Barcelona, 10 mar (dpa) – Son más de un centenar, aglutinan a miles de activistas por la supuesta «República» catalana y constituyen, de facto, su mejor estructura de Estado. Son los Comités de Defensa de la República (CDR), grupos nacidos para defender el referéndum soberanista del 1 de octubre en Cataluña y convertidos hoy en la más sólida muestra de que la lucha por la independencia continuará.
La mayoría de los CDR apoyará mañana domingo la manifestación convocada en Barcelona por la entidad civil Assemblea Nacional Catalana (ANC) bajo el lema «¡Ahora República!». Pero sus integrantes van más allá: están convencidos de que solo ellos podrán construir la República catalana que el «Parlament» en Barcelona proclamó simbólicamente el 27 de octubre y luego no instaló.
«Los CDR existen porque están al margen de los políticos. Porque nos dimos cuenta de que solo nosotros nos salvaremos. Porque si ellos no pueden, nosotros sí podremos», cuenta a la agencia dpa Pere, un empresario de 50 años, miembro del CDR del barrio barcelonés de Gracia. «Cuando los políticos fallan, sigue existiendo la iniciativa popular, que es un movimiento transversal».
Los CDR se extienden por toda Cataluña, pero son estructuras pequeñas que actúan normalmente por barrios, independientes los unos de los otros, y de manera asamblearia. Sus miembros son variables, se comunican a través de WhatsApp o Telegram y acostumbran a reunirse en alguna de las plazas del barrio una o dos veces por semana. La coordinadora nacional, después, teje la gran red. No suelen tener cabezas visibles, pero sí gran capacidad de movilización.
Lo demostraron en el referéndum del 1 de octubre, cuando, con sus acciones en los centros electorales consiguieron primero que éstos se abrieran para la votación y, finalmente, que la votación declarada ilegal por la Justicia española se llevara a cabo.
«Nos pusimos en pie de defensa y de resistencia. Lo que hicimos esos días fue el ejercicio de un derecho», señala a dpa Regina, una mediadora social de 49 años, también integrante del CDR de Gracia.
«Ahora, nos mueve la razón y el miedo, que no es racional. Pero el deseo de independencia es cada vez más racional. La gente que se suma es porque no soporta más el modelo de España», continúa. «Ésta es la lucha de un pueblo contra un Gobierno opresor y contra un sistema, el de la monarquía, con el que no nos sentimos identificados, no contra el pueblo español».
Y es que esa defensa, que estaba prevista sólo para el referéndum, se prolongó luego por la respuesta policial y judicial con la que el Estado central y el Gobierno de Mariano Rajoy intentaron poner freno a la deriva independentista.
La disolución del Parlamento catalán junto con la destitución en pleno del «Govern» regional y la posterior encarcelación de varios de sus miembros y de los líderes de la ANC y de Òmnium Cultural, la otra gran asociación cívica proindependentista, no hicieron sino incrementar el número de personas que decidieron unirse a los CDR.
«Ante el avasallamiento y la agresión policial del Estado español, se dio un proceso de solidaridad de un montón de gente que vivía con dudas y en un desamparo, y que decidió organizarse», apunta Pere.
«A partir de ahí, confluye mucha gente de movimientos políticos y sociales, gente que ya estaba organizada, pero también gente que había militado en diversos movimientos en su juventud y luego se había alejado, como es mi caso; y gente que nunca había hecho nada y sintió la necesidad de hacer algo por coherencia y dignidad democrática», añade a dpa.
«Porque los CDR representan una nueva forma de hacer las cosas, suponen recuperar el papel de autorepresentación de los ciudadanos, volver a ejercer la política de la manera que habíamos olvidado, desde abajo», explica el integrante del CDR de Gracia.
Tras el 1 de octubre, las asambleas de los CDR y sus acciones se sucedieron: cortes puntuales en carreteras para reclamar la libertad de los presos, concentraciones junto al «Parlament» para presionar a los políticos independentistas, una ‘excursión’ a Bruselas para apoyar a Carles Puigdemont, ex jefe del Ejecutivo catalán que se refugió en la capital europea tras su destitución y luego encabezó la lista soberanista más votada en las elecciones catalanas del 21 de diciembre.
«Además de la movilización en la calle, lo más importante para nosotros es el debate sobre cómo tiene que ser la República catalana», asegura a dpa Toni, un terapeuta de 60 años, miembro del CDR de Sants, un barrio barcelonés tradicionalmente activista. «Estamos ante un retroceso democrático brutal y la situación resulta estresante y dura, pero lo superaremos».
En comisiones propuestas por cualquier miembro del grupo, los CDR debaten sobre leyes, Constitución, género, educación o sobre cómo implementar la república que anhelan. No les desalientan las mentiras confesadas por los políticos ni su actual inacción.
«Si bien hay una parte de desmotivación, todos los que estamos en los CDR es porque hemos hecho un cambio de mentalidad. Ya no somos ciudadanos adscritos a la monarquía española, aunque oficialmente sea así. Mentalmente, yo ya vivo en la república, ya sé dónde no quiero ni puedo estar», afirma Pere, en alusión a su desconexión de España.
«Hemos asumido, además, que nos espera una lucha larga y de profundidad», concluye. Una lucha que se reanudará mañana cuando la ANC vuelva a tomar el pulso de la calle con una nueva manifestación tras meses de inacción.
Por Noelia Román (dpa)