BERLÍN (dpa) – Un postor pagó 20.000 euros (más de 27.000 dólares) el año pasado por un Porsche de 1968. Pero no se trataba de un modelo normal del que poder presumir en la calle, sino de uno de apenas un metro de largo ideado para pruebas en el canal del viento. «Una pieza de museo», dijo el organizador de la subasta de objetos relacionados con los automóviles en Ladenburg, Alemania.
El único ejemplar conocido no fue la única pieza codiciada en la subasta. También las instrucciones de un BMW Typ 507 de ocho cilindros -«en muy buen estado, una rareza»- alcanzó el nada despreciable precio de 4.300 euros.
«Automobilia»: con esa palabra se definen los objetos de colección que tienen en común su vinculación -aunque sea tangencial- al motor. «Todo lo que tenga que ver con coches, motos e incluso a veces con la bicicleta», dice Marcel Seidel, director general de la casa de subastas Seidel & Friedrich, que organiza la de Ladenburg desde 2001. Nunca son automóviles en sí ni piezas aceitosas.
«También regalos publicitarios, como por ejemplo un espejo para que se maquillen las mujeres con una estrella de Mercedes, cuentan como ‘automobilia’», afirma Seidel. Se pueden encontrar antiguos prospectos de venta, programas de carreras y piezas de lujo como una palanca de cambios, una figurita de la parrilla e incluso un surtidor de gasolina.
En el año 2013 se vendieron objetos por valor de 2,2 millones de euros sólo a través de Seidel & Friedrich, que se lleva un 19 por ciento de provisión con cada venta.
Los precios de esas piezas son consecuencia directa del valor del coche. «Si el auto cuesta tres milllones, todo lo relacionado con él -un libro de instrucciones o un documento de garantía- puede alcanzar los varios miles».
También la leyenda juega un papel importante, como por ejemplo la devoción a un piloto muerto. Una foto-postal firmada y dedicada a mano por el piloto español Alfonso de Portago, muerto con 28 años en 1957 en la prueba Mille Miglia, cambió de propietario por 3.600 euros.
Los cazadores de buenos precios no suelen aparecer, sin embargo, por este tipo de subastas, ya que usan las bolsas de compra-venta de estos artículos.
«El panorama de coleccionistas de merchandising y de artículos antiguos es mayor de lo que se piensa», dice Marco Wimmer, director de la feria de «automobilia» de Fráncfort.
La propia firma BMW hace algo por los fanáticos de estos productos al organizar todos los años una bolsa propia en el museo BMW de Múnich.
Lo compre donde lo compre, al aficionado lo guía la pasión del coleccionismo, que no está tan relacionado con el objeto en sí como con su rareza, que «se independiza por sí misma», según Seidel. «El coleccionismo es a menudo un sustituto que satisface, por ejemplo cuando no se puede comprar el coche de sus sueños», agrega el organizador de subastas.
Eso es especialmente destacado en el caso de vehículos exóticos cuyas miniaturas se convierten en piezas de coleccionista. El hobby no requiere tanto espacio y es a menudo mucho más económico. En Ladenburg hubo una colección de casi 300 modelos Ferrari de 1946 a 2010 a escala 1:43 que se vendió por 13.000 euros.
Por Stefan Weissenborn
