La infanta Elena cumple 50 años : Del polémico divorcio a la serenidad


5794237wMadrid, 18 dic (dpa) – La infanta Elena cumple este viernes 50 años serena y centrada, ajena ya a los días difíciles vividos hace cuatro años, cuando decidió tomar una decisión inédita en la familia real española: divorciarse.

Si entonces acaparaba titulares por ello, hoy los medios destacan su elegancia y su posible noviazgo con su amor de juventud -el jinete Luis Astolfi-, en medio de la crisis que vive la corona, agravada por los problemas de salud del rey Juan Carlos y el escándalo de corrupción que salpica a su hermana, la infanta Cristina.

A pesar de ser la hija mayor de los reyes Juan Carlos y Sofía, Elena es la cuarta en la línea sucesoria al trono, por detrás de su hermano Felipe, de 45 años, y de las hijas de éste, Leonor y Sofía, de ocho y seis años.

Así lo establece la Constitución española, que prioriza el sexo a la edad. Pero esto nunca pareció importar a la infanta, quien se licenció en Pedagogía -aunque los estudios nunca fueron su fuerte- y actualmente ejerce como directora de proyectos culturales y sociales de la Fundación Mapfre.

«Estoy contenta de la labor de representación institucional que llevo a cabo (…) He estado y sigo dispuesta a representar a España y al rey, siempre», dijo hace unos días desde su despacho, en una entrevista insólita publicada por los medios españoles.

A sus 50 años, la infanta se siente «satisfecha» con su vida. Atrás quedan ya sus momentos más tristes: «La decisión de primero separarme y después divorciarme», aseguró.

Su boda fue la primera de las de los hijos de los reyes de España y la más colorista. Se casó en la catedral de Sevilla, en marzo de 1995, con Jaime de Marichalar, un joven banquero de familia aristocrática que le persuadió con sus detalles y su tenacidad.

El infarto cerebral que sufrió él en 2001 fue un punto de inflexión en la relación de la pareja. Seis años más tarde, la casa real hacía público un comunicado en el que anunciaba el «cese temporal de la convivencia». La separación, sin embargo, nunca tuvo vuelta atrás. Y, dos años después, llegó el esperado divorcio.

La complicidad de Elena con el rey es de sobra conocida. En común tienen aficiones como la caza y las corridas de toros -que no gustan a la reina-, y un carácter similar, obstinado y noble, dicen los que les rodean. Pero su separación y posterior divorcio no gustó al monarca. Tampoco a la reina.

Con Marichalar, sin embargo, Elena cumplió uno de sus sueños, el de ser madre, y tuvo dos hijos: Felipe Juan Froilán y Victoria Federica.

El primogénito, con 15 años, ha protagonizado ya conocidas anécdotas en la prensa: de las patadas que propinó en 2004 a sus primos pequeños durante la boda del príncipe Felipe a otras más polémicas, como el disparo accidental que él mismo efectuó con un arma en su pie izquierdo al salir de caza con su padre el pasado año.

«La educación que intento transmitir a mis hijos no varía de la que me gustaría que tuviesen si no me hubiese divorciado (…). Creo que no se puede ser ‘ex padre’ o ‘ex madre’ y que cada uno busca lo mejor para sus hijos», afirmó Elena en la entrevista.

En ella, exterioriza también su preocupación por la situación que atraviesa España, inmersa en una crisis económica desde 2008, y por el distanciamiento de los ciudadanos de las instituciones.

«Me inquieta», aseguró. «Y, por supuesto, me disgustan las situaciones incómodas que se producen».

La corona no vive su mejor momento. Es frecuente escuchar pitidos y abucheos hacia los miembros de la casa real española en actos institucionales. Pero, en medio de esta tormenta, la imagen de la infanta Elena sale reforzada.

Aficionada a la hípica, al esquí, a la caza, a la vela y al flamenco, Elena es amante de la velocidad. Una mujer con genio y sentido del humor. Obstinada, intrépida y valiente, según la describe la periodista Carmen Duerto en el libro «La infanta Elena. La reina que no pudo ser» (La esfera de los libros, 2009).

Por Ana Lázaro Verde