MADRID (DPA) – Joan Matabosch da inicio a la era «post Mortier» en el Teatro Real. Cinco meses después de la destitución del belga, el español agarra el timón de la ópera madrileña con tranquilidad institucional pero con firmeza: «En lo básico y lo crucial, cambio no va a haber ninguno. Lo que hay es una continuidad con matices».
El escenario en Madrid al que saltaba Matabosch (Barcelona, 1961) desde el Liceo barcelonés estaba lejos de ser idílico. Su nombramiento llegó tres años antes de lo previsto y en medio de una agria polémica con un Gerard Mortier golpeado por el cáncer.
Un Mortier (Gante, 1943) del que el catalán habla a veces incluso como se hace de un mentor, pero que en su día no incluyó el nombre de Matabosch entre los que consideraba apropiados para sucederle.
Los nombres salieron a la luz cuando el belga denunció en una entrevista con «El País» que el gobierno pretendía imponer a un español para sucederlo al finalizar su contrato, en 2016. La amenaza de Mortier de dejar el cargo antes de ese año terminó con su destitución y el nombramiento con efecto inmediato de Matabosch.
Pero las aguas revueltas hallaron su cauce y en contra de lo que podía pensarse, Matabosch y Mortier, reconvertido en asesor del Real, colaboraron cordialmente si se atiende a lo que dicen los dos en público.
«Conozco a Mortier desde hace más de 20 años. Es una relación maravillosa y hoy es aún mejor de lo que era antes», afirma el español, que solo tiene buenas palabras hacia el hombre que algunos apodan el «enfant terrible» de la ópera.
La colaboración se ha hecho sobre todo en la distancia, mientras Mortier lucha contra el cáncer en Alemania. Su batalla dura ya más de diez meses y, según pudo apreciarse cuando acudió en enero al estreno de «Brokeback Mountain», uno de sus grandes proyectos, lo mantiene muy delgado y visiblemente desmejorado.
Matabosch acaba de presentar oficialmente su primera temporada como director artístico del coliseo, la 2014/2015, que arrancará en septiembre con un equipo que se completó hace pocos días con el nombramiento del británico Ivor Bolton como futuro director musical, una figura que Mortier eliminó en su paso por el Real.
En ese programa hay un tributo al belga. Matabosch mantiene dos de los encargos que Mortier hizo a compositores españoles y que serán estrenos absolutos en el Real: «La ciudad de las mentiras», compuesta por Elena Mendoza sobre el universo del uruguayo Juan Carlos Onetti, y «El Público», de Mauricio Sotelo, que junto a Andrés Ibáñez ha adaptado el texto de Federico García Lorca.
«Mortier siempre ha considerado que este era un texto de Lorca para la ópera», dice Matabosch. «Es un acontecimiento importante».Esos eran dos de los «proyectos emblemáticos» de Mortier. Y éste ha dado públicamente las gracias a Matabosch por mantenerlos y por su «comportamiento de ‘gentleman» en este tiempo juntos. El catalán no tocó nada de lo que quedaba de temporada de Mortier. E incluye «Brokeback Mountain» entre los proyectos que más le han gustado.
«Hay muy buen rollo», dice, tirando de expresión coloquial para probar la buena sintonía personal y profesional. «En las transiciones suele haber un lío apoteósico: problemas, enfrentamientos, y tengo que decir que aquí no ha sido así».
El programa 2014/2015 anticipa lo que será la era Matabosch tras la transición: apuesta por cantantes españoles y coproducciones internacionales con acuerdos estables con la Ópera de París, el Covent Garden de Londres, la Monnaie de Bruselas y también con el Liceo de Barcelona cuando nombre a su sucesor. Matabosch aún compagina su puesto en Madrid con ese, que tiene desde 1994.
A Mortier los detractores le criticaron escasa presencia de cantantes españoles en el Real, la ausencia de ópera española, una parte de renuncia al repertorio tradicional y sus apuestas arriesgadas y contemporáneas.
Matabosch parece que equilibrará en los primeros puntos. Para su primera temporada ha programado ya «Goyescas», de Enrique Granados, en coproducción con Los Angeles. El pintor Eduardo Arroyo será el escenógrafo y Plácido Domingo el director musical en una primera parte de un programa doble que como continuación tendrá «Gianni Schicchi» de Puccini bajo la dirección artística de Woody Allen y la interpretación principal de Domingo en su faceta de tenor.
«No hay ninguna voluntad de provocar ningún rompimiento con el pasado», asegura el catalán. «Mi concepto de la ópera tiene mucho que ver con el de Mortier. En lo básico y lo crucial, cambio no va a haber ninguno. Lo que hay es una continuidad con matices». Uno de ellos, en el repertorio. «Es posible ampliar el repertorio del Teatro Real a obras clásicas».
Explica un cierto rechazo hacia él por parte de una generación de renovadores de la ópera en la que incluye a Mortier en el hecho de que hace 30 años estaba asociado a «grandes divos mediáticos» que atraían la atención sobre sí mismos en detrimento de la ópera.
«Hoy en día ha cambiado mucho. Los cantantes jóvenes, incluso los mediáticos, tienen otra mentalidad y es posible hacer un montaje teatral incluso con el repertorio clásico», defiende.
Probablemente sean esos montajes, la puesta en escena, la línea en la que más claramente se apreciará la cercanía entre Mortier y Matabosch.
«Hay que fijarse en lo que he estado haciendo en el Liceo. Nadie me puede acusar de hacer puestas en escena con caspa del siglo XIX. Se me conoce por haber hecho propuestas a directores de escena de vanguardia», reivindica. «Christoph Marthaler debutó en el Liceo mucho antes de que Mortier llegase al Teatro Real».
Por Sara Barderas