La catedral ortodoxa rusa de París se convierte en un asunto de Estado


5971474wParís, 22 feb (EFE).- La construcción de una catedral ortodoxa rusa en el corazón de París, un gran edificio situado a dos pasos de la torre Eiffel, se ha convertido en un asunto de Estado, que ha pasado de los despachos de arquitectos a negociarse entre bambalinas entre el Kremlin y el Elíseo.

El presidente ruso, Vladimir Putin, soñaba con poseer un centro ruso que mostrara en la capital francesa el poderío de su país.

Para ello contó con la complicidad de Nicolas Sarkozy, fiel aliado de esta aventura mientras estuvo en la presidencia.

Gracias a ello pudo hacerse con el gran terreno que durante años perteneció a los servicios meteorológicos franceses, que se mudaron a las afueras de París dejando libre una parcela de 8.000 metros cuadrados por la que el Estado ruso pagó 70 millones de euros, más que los postulantes saudíes o canadienses.

Un disputado concurso internacional reunió a 444 arquitectos de todo el mundo, de entre los cuales resultó vencedor el hispanoruso Manuel Núñez Yanowsky, que diseñó un grandioso espacio cubierto de una imponente cúpula de cristal, al tiempo majestuosa cúpula y fuente de energía solar.

Desde Moscú, el proyecto de Núñez, excolaborador de Ricardo Bofill, recibió innumerables alabanzas.

Para los representantes de la iglesia moscovita era «una síntesis entre la tradición ortodoxa y la modernidad». Para el Kremlin el edificio brillante que deseaban tener en el centro de París.

Pero el entusiasmo ruso contrastó con la desconfianza en Francia, sobre todo en la izquierda gala.

«Los socialistas franceses nunca han soportado a los rusos, tienen recuerdos de la era soviética», afirma a Efe, visiblemente enfadado, Núñez Yanowsky.

El cuento de hadas se rompió cuando en 2012 las urnas desalojaron a Sarkozy del Elíseo y situaron al socialista François Hollande, menos sensible a las demandas rusas.

El alcalde de París, el también socialista Bertrand Delanoë, se erigió en el principal azote del proyecto de Núñez Yanowsky, que calificó de «arquitectura de pastiche» para mostrar «una ostentación inadecuada para un lugar patrimonio de la humanidad».

Más concretamente, el alcalde aseguró que las cinco cúpulas doradas que coronan el edificio, exigencia de toda basílica ortodoxa, dañaban la perspectiva de la torre Eiffel, situada a apenas 500 metros.

El proyecto dejó de estar en manos de los arquitectos y la partida comenzó a jugarse en los despachos políticos.

Francia incrementó su presión, se elaboraron una serie de informes negativos y, finalmente, Moscú acabó cediendo, temeroso de que el proyecto se perdiera en el olvido.

El concurso internacional fue revocado y otorgado, a dedo, al arquitecto francés Jean-Michel Wilmotte, que había quedado segundo en la primera licitación y que pudo revisar su idea inicial para adaptarla a las nuevas exigencias del consistorio.

Su diseño fue revisado a la baja y el resultado es una basílica menos esplendorosa, un edificio más modesto.

Núñez Yanowsky, el principal damnificado, no sabe bien si el motivo es «el odio de los socialistas a los rusos o al ‘chovinismo’ de los franceses».

«Lo que está claro es que Delanoë quería que se viera lo menos posible la catedral rusa. Y eso, unido a que yo soy español, ruso, judío… pues debió molestarle mucho», asegura el arquitecto, que no ahorra críticas al alcalde.

Su rabia no se muestra solo con palabras. Su abogado, Louis Fauquet, tiene presentadas varias demandas, una contra el alcalde, al que reclama 10 millones de euros.

«Cuando se trata de ‘pastiche’ una obra de un arquitecto reputado se está dañando su honor y su reputación, lo que puede tener consecuencias a la hora de lograr otros contratos», explica el letrado.

Además, el arquitecto cree contar con pruebas que demuestran que el Gobierno francés cometió un delito penal, ya que una funcionaria del departamento de Patrimonio recibió presiones directas de la ministra de Cultura, Aurelie Filipetti, para que emitiera un informe contrario a su proyecto.

«La policía la ha interrogado y, al parecer, ha confesado», dice su abogado.

Lo que rechaza de plano Núñez Yanowsky es que su proyecto sea más dañino para la imagen de París que el de Wilmotte.

«Eso es una solemne tontería. Los dos tienen la misma altura (27 metros) y el mismo impacto en la perspectiva de la ciudad. Diría más, creo que las cúpulas que yo incluí, inspiradas en las del renacimiento ruso, son más adecuadas que las de Wilmotte, que parecen árabes», asegura.

Si los tribunales no lo frenan, el proyecto, que incluye la basílica, un centro parroquial, una escuela rusa y un centro cultural, comenzará a construirse este semestre y estará acabado dentro de dos años.

Por Luis Miguel Pascual