Paraguay, 25 años después de la caída de Stroessner


DWF15-1157848Asunción, 2 feb (dpa) – El 3 de febrero se cumplen 25 años de la caída del dictador paraguayo Alfredo Stroessner. Desde entonces, ocho presidentes han conducido el proceso democrático en Paraguay sin haber superado los problemas más graves que enfrenta el país sudamericano.

Un sondeo de opinión, realizado por la empresa Estudios de Opinión y divulgado hoy, revela que el 47,5 por ciento de los paraguayos opina que los gobiernos democráticos fueron malos. El 18,25 por ciento los califican de muy malos, lo que da un total de 65,8 por ciento de personas que suspenden a los gobiernos que vinieron después de la dictadura.

El resultado más favorable es para el ex obispo católico Fernando Lugo (2008-2012), con un 42,8 por ciento de aceptación, seguido del gobierno de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), con un 21,4 por ciento, y del general Andrés Rodríguez(1989-1993), con el 15,9 por ciento.

La sangrienta dictadura de Stroessner, de casi 35 años (agosto 1954-febrero 1989), dejó 459 desaparecidos, miles de torturados y presos y secuelas que hasta hoy persisten en lo social, como la pobreza, la indigencia, la corrupción y la inseguridad.

Un informe de la Comisión Verdad y Justicia, que investiga denuncias sobre violaciones a los derechos humanos durante esos años, denuncia que «99.312 familiares o personas allegadas sufrieron algún perjuicio por las detenciones o privaciones de la libertad arbitrarias o ilegales y/o por las torturas y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes».

El abogado Rodolfo Aseretto, que llevó varios casos ante la Justicia, aseguró recientemente que el propio Stroessner presenciaba casos de torturas a detenidos y en base a testimonios de ex presos afirmó que «es mentira que Stroessner supuestamente no sabía lo que ocurría».

Stroessner fue derrocado el 3 de febrero de 1989 por un movimiento militar que encabezó su consuegro, el general de ejército Andrés Rodríguez, quien gobernó de facto hasta 1993, cuando cedió el cargo a Juan Carlos Wasmosy (1993-1998).

Raúl Cubas Grau accedió a la presidencia en 1998 pero tuvo que renunciar un año después acosado por la violencia y disputas internas. Asumió entonces Luis González Macchi, que se mantuvo en el poder hasta el año 2003.

Las aguas parecieron entonces apaciguarse y Nicanor Duarte Frutos administró el país sin muchos sobresaltos entre 2003 y 2008, hasta el gran impacto que significó el triunfo electoral de Fernando Lugo, que llegó a romper la histórica hegemonía del partido Colorado.

Pese a la enorme expectativa que generó y el masivo apoyo popular que tuvo, Lugo tampoco pudo avanzar demasiado y terminó destituido, en junio del 2012, mediante un juicio político promovido por colorados y liberales en el Congreso.

Su vicepresidente, el liberal Federico Franco completó el mandato, hasta que el empresario y magnate Horacio Cartes ganó las elecciones de abril de 2013 e inició lo que gusta llamar el «nuevo rumbo» de Paraguay.

Cuando asumió, el actual presidente Cartes declaró la guerra a la pobreza, que afecta casi al 60 por ciento de la población, de unos 6,5 millones de personas.

Cartes apuesta por fomentar la inversión extranjera como forma de dinamizar la economía, generar empleos e intentar distribuir mejor la riqueza, pero se ha encontrado con resistencias dentro de su propio partido.

El mandatario ha conseguido una progresiva reinserción internacional de su país y confía en el apoyo principalmente de Brasil, la potencia regional de la que depende mucho la economía paraguaya.

«Son muchas cosas que tenemos que evaluar entre todos y creo que nos sentiremos mucho mejor si todos opinamos y hacemos un consenso en hacer lo mejor para el Paraguay», afirmó el presidente.

«Aquí, quien tiene que salir ganando es el país y si gana el país quiere decir que está ganando la gente», dijo también recientemente Cartes, justificando la lentitud de algunos planes prometidos.

Y completó: «Cualquier demora, que yo no sé si llamar demora, yo lo llamaría un poco de precaución, asumo todo el compromiso, porque no hay otra cosa sino la intención de hacer (las cosas) de la mejor manera posible».

Por Carlos Castillos