Argentina cierra el 2013 sacudido por la enfermedad de Kirchner y su economía


5783018wcristinaBuenos Aires, 18 dic (dpa) – Argentina termina un año 2013 agitado, en el que el país estuvo sacudido por la enfermedad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, un clima político y social caldeado y una economía signada por la inflación, las medidas para frenar la fuga de divisas y la desaceleración económica.

Un masivo cacerolazo en abril contra el gobierno de Fernández de Kirchner expuso el malestar social con el que comenzó el año. El descontento se volvió a manifestar en las primarias de agosto y fue contundente en las legislativas del 27 de octubre, cuando casi siete de cada diez electores no votó al Frente para la Victoria (FpV, peronista) gobernante.

El kirchnerismo consiguió sin embargo mantener el control junto a sus aliados en ambas cámaras del Congreso, ya que sólo renovó en estos comicios las pocas bancas que había ganado en el revés electoral de 2009.

Al momento de la votación el país se encontraba sin embargo casi paralizado. La neurocirugía a la que se sometió Fernández de Kirchner el 8 de octubre, sumada a un cuadro de arritmia coronaria, descolocó al gabinete de gobierno, acostumbrado a una presidenta que centralizaba todas las decisiones.

Fue reemplazada en lo formal por su vice, Amado Boudou, uno de los funcionarios de gobierno con peor imagen pública por las investigaciones judiciales en su contra por presunto tráfico de influencias cuando fue ministro de Economía y supuesto enriquecimiento ilícito, en una situación que se complicó en las últimas semanas.

El regreso de la jefa de Estado a sus tareas, tras más de un mes de reposo, y el revés electoral llevaron a varios cambios en el gabinete que trajeron aires nuevos, en especial con la renuncia del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, autor de gran parte de las medidas económicas más controvertidas.

El efecto del resultado de las legislativas se evaporó en 48 horas con el fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor de la constitucionalidad de la ley de medios de comunicación audiovisual, considerado un triunfo gubernamental sobre el consorcio multimedia Clarín opositor.

Meses antes, en cambio, el máximo tribunal le había asestado un golpe al kirchnerismo al vetar parte de su ley de reforma judicial, con la que buscaba modificar el Consejo de la Magistratura, entre otros puntos.

Por otra parte, la derrota electoral enterró un eventual proyecto para impulsar la re-reelección presidencial de Fernández de Kirchner en 2015 mediante una reforma constitucional y lanzó a la vez la puja dentro del Partido Justicialista (PJ, peronista) por la sucesión, mientras una fragmentada oposición intenta capitalizar sus respectivos triunfos electorales para mostrarse como alternativa viable en las próximas presidenciales.

La Unión Cívica Radical (UCR) demostró que sigue viva tras naufragar con la crisis de 2001 y la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, gracias al exitoso frente que armó con el socialismo y otras fuerzas de centroizquierda.

Por otro lado surgió con fuerte proyección hacia 2015 la figura de Sergio Massa, el joven intendente (alcalde) peronista del municipio bonaerense de Tigre y ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández entre 2008 y 2009 que formó su propio Frente Renovador y como candidato a diputado venció al kirchnerismo en la estratégica provincia de Buenos Aires.

La crisis que se desató en diciembre con las protestas de las policías provinciales en reclamo de aumentos salariales en 21 de los 24 distritos del país, que dejaron ciudades sin vigilancia a merced de bandas que perpetraron saqueos y robos y dejaron más de una docena de muertos, mostró en tanto una situación social y económica que el relato oficial esconde con estadísticas manipuladas.

Salarios atrasados frente a una inflación que este año superaría el 25 por ciento, casi un cuarto de la población en situación de pobreza según el Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), una ola de inseguridad que las fuerzas de seguridad no logran controlar y el crecimiento del narcotráfico se convirtieron en condimentos explosivos en un mes que suele ser «caliente», no sólo por las temperaturas, en Argentina.

La política kirchnerista sumó factores endógenos a los externos que llevaron a una desaceleración de la economía nacional, con polémicas medidas para resolver problemas a corto plazo como la fuga de divisas y la caída de reservas del Banco Central con trabas a las importaciones que afectaron cadenas de producción y generaron conflictos con socios externos.

Fijó además fuertes restricciones a la compra de divisas, lo que amplió la brecha de la cotización del dólar marginal y que más tarde buscó remediar con un alza de impuestos a gastos en el exterior y una aceleración de la devaluación del peso argentino, que aún no alcanzó para devolver la competitividad a las afectadas economías regionales. A esto se sumó una amplia emisión de moneda, que azuzó la inflación.

El año había comenzado en tanto con una batalla ganada contra los «fondos buitres» que reclaman el pago de los bonos soberanos argentinos en moratoria desde fines de 2001, tras conseguir Argentina la liberación de la fragata insignia de la Armada, «Libertad», luego de permanecer 78 días retenida en Ghana por un pedido de embargo de los acreedores.

Pero la guerra judicial contra los «fondos buitres» en los tribunales de Nueva York continuó a lo largo de 2013, con un final todavía incierto pese a que Buenos Aires ofreció reabrir la reestructuración de su deuda.

La Justicia argentina avanzó por otra parte en su tarea de cerrar las heridas abiertas por la sangrienta dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983, con nuevas condenas a ex dictadores y ex represores 30 años después del retorno de la democracia. La muerte el 17 de mayo pasado del ex dictador Jorge Rafael Videla, quien lideró el golpe de Estado en 1976, dejó sin embargo a varias causas pendientes sin su acusado principal.

Por Cecilia Caminos