Bogotá, 1 jul (dpa) – Un golpe asestado hace una década por el Ejército en la selva del sur de Colombia puede ser visto como el principio del final de las FARC como organización guerrillera, que por esa época tuvo que afrontar una fuerte ofensiva que disminuyó el poder que alcanzó a ostentar en los años 80.
La «Operación Jaque», que terminó con el rescate de 15 personas que durante años fueron rehenes de la guerrilla, entre ellas la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, es considerada como una «obra maestra» de la inteligencia militar porque concluyó con la misión cumplida y sin que se derramara una gota de sangre.
El rescate fue ordenado por el presidente Álvaro Uribe (2002-2010) a su entonces ministro de Defensa, el actual jefe de Estado Juan Manuel Santos, quien planificó la maniobra en estricto secreto.
Santos convocó a los generales Freddy Padilla y Mario Montoya, a la sazón comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, respectivamente, quienes con un puñado de asesores idearon una maniobra para sacar de la selva a 15 personas que estaban en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Betancourt fue tomada como rehén en febrero de 2002 cuando visitaba el departamento de Caquetá en medio de su campaña presidencial y se convirtió en un símbolo de los secuestrados en Colombia.
Quienes planificaron la acción lograron infiltrar a las FARC y se inventaron un plan para hacer creer a los custodios de los rehenes que éstos debían ser trasladados a otro campamento porque los máximos jefes guerrilleros habían acordado con el Gobierno un canje por subversivos presos.
La base militar de Tolemaida, a unos 85 kilómetros al suroeste de Bogotá, se convirtió en el centro de operaciones de los pocos oficiales que conocían los detalles.
Un helicóptero del Ejército fue pintado allí con los colores de una supuesta organización no gubernamental que se ofreció a trasladar a los secuestrados.
Tras varias semanas de preparativos entre Santos y los generales Padilla y Montoya, los tripulantes del helicóptero partieron el 2 de julio de 2008 para la operación más arriesgada de sus vidas.
El destino era un punto selvático del departamento de Guaviare donde cerca de 300 guerrilleros esperaban a los falsos enviados, quienes esposaron a los rehenes para no levantar sospechas y trataron con muestras de simpatía a dos mandos medios de las FARC encargados de acompañarlos en el viaje.
Pocos minutos después del inicio del vuelo de regreso, los supuestos delegados de la ONG se identificaron como miembros del Ejército y redujeron a los dos guerrilleros, quienes sufrieron una fuerte golpiza. Los ya entonces ex rehenes parecían no entender lo que ocurría.
Al recordar el décimo aniversario de la «Operación Jaque», Santos afirmó que el momento de mayor angustia que ha sentido en su vida fueron los cerca de 15 minutos en que el helicóptero estuvo rodeado de guerrilleros que por cualquier descuido pudieron haber advertido que se trataba de una acción de rescate.
«Yo estaba esperando un código, porque era el código del piloto cuando ya estuviera despegando, y eso se demoró y se demoró. Fueron los minutos más angustiosos de mi vida (…) La ‘Operación Jaque’ fue tal vez la operación de inteligencia militar más audaz, más ingeniosa y más exitosa de la historia reciente en el mundo entero», señaló Santos, a punto de terminar su Gobierno.
Según Santos, el golpe propinado a las FARC marcó un antes y un después en la historia de ese grupo, pues la ofensiva militar en su contra lo condujo a iniciar un proceso de paz con su Gobierno en 2012, que concluyó con la firma de un acuerdo definitivo en 2016.
«La ‘Operación Jaque’ tuvo dos efectos diametralmente opuestos. Para nuestras Fuerzas Militares, fue una inyección de moral, de entusiasmo, de optimismo, de seguridad en sí mismo. Para las FARC fue un golpe mortal a su moral, a su entusiasmo, a su capacidad de continuar esa guerra que habían librado durante tantos años», agregó Santos.
Además de Betancourt, en la «Operación Jaque» fueron rescatados tres estadounidenses secuestrados en 2003 cuando recogían información sobre cultivos de hoja de coca en Colombia para el Departamento de Defensa de Estados Unidos, así como 11 militares colombianos.
Por Rodrigo Ruiz Tovar (dpa)