RÍO DE JANEIRO (dpa) – Para el seleccionador brasileño de fútbol, Luiz Felipe Scolari, está claro hace tiempo quién ganará el próximo Mundial. Será por supuesto el anfitrión, Brasil. «Cada día estoy más convencido de que ganaremos la Copa», dijo hace poco el técnico de 65 años.
Su convencimiento viene de la ayuda con la que contará la «seleção». «Seremos siempre 12 en la cancha y así se juega mejor», dijo sobre el apoyo de la «torcida». Esa es la teoría. Pero el optimismo del carismático técnico podría ser replicado por algunos de los otros 31 colegas que estarán en el Mundial. Y con razón.
El 4 de marzo quedarán exactamente 100 días para el inicio del Mundial y Brasil vive ya en estado febril el comienzo el 12 de junio. Serán 64 partidos en 12 ciudades y 12 estadios, de los que algunos estarán concluidos después de muchos retrasos. El estadio de la inauguración, el Corinthians Arena de São Paulo, será escenario de su primer partido a comienzos de abril tras el accidente laboral de noviembre de 2013.
Peor es el caso de la Arena da Baixada en Curitiba, que provocó que la FIFA amenazara con dejar a la ciudad fuera del Mundial.
Ahora se da por hecho que los 12 estadios estarán concluidos, aunque el plazo inicial de entrega dado por FIFA para el 31 de diciembre del año pasado hace tiempo que quedó obsoleto.
En el terreno deportivo, la «seleção» aún debe probarse en tres amistosos. El 5 de marzo jugará en Johannesburgo ante Sudáfrica, anfitrión del torneo de 2010. Quedarán aún dos amistosos, los últimos, en junio. El equipo, campeón de la Copa Confederaciones, se sitúa en el discreto noveno puesto del ranking mundial.
El plantel de 23 hombres que defenderán el orgullo «canarinho» se conocerá en mayo. Parece que nombres reputados como los de Kaká, Ronaldinho o Robinho tienen complicada su presencia.
El único que parece seguro es Neymar, brillante por momentos en el Barcelona en su primera temporada en Europa, a pesar de que la polémica sobre su millonario pase a España desde el Santos ha puesto al club azulgrana en serias dificultades y al jugador en el punto de mira. Nada de eso ha minado la admiración que le profesan los fans del Barcelona y los de Brasil.
Serán los brasileños los que más disfruten el Mundial, ya que el 57 por ciento de las entradas entregadas hasta ahora han ido para la «torcida». Se esperan hasta 600.000 aficionados del extranjero.
«Estamos muy bien preparados para garantizar la seguridad de todos», prometió la presidenta del país, Dilma Rousseff, que ha acuñado el eslogan de que el de Brasil será «el Mundial de los Mundiales».
Unos 150.000 policías y soldados, así como 20.000 agentes privados de seguridad estarán activos en todo el país durante el torneo. En caso de emergencia, la jefa de Estado se reserva el derecho de recurrir al ejército. La seguridad será un asunto importante durante el Mundial y la FIFA se remite únicamente a que es competencia del anfitrión.
Desde hace meses se desarrollan las reuniones estratégicas para restringir las posibles y esperadas protestas que en la Copa Confederaciones atrajeron a un millón de personas y que son ahora el gran enigma. Los «anti-Mundial», que denuncian los miles de millones de sobrecostes, se muestran dispuestos a presentar batalla.
Su lema es «Não Vai Ter Copa» (No va a haber Mundial). Los miembros de los temidos «Black Blocs» movilizan a sus simpatizantes sobre todo a través de Facebook. En cada protesta hay peleas, disturbios y enfrentamientos con la policía. La cuenta regresiva de los últimos 100 días comienza y los que se oponen al Mundial también se preparan.
Por Helmut Reuter