Kiev, 26 feb (dpa) – Vitali Klitschko se muestra dispuesto a la lucha. El primer día del plazo de inscripción, el ex campeón mundial de boxeo presentó su candidatura como presidente de Ucrania. «Debe imperar la justicia», subrayó el político de 42 años, que ya había anunciado su decisión hace meses. Después de años de gobierno del ahora derrocado Viktor Yanukovich y su sistema corrupto, la estrella deportiva quiere ganar las elecciones del 25 de mayo para cambiar su patria.
Gracias a sus numerosas y exitosas peleas de boxeo y su oposición a Yanukovich, Occidente, sobre todo, festeja al deportista de dos metros de alto como una estrella de pop. Sin embargo, muchos ucranianos ven al «Dr. Puños de Hierro» de forma crítica.
Sus opositores acusan al jefe del Partido Udar (Golpe), con representación en el Parlamento, de carecer de talento político y de no tener ningún proyecto.
Durante las protestas de meses contra Yanukovich, que derivaron en una gran cantidad de muertos en los últimos días, Klitschko estuvo siempre en primera plana, intentando negociar incluso con el presidente. Sin embargo, su desempeño no es tan bueno en los escenarios: no tiene el talento para la oratoria de Arseni Yatseniuk, el jefe del bloque del Partido de la Patria de la ex primera ministra Julia Timoshenko. De hecho, Klitschko, cuyo idioma materno es el ruso, tiene algunos problemas cuando tiene que dar discursos en ucraniano y suele llevar en la mano un papelito con algunos recordatorios.
La influencia de Klitschko sobre las fuerzas radicales que apoyan las protestas callejeras es escasa. Los manifestantes llegaron a atacarlo con el contenido de un extintor de fuegos, momento que fue inmortalizado con una foto. Fue silbado varias veces en la Plaza Maidan (Independencia), centro de las protestas en Kiev, por haber estrechado la mano de Yanukovich. Klitschko se disculpó por ello.
«A fin de cuentas es un deportista, no un político», opinó Roman, un guardia de 49 años en la plaza Maidan. Este tipo de comentarios son frecuentes. Klitschko es reconocido como boxeador, pero no ha logrado imponer aún su perfil como político. También se lo señala por haber perdido en dos oportunidades las elecciones a la alcaldía de Kiev. A ello se suman quienes opinan que Klitschko ni siquiera cumple con los requisitos para ser candidato a presidente por haber vivido durante mucho tiempo en la ciudad alemana de Hamburgo. El artículo 103 de la Constitución establece que los candidatos tienen que haber tenido su domicilio en Ucrania en los últimos años.
A Klitschko le gusta mostrarse sonriente junto a importantes políticos occidentales, estrechándoles la mano. En Berlín, se reunió con la canciller Angela Merkel y está en estrecho contacto con el ministro del Exterior Frank-Walter Steinmeier. Durante la Conferencia de Seguridad en Múnich fue una de las estrellas sorpresa.
El ucraniano no oculta que quiere llevar a la ex república soviética hacia Occidente. Muchos ucranianos ven con buenos ojos que uno de ellos tenga tan buena reputación allí. Es por eso que, a pesar de las críticas, Klitschko tiene posibilidades de cara a la presidencia tres meses antes de las elecciones. De entre todos los candidatos potenciales, «Klitsch» -como lo llama la secretaria de Estado adjunta de Estados Unidos, Victoria Nuland-, cuenta con los mayores índices de confianza.
«La gente quiere un gobierno que comience de una vez por todas a trabajar y deje atrás la corrupción», subrayó el ex boxeador y padre de tres hijos en declaraciones al diario «Segodnja».
A pesar de llevar casi un año y medio como jefe del bloque de su partido Udar en el Parlamento, Klitschko sigue siendo una cara nueva, al menos en comparación con Timoshenko, que salió de la cárcel este fin de semana, y que aún duda sobre una candidatura definitiva. Que Klitschko lleva la delantera queda demostrado por el buen resultado de su partido en las elecciones parlamentarias de la segunda mitad de 2012.
Los expertos creen que el boxeador tiene posibilidades sobre todo si logra ganarse a la población de habla rusa del sur y este del país. Con la caída de Yanukovich, quedó un espacio en blanco para esa parte de la población, que carece ahora de una figura con la cual identificarse.
Por Andreas Stein y Benedikt von Imhoff