr y Galaxy Z Flip

Foto: Catherine Waibel/dpa-tmn

(dpa) – ¡Guau, es como un regreso al año 2000! Excepto que la pantalla es táctil y de alta resolución y el internet móvil no se llama WAP sino LTE. Con el Razr 2019, Motorola lanza al mercado un evolucionado sucesor de su icónico teléfono plegable Razr. Pero la competencia nunca duerme.

También Samsung ha producido unos cuantos teléfonos con cubierta a lo largo de la historia de la compañía, pero ninguno alcanzó la fama del Razr de Motorola. En lugar de aferrarse al look retro, los coreanos apuestan ahora por un smartphone estéticamente independiente y lanzan el Galaxy Z Flip. Además de poder convertirse en compactos y caber en un bolsillo, los dispositivos de ambas compañías tienen algo en común: el precio de venta al público ronda los 1.500 euros (unos 1.670 dólares). A continuación, una comparativa.

Aspecto externo

Cualquiera que recuerde y gustase del Razr V3 de Motorola quedará prendado de inmediato del Rarz 2019. La forma y proporciones son similares. A diferencia del antiguo Razr metálico, el moderno está compuesto en gran parte de plástico. La carcasa cuenta con una gran cámara principal -que facilita la toma de selfies- y una pantalla OLED que permite consultar notificaciones o responder mensajes sin tener que abrir el teléfono.

El sensor de huellas dactilares se encuentra en la parte inferior de la “barbilla” del smartphone. Al desplegar el dispositivo, los dos módulos que componen la pantalla interna -de mayor tamaño- no presentan una gran línea divisoria.

Po el contrario, el Z Flip de Samsung se parece un poco al monolito de la famosa película “2001: odisea en el espacio”. Es brillante, cuadrado y misterioso. El exterior está hecho de vidrio reflectante, tiene doble cámara y una pequeña pantalla que muestra la hora y las notificaciones de mensajes. El sensor de huellas dactilares se encuentra en el botón de bloqueo lateral. Al plegar el dispositivo, en la parte interna queda un pequeño espacio entre los dos módulos que forman la pantalla principal.

Características técnicas

El Razr utiliza el chip de gama media Snapdragon 710 de Qualcomm. Ofrece seis Gigabytes (GB) de RAM y 128 GB de memoria para aplicaciones. El Android 9 está instalado como sistema operativo. No hay espacio para las tarjetas de memoria ni para una tarjeta SIM. El Razr confía plenamente en el eSIM, así que quienes apuesten por esta tecnología deben contactar primero con su proveedor de telefonía móvil.

Por su parte, el Galaxy Z Flip de Samsung cuenta con un Snapdragon mayor: 855,8 GB de RAM y 256 GB de memoria fija -sin tarjetas de memoria-. Además de la ranura para una nano-SIM, lleva una eSIM integrada.

Desempaquetado

El Razr viene dentro de una sofisticada caja con soporte para el teléfono en posición vertical, cuyo diseño persigue también mejorar el sonido de los altavoces -objetivo dudosamente conseguido-. La caja trae también auriculares y cable USB-C en un bonito estuche plegable.

El contenido de la caja de Samsung es más frugal. Contiene auriculares, cargador y cable de carga rápida. Incluye una cubierta protectora en la que se encuentran las instrucciones.

Uso diario del Razr

Después del primer efecto de grata sorpresa que producen ambas pantallas plegables, surge una ligera desilusión. Especialmente con el Razr. Al abrirlo y cerrarlo su bisagra emite un sonido, el grueso mentón del teléfono dificulta el funcionamiento de la parte inferior de la pantalla y la parte superior del dispositivo resulta pesada -debido a la batería allí incorporada-.

Por otro lado, la cámara del Razr a menudo no cumple con las expectativas. De luminosidad limitada, se toma su tiempo para hacer una foto y la calidad de los colores deja que desear. Para los nostálgicos, basta dirigirse al menú de configuración rápida y activar la opción “Retro Razr” para que aparezca el inconfundible teclado iluminado del clásico modelo de 2004.

