Madrid, 31 jul (dpa) – España ha venido resistiendo como territorio inmune a las tendencias de ultraderecha, eurófobas o xenófobas que crecieron los últimos años en socios europeos como Alemania, Francia o Italia. ¿Podría cambiar ahora esa situación excepcional debido a la grave escalada del drama migratorio en el sur del país?
La chispa que puede desatar un giro social y político parecer haberse encendido. España desplazó este año a Italia como primer destino de refugiados, recibe un goteo incesante de botes con migrantes y cientos asaltaron violentamente la semana pasada la valla fronteriza de Ceuta, uno de los enclaves españoles en el norte de África.
El tema migratorio, ausente desde hace años en una agenda política dominada por otros temas como la crisis independentista en Cataluña o la corrupción, entró de lleno en primera línea del debate. Y lo hizo con un tono crispado que recordó al discurso de otros partidos de derecha en Europa o Estados Unidos.
«No es posible que haya papeles para todos, ni es sostenible un estado de bienestar que pueda absorber a los millones de africanos que quieren venir a Europa», lanzó el fin de semana el conservador Pablo Casado, nuevo líder del Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy. «Tenemos que decirlo, aunque sea políticamente incorrecto».
La frase, apuntaron los críticos, incluye varias imprecisiones.
El repunte migratorio comenzó ya en el Gobierno del propio Rajoy en 2017, cuando las llegadas se dispararon un 270 por ciento. Y responde más a factores como el cierre de la ruta del Mediterráneo oriental que a políticas del nuevo Gobierno socialista de Pedro Sánchez, que sucedió a Rajoy hace solo dos meses gracias a una moción de censura.
Además, Madrid no propuso en ningún momento «papeles para todos». Y el país no recibe «millones» de africanos: en lo que va de 2018 fueron 22.200, un número sin duda considerable que iguala ya el del conjunto de 2017, aunque sigue siendo muy inferior a los 850.000 que recibió, por ejemplo, Grecia en el pico de la crisis en 2015.
Pero más allá del contenido, Casado inauguró un tono que podría marcar la política española los próximos meses. El joven abogado y economista de 37 años acaba de ser elegido nuevo líder del PP con la apuesta por recomponer el perfil conservador del partido, difuminado por Rajoy. Y la migración le ofreció el argumento perfecto.
«Esto representa un giro muy notable y tangible del PP, uno de los pocos partidos conservadores de Europa que no se habían apuntado a discursos xenófobos», dijo a la agencia dpa Gonzalo Fanjul, director de investigación de la fundación porCausa, dedicada al periodismo e información sobre migraciones y pobreza.
«Lo sorprendente era la responsabilidad que el PP había mostrado hasta ahora en el tema. Casado ha entrado como un elefante en una cacharrería», consideró el investigador.
El líder del PP anunció un viaje a Ceuta, el enclave en el norte de África por el que la semana pasada entraron en España 600 migrantes. También el principal rival por el voto conservador, el líder de Ciudadanos Albert Rivera, visitó la zona ya el lunes y pidió al Gobierno de Sánchez acabar con el «buenismo» en materia migratoria.
Mientras diversos líderes de izquierda acusaron a Casado de «alarmista», Madrid consideró que se está acercando «muchísimo» al xenófobo Matteo Salvini, el ministro del Interior italiano. Pero la opinión decisiva la tendrán la sociedad española y el alcance de su inquietud legítima ante el drama migratorio.
¿Calará en España un nuevo discurso de alarma frente a la inmigración? «Casado seguirá adelante si considera que hay potencial electoral con este tema. Y no sabemos cómo va a responder el electorado ante ese discurso», analizó Fanjul, dejando abierta la cuestión.
Un sondeo de la ONG Oxfam Intermón reveló que los españoles se muestran comprensivos con los migrantes: un 87 por ciento considera que los Gobiernos europeos podrían hacer algo más para ayudarlos. «Pero mi opinión es que, si uno rasca un poco, en el fondo no son tan diferentes. Sobre todo si se agitan sus miedos», sostuvo el experto.
La posibilidad de ese rédito electoral, la reubicación de Rivera y Casado en el centro y la derecha del nuevo paisaje político español creado por el cambio de Gobierno, la capacidad de Sánchez para exhibir acción y éxitos ante la crisis y la ayuda de Europa resultarán decisivos las próximas semanas.
Entonces se verá si los políticos y los ciudadanos de España siguen siendo inmnunes, como hasta ahora, a tentaciones xenófobas o alarmistas.
Por Pablo Sanguinetti (dpa)