LUDWIGSHAFEN, Alemania (dpa) – La competencia se burló de él, los consumidores lo ignoraron e incluso cuando se acabó su producción fue durante mucho tiempo más tolerado que querido. Pero 25 años después de su estreno, la Serie 8 de BMW es hoy en día un coche de culto.
Aunque buscaba combinar el rendimiento con el lujo, la firma alemana perseguía en 1989 con el 8 alcanzar un estrato social alto después de que con el 6 anterior se fijara más en la clase media. Más de 2.000 ingenieros trabajaban ya desde 1984 en su desarrollo. Cinco años más tarde, hace 25, llegó el coupé de gran potencia.
En su estreno el modelo fue presentado con el código interno E31. Nunca en la historia de BMW se habían visto esos ángulos. La parrilla le daba un morro muy deportivo y los tradicionales faros dobles, unos espectaculares ojos.
Además, el 8 también sorprendió en su momento por sus novedades tecnológicas como la del eje trasero y por los por entonces extras poco comunes, como el cierre centralizado con mando a distancia, espejos retrovisores eléctricos y un control de tracción.
«A pesar de todo, la historia del coche no fue especialmente feliz», afirma Ralf Pusch. El por entonces jefe de diseño Claus Luthe no tenía ganas de trabajar en el coche porque creía que no era el momento de un modelo así, cuenta Pusch, presidente del club de propietarios del vehículo «ClubE31 Worldwide Owners Group».
Y según los reportes de la prensa especializada, el 8 tampoco cautivó a los compradores: para los que les gustaba el 6, era demasiado futurista; en comparación con el coupé de la Clase S de Mercedes, le faltaba brillo. Y a pesar de un sólido motor de 12 cilindros, los conductores preferían un Porsche 928 u otro deportivo establecido.
Además, el 8 era muy estrecho en la parte trasera como para realizar un gran viaje, mientras que por el otro lado, con casi 1,8 toneladas resultaba algo torpe en las curvas.
Tampoco le ayudó que durante su vida útil fuera el BMW más caro. Cuando el coupé dejó de fabricarse tras diez años en 1999, se habían producido sólo poco más de 30.000 ejemplares, por lo que no extraña que la marca alemana se tomara su tiempo, hasta 2003, para encontrar un sucesor y que recuperara el 6.
Pero el 8 poco a poco fue ganando adeptos. «Desde hace varios años, el departamento de coches clásicos de BMW en Múnich se toma el coche tan en serio que ha renacido y tiene futuro», dice Luthe, experto en el E31. El suministro de piezas de sustitución, por ejemplo, está asegurado para los próximos 15 años. «Eso no ocurre con ningún otro ‘youngtimer’ de BMW».
Pero el 8 sigue siendo casi una ganga, ya que se puede encontrar uno en buen estado por 15.000 euros (20.260 dólares).
Quien pague esa cantidad, conseguirá un coche más deportivo que cualquier otro BMW de la época. El motor V12 con cinco litros tenía 300 caballos, suficientes para pasar de cero a 100 km/h en 6,8 segundos y alcanzar sin esfuerzo una velocidad de máxima de 250 km/h, pero con un consumo elevado de 13,1 litros.
Más tarde BMW probó con un M8 y buscó más potencia con un 850 CSi de 380 caballos. En 1993, sin embargo, llegó el 840i. «Lujo ligero» era el lema del modelo V8, que con un motor de cuatro litros y 286 caballos costaba 10.000 euros menos que el 12 cilindros.
Por Thomas Geiger