Kiev, 21 feb (dpa) – Tras días de violencia mortal en el centro de Kiev, Ucrania vuelve a respirar. El ambiente agresivo se distendió de inmediato en la Plaza de la Independencia (Maidan) de la capital cuando se hizo público el acuerdo entre el gobierno y la oposición.
Si hasta hace poco se reflejaba el odio en los ojos de muchos de los manifestantes armados con cascos y escudos, ahora se ve de vez en cuando una tímida sonrisa.
Con temperaturas primaverales, opositores al gobierno jóvenes y viejos recorren la plaza, negra por las cenizas y el hollín que dejó el fuego, y las calles cercanas. Ya casi el ambiente se parece a una fiesta popular, con ollas de sopa y teteras, que distinguieron a la manifestación durante meses. Entusiasmados, dos cosacos tocan sus tambores.
Pero no todos están felices con el acuerdo alcanzado con la mediación de varios ministros de la Unión Europea. Las reformas les parecen pocas. El Consejo del Maidan, formado por todos los grupos que protestaban, aceptó el acuerdo, pero hubo votos en contra.
Así, la influyente agrupación radical Sector Derechista habla de una «patraña» y anunció: «La revolución nacional continúa». Para muchos es un incordio sobre todo que el presidente Viktor Yanukovich permanezca en el cargo, por ahora.
El odio al jefe de estado prorruso es enorme. A él personalmente lo acusan muchos ucranianos de los disparos mortales de francotiradores desconocidos contra los manifestantes el jueves, justo el día en el que se iba a recordar a los 28 muertos de los graves enfrentamientos del martes.
«Este presidente no respeta nada si deshonra el día del duelo con una orden de asesinar a más gente», se queja el influyente ex jefe de la secretaría presidencial. No puede haber perdón, según él.
La muerte de decenas de personas pesará mucho tiempo en el país. Una comisión esclarecerá quién disparó y por encargo de quién. Pero muchos integrantes de las fuerzas de seguridad, que también registraron muchas bajas, temen la venganza de los familiares de las víctimas.
Y es que poco después de las brutales batallas callejeras en la capital, la desconfianza sigue siendo grande. «Aquellos que lanzaron bombas incendiarias contra guardianes de la ley para mí no son activistas, son extremistas», dijo un policía al diario «Segodnja». «Según la ley, son bandidos a los que se debe castigar». Pero ahora todos los detenidos del último día serán puestos en libertad, de inmediato y sin juicio.
Con la firma del acuerdo entre Yanukovich y la oposición, no terminan los problemas. La economía está derrumbada. La ex república soviética está prácticamente en quiebra. El país vecino, Rusia, congeló el pago de un imprescindible crédito millonario. El hecho de que el mediador ruso Vladimir Lukin no firmara el acuerdo de Kiev no es justamente una señal alentadora de parte de Moscú.
Los dadores de crédito occidentales pusieron condiciones duras. La participación en un nuevo gobierno se asemeja a una operación suicida.
Y es que muchos en el pueblo ucranino no confían más en los políticos, tampoco en los de la oposición. A Arseni Yazenyuk, Vitali Klitschko y Oleg Tjagnibok, que se pusieron de acuerdo con Yanukovich en nombre de los opositores al gobierno, ya les sopla el viento en contra. Desde hace semanas se les fue de las manos el control de los manifestantes. De hecho, Klitschko fue rociado con espuma de un matafuegos por los manifestantes.
Pero no sólo preocupan los opositores al gobierno más radicales, que cada vez asumen más control sobre el oeste de Ucrania marcadamente antirruso. No está claro aún cómo será la reacción en el este y el sur del país, prorruso. En la segunda ciudad más grande, Jarkov, cerca de la frontera con Rusia, este sábado se celebrará un congreso de legisladores del sur y el este de Ucrania. Ya en 2004 en un encuentro similar se discutió la escisión de Ucrania.
En Kiev, el ambiente vuelve a enrarecerse por la tarde de este viernes, cuando se conocen los detalles del acuerdo. En la plaza Maidan vuelven a reunirse decenas de miles. Hay sacerdotes orando y suena música pastoral. Con voz entrecortada por las lágrimas la estrella pop ucraniana Ruslana recuerda a los muertos. Rostros desfigurados por el dolor escuchan respetuosos. Luego, vuelven a escucharse los gritos. «¡Abajo Yanukovich!». La oposición debe obligar al presidente a renunciar cuanto antes, reclaman los oradores desde el escenario. La «paz de Kiev» sigue siendo extremadamente frágil.
Por Andreas Stein y Benedikt von Imhoff
