Barcelona amanece tomada por el ‘seny’ tras un domingo de ‘rauxa’


Barcelona, 26 mar (dpa) – Barcelona amaneció hoy como cualquier lunes de Semana Santa: trabajando a medio gas, con muchos niños en las calles y sin apenas rastro de las concurridas manifestaciones que el domingo recorrieron algunas de sus principales arterias para protestar por la detención en Alemania del ex presidente catalán Carles Puigdemont.

Los contenedores quemados en la noche del domingo por algunos grupúsculos habían desaparecido sin dejar huella. Las patrullas policiales habían vuelto al número habitual. Y el helicóptero de la Policía ya no sobrevolaba el céntrico Paseo de Gracia, donde los miles de manifestantes del domingo habían dado paso a trabajadores en plena faena y turistas ávidos de retratarse junto a La Pedrera.

Lo hacían ajenos a la delicada situación política de la región situada al noreste de España y bajo la mirada de una patrulla armada de los Mossos d’Esquadra, la policía catalana.

«Esta calma no quiere decir que por debajo no se mueva toda una marea», dijo a dpa Jordi Vilalta, un taxista de 51 años.

«Lo que pasó ayer y todos estos meses pasó, queda en la conciencia y no lo olvidaremos. Seguiremos luchando, pero hoy a nosotros nos toca trabajar en lo nuestro y a los dirigentes, en lo suyo», añadió, junto a la Delegación del Gobierno español en Barcelona.

«Lo de ayer fue «la rauxa» (el arrebato), lo de hoy es el «seny» (la sensatez, el sentido común)», ilustró este taxista, aludiendo a las dos características que tradicionalmente definen al pueblo catalán.

Cierto arrebato y, sobre todo, «indignación» es lo que sentía aún hoy Borja Ballbé, un fotógrafo de 33 años, que decidió plantarse ante la Delegación del Gobierno español en Barcelona con una pancarta que pedía la «libertad de los presos políticos».

«Como estoy indignado y necesito hacer algo, vengo un rato aquí y protesto, a ver si (Enric) Millo (el representante del Gobierno español en Cataluña) me ve y tiene algo que decirme», dijo a dpa Ballbé.

En el mediodía barcelonés, era el único que seguía protestando frente al edificio que el domingo protegía de los manifestantes una muralla de Mossos d’Esquadra con sus furgonetas y que hoy aparecía aún totalmente vallado, pero apenas custodiado por una patrulla de la Policía Nacional.

En las calles aledañas, multitud de lazos amarillos adornaban la calzada, junto a un par de lemas: «llibertat» (libertad) y «freedom for Catalonia» (libertad para Cataluña).

«Yo no confío en la Justicia española, aquí no hay separación de poderes; pero sí confío en la alemana», afirma este fotógrafo, con la esperanza de que Alemania no extradite a Puigdemont, después de haberlo detenido el domingo mientras circulaba por su territorio, en virtud de una orden europea de detención emitida por España.

«La mejor noticia para nosotros sería que lo juzgaran en Alemania porque, aunque sabemos que los lazos entre los respectivos Gobiernos son estrechos, creemos que la Justicia alemana no tiene nada que ver con esa relación», añadió Vilalta, en alusión al buen entendimiento entre el Ejecutivo presidido por Angela Merkel y el encabezado en España por Mariano Rajoy.

«Confiamos plenamente en la Justicia alemana y en que no se arrugue y no ejecute la extradición», añadió el taxista catalán. «Si Alemania se comporta como Bélgica, será muy favorable para nosotros».

Frente al Consulado alemán en Barcelona, mientras, la calma y la normalidad eran absolutas.

«Desde las siete y media de la mañana que yo estoy aquí, no he visto que nadie se haya acercado por aquí con ninguna pancarta o para protestar», aseguró a dpa el conserje del edificio que atiende específicamente a quienes visitan el Consulado germano.

El domingo, miles de personas marcharon hasta allí para pedir a Alemania que trate con justicia a Puigdemont y no acceda a los pedidos del Estado español.

«Yo tampoco he visto nada hoy aquí; hay absoluta normalidad, aunque algunos colegas del trabajo que son independentistas, y estaban tristes y cabreados, decían que debería haber más manifestaciones, que esto está demasiado tranquilo», agregó Carlos, un diseñador brasileño de 38 años, que trabaja en el mismo edificio que acoge el Consulado de Alemania.

«Un compañero mío que es alemán lamentó que a Puigdemont lo detuvieran en Alemania; cree que será un problema para su país. Yo no sigo mucho la cuestión, un poco por los diarios, pero ayer y hoy, cuando salí por la ciudad, tampoco vi nada fuera de lo normal», continuó este hombre afincado en Barcelona desde hace seis años.

«Se vienen las vacaciones de Semana Santa y …», concluyó con una sonrisa irónica, mientras un par de periodistas de un canal germano se situaban frente al escudo alemán para hacer su crónica.

Por Noelia Román (dpa)