En términos de rendimiento, el dispositivo funciona de maravilla. La pantalla plegable es bonita, brillante y amplia. A priori, su delgadez hace dudar de su durabilidad. Cuando se pliega, da la sensación de que va a entrar polvo por el milimétrico espacio que queda entre la parte superior e inferior de la pantalla. Sin embargo, en una prueba que duró siete días permaneció impecable.

Si se utiliza mucho el dispositivo, la batería, con una capacidad de 2.510 miliamperios/hora, no aguanta toda la jornada. Una lástima: falta la carga inalámbrica.

Uso diario del Flip

También en este caso cierta desilusión sucede a la euforia inicial, al menos hasta que uno se acostumbra a usarlo. A diferencia del Razr, el Z Flip puede abrirse y utilizarse en diferentes ángulos y posiciones. Por ejemplo, puede ser desplegado en un ángulo de 90 grados y apoyado sobre una mesa mientras se realiza una videollamada con manos libres o se hace una foto con la garantía de que no saldrá movida (al estar apoyado el dispositivo evita la trepidación o el movimiento de la cámara).

Los dos módulos que componen la pantalla, separados por la bisagra, parecen más sólidos que los del Razr pero se nota más el pliegue que forma el dispositivo al doblarse. En comparación con el modelo de Motorola, la bisagra parece más resistente y la protección contra la penetración de polvo da la impresión de ser mayor. Samsung ha aprendido de la debacle del visible pliegue del Galaxy Fold.

Además, ofrece buenos términos de rendimiento y duración de la batería, e incluso cuenta con carga inalámbrica. La cámara es similar a la del Galaxy S10e y aunque las fotos resultantes son ligeramente exageradas en términos de color, por lo demás son impecables.

Impresionante: la función de toma única. El dispositivo toma las fotos y los vídeos utilizando todas las cámaras y combinando diferentes ángulos de visión y filtros. Así que se puede hacer una foto una sola vez y luego elegir entre sus muchos resultados.

Qué cuesta un plegable

Lo que los usuarios de ambos dispositivos tienen garantizado es que llaman la atención. Ya sea entre amigos, en el tren o en cualquier otro lugar, donde sea y como fuera, quien abra un Razr o un Flip cuanto menos será objeto de miradas. Es muy probable que los curiosos se acerquen a preguntar el funcionamiento del dispositivo, a explicar cuánto les recuerda a sus viejos teléfonos móviles, y otros -los más jóvenes- aplaudirán el nuevo diseño.

Normalmente, cuando se menciona el precio la conversación suele terminar. Curiosamente, incluso cuando sobre la misma mesa hay teléfonos inteligentes de otros fabricantes con costes similares. Un Samsung Z Flip cuesta unos 1.644 dólares. El dispositivo está disponible en tiendas de la marca. El precio de venta recomendado por Motorola para el Razr es de aproximadamente 1.775 dólares.

¿Debería comprarlo ahora?

Conclusión: los teléfonos con cubierta están funcionando bien. Tras un primer -y no exitoso- intento de lanzamiento al mercado de modelos como el mencionado Galaxy Fold o el Mate X de Huawei, puede decirse que Motorola Razr y Galaxy Flip son adecuados para el uso diario. Pero quien pone un smartphone de más de 1.500 dólares sobre la mesa espera excelencia en todas las áreas -o quiere demostrar que puede poner un smartphone de unos 1.500 dólares sobre la mesa-.

Si se busca tecnología consistente, la primera impresión es que ambos móviles la ofrecen. Queda por ver la durabilidad de los dispositivos, a pesar de todas las promesas hechas por los fabricantes. Tras una semana de uso, el Z Flip de Samsung da la impresión de ser más fiable cuando se pliega y despliega. El interior, las cámaras y la vida de la batería también son superiores. Recientemente, el portal de reparaciones “ifixit.com” otorgó a ambos dispositivos malas notas. El tiempo lo dirá.

Para quien considere el smartphone plegable como una manifestación de moda, en realidad sólo tiene que decidir qué se ajusta mejor a sus gustos o preferencias de diseño: el estilo retro de Motorola o la pantalla exterior a modo de espejo de Samsung. Ambos son elegantes y una muestra de excelente ingeniería. Garantizado: quien los saca de su bolsillo capta la atención de los que están a su alrededor.

Por Till Simon Nagel (dpa)