Madrid, 25 mar (dpa) – Pocas personalidades sacudieron con tanta intensidad la vida política y social de España los últimos años como Carles Puigdemont. Con su plan para declarar la independencia unilateral de Cataluña, el ex presidente de la región abrió una crisis que no se cierra con su arresto hoy en Alemania.
Más bien lo contrario: la detención del separatista de 55 años por la Policía alemana después de que España emitiera una orden de captura europea contra él abre un nuevo capítulo en una escalada de tensión que desde hace meses tiene en Puigdemont su cara más visible.
No es un logro menor para una figura cuyo rostro era casi desconocido hasta hace dos años y que desde septiembre ocupa las portadas de los principales diarios del mundo a raíz de la crisis catalana, una de las más graves en la historia de la democracia española.
Filólogo y periodista de profesión, Puigdemont llegó a la presidencia del Gobierno catalán casi por casualidad en enero de 2016. Su nombre no aparecía en ninguna de las apuestas para relevar a Artur Mas cuando éste se vio obligado a dar un paso atrás presionado por la CUP, un partido antisistema que no lo veía con buenos ojos.
Pero la necesidad del apoyo de esta fuerza al Gobierno catalán en el Parlamento de la región era tan importante entonces, en un momento clave del proceso secesionista, que el hombre que lo había impulsado desde el inicio tuvo que retirarse para evitar una crisis.
Y Puigdemont, independentista convencido y alcalde de la ciudad catalana de Gerona, se puso al frente del Ejecutivo regional con la misión de guiar a la región hacia la secesión de España.
«No son tiempos para cobardes ni para los que les tiemblan las piernas», dijo en su discurso de investidura. «Soy consciente de que iniciamos un proceso que no es fácil ni cómodo. Habrá que poner valor y coraje pero no temeridad».
Desde entonces, su discurso no ha cambiado. Su primer gran desafío lo lanzó a principios de septiembre cuando, desoyendo a la Justicia y al Gobierno español, convocó un referéndum de independencia ilegal que se celebró el 1 de octubre sin garantías y con altercados entre votantes y la Policía.
Esa misma noche aseguró que los ciudadanos catalanes se habían «ganado el derecho a tener un Estado independiente». Cuatro semanas después, el Parlamento catalán aprobó una resolución para crear la república catalana, lo que supuso la destitución del Gobierno regional por parte de Madrid y la convocatoria de comicios.
A diferencia de varios miembros de su Gobierno que hicieron frente a la Justicia y quedaron detenidos, Puigdemont optó por eludir a los tribunales y desplazarse a Bruselas con cuatro ex consejeros (ministros regionales). Desde allí siguió nucleando la estrategia soberanista.
Puigdemont fue siempre un separatista convencido. Miembro del partido de Mas, hoy llamado Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), formó parte de diversas organizaciones a favor de la secesión y estuvo al mando de la asociación que congrega a los municipios que la defienden.
Diputado en el Parlamento de Cataluña desde 2006, un año después encabezó la candidatura de Convergència i Unió (CiU, coalición nacionalista liderada por Mas hasta que se fracturó, en 2015) al Ayuntamiento de Gerona, ciudad de 100.000 habitantes.
En aquella ocasión no ganó las elecciones y se mantuvo en la oposición hasta 2011, cuando se convirtió en alcalde.
Aunque estudió filología catalana, se dedicó al periodismo hasta que entró en política y llegó a ser redactor jefe del diario catalán «El Punt» y director de la agencia pública de noticias de la región, además de publicar varios libros y ensayos, entre ellos «Cata… què? Catalunya vista per la premsa internacional», (La Campana, 1994).
Amante del rock, es asiduo a las redes sociales, donde publica mensajes a diario. Habla español, catalán, francés, inglés y también rumano, ya que su mujer, con la que tiene dos hijas, nació en Rumanía.
El enero de 1983, cuando tenía 21 años, «volvió a nacer» al superar un grave accidente de tráfico que le destrozó la cara y le dejó cicatrices que cubre con su peculiar peinado, objeto de bromas. Ahora, está por ver si podrá «resucitar» políticamente tras los meses en Bruselas y el arresto que parecen poner fin a su carrera.
Por Ana Lázaro Verde (dpa)