Alemania juzga por primera vez a un ex presidente federal


analisis2Hannover (Alemania), 12 nov (dpa) – A partir del jueves será juzgado por primera vez un ex jefe de Estado de la República Federal de Alemania. El democristiano Christian Wulff deberá responder ante la Segunda Cámara Penal del Tribunal Regional de Hannover por el caso de presunto cohecho que le costó el cargo en febrero de 2012.

La Fiscalía General de Hannover, en el norte del país, demandó a Wulff, de 54 años, por su controvertida relación con el productor de cine David Groenewold, acusado a su vez de corrupción.

Según los fiscales, Groenewold pagó en 2008 parte de los viajes de Wulff, entonces primer ministro de Baja Sajonia, a la famosa Fiesta de la Cerveza de Múnich: un total de 719,40 euros (964 dólares).

El político de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel afirmó que desconocía que su amigo hubiera asumido parte de los gastos de alojamiento y se preguntó si no era lícito poder invitar o dejarse invitar por amigos a una comida.

«También un primer ministro debe poder tener amigos y poder ir a comer con ellos o ser invitado por ellos a la Oktoberfest», señala Uwe Hellmann, especialista en derecho penal de la Universidad de Potsdam. «Pero los problemas empiezan si esta amistad tiene un aspecto comercial».

Lo que, según los fiscales, ocurrió en este caso. Solo un día después de invitar a Wulff a la Fiesta de la Cerveza, el productor cinematográfico le escribió para solicitarle que intercediera por uno de sus proyectos ante el presidente del gigante tecnológico Siemens, Peter Löscher. Algo que Wulff efectivamente hizo dos meses y medio más tarde.

«Este proceso será el acontecimiento del año. Va a ser un retrato de las costrumbres del país», valoró el analista político Michael Spreng.

En diciembre de 2011 salieron a la luz informes de prensa sobre un préstamo hipotecario a Wulff de un empresario amigo, a los que sucedieron detalles sobre estadías en casas de veraneo de otros amigos acaudalados.

Al crecer cada vez más la lista, la fiscalía de Hannover solicitó que se levantase la inmunidad de Wulff como jefe de Estado en febrero de 2012. Un día más tarde, presentó la renuncia. Wulff ocupó solo 20 meses el máximo cargo protocolario de Alemania y vivió un verdadero calvario mediático los últimos dos.

«Eso fue claro ejemplo de cómo el periodismo se puede ensañar con alguien», lamentó el directivo de la revista «Stern», Hans-Ulrich Jörges.

Tras dos años de pesquisas en los que analizaron al detalle los movimientos de cuenta bancaria del ex mandatario e interrogaron a un sinnúmero de personas, incluidos choferes, empleados, guardaespaldas, y porteros, los fiscales acusaron a Wulff de corrupción.

Sin embargo, el tribunal no encontró indicios para ello y rebajó el caso a cohecho, disminuyendo así la posible condena. El cohecho está penado con hasta tres años de prisión en suspenso o el pago de un multa, mientras que la otra opción prevé penas de hasta cinco años de cárcel.

Un total de 22 audiencias están programadas hasta principios de abril de 2014 y 46 testigos serán llamados a declarar, incluidos una conocida actriz de televisión y el dueño de uno de los mayores grupos de medios. El fallo puede ser apelado ante el Tribunal Superior de Alemania.

La fiscalía ofreció a Wulff archivar el caso a cambio del pago de una multa de 20.000 euros, pero el político se negó. Dijo que sería entendido como una confesión de culpa y se mostró empeñado en defender su buen nombre. Su abogado, Bernd Müssig, declaró en una entrevista televisiva que las acusaciones «prácticamente lo habían destruido como persona».

En el último tiempo se ha sabido poco de Wulff. El ex presidente y su segunda mujer se separaron. La casa para la cual pidieron el préstamo que desencadenó el «affaire» fue vendida y ella volvió a visitar la Fiesta de la Cerveza, esta vez acompañada por un apuesto hombre de negocios. Wulff aparece rara vez en público y el giro que ha dado su vida le ha hecho perder kilos y ensombrecido el semblante

Por María Laura Aráoz