Madrid/Bruselas, 16 dic (dpa) – La Unión Europea (UE) trabajará a contrarreloj esta semana para alcanzar un acuerdo sobre el Mecanismo Único de Resolución bancaria (MUR), el segundo pilar de la Unión Bancaria.
Los ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo se reunirán mañana y el miércoles lo harán los de la UE (Ecofin), en sesiones extraordinarias con el objetivo de cerrar los flecos del futuro sistema de liquidación de bancos en problemas para que los jefes de Estado y de gobierno de los 28 puedan bendencirlo en la cumbre europea de este jueves y viernes.
La creación de la Unión Bancaria está considerada como el principal reto al que se enfrenta en la actualidad la zona euro, y por tanto la UE. Su objetivo es supervisar a los principales bancos europeos para evitar que lleguen a situaciones críticas como las vividas durante la crisis por algunas entidades y que, de necesitar ayuda, esta provenga fundamentalmente de fondos financiados por el propio sector bancario y no de las arcas estatales.
El primer fundamento de esta nueva estructura, el supervisor bancario único, fue acordado hace meses y entrará en vigor en noviembre de 2014. Sobre el Banco Central Europeo (BCE) recaerá a partir de entonces la capacidad de supervisar directamente a los 128 principales bancos de la eurozona, dejando fuera las entidades más pequeñas, por presiones de Alemania.
Ahora, con el diseño el MUR (o SMR en inglés) lo que se discute es quién decidirá a partir de 2016 sobre la liquidación de los bancos en problemas, así como el diseño de un Fondo Único de Resolución, una especie de hucha única financiada por los bancos de la zona euro que responda cuando las entidades necesiten ayuda.
La semana pasada, el Ecofin logró alcanzar un acuerdo inicial sobre los puntos más importantes, en el que Alemania consiguió imponer varias de sus exigencias. Ahora, sellada por fin la nueva «gran coalición» alemana y confirmado en el cargo el ministro de Finanzas germano, Wolfgan Schäuble, él y sus colegas tratarán de poner el broche a este nuevo capítulo de la Unión Bancaria.
Según lo que trascendió de la última reunión del Ecofin, el Fondo Único de Resolución bancaria no estará totalmente en vigor hasta 2026. Berlín habría conseguido así retrasar durante diez años la creación de ese «bote común» de unos 55.000 millones de euros (75.800 millones de dólares) en el que las aportaciones de los bancos alemanes o españoles servirán tanto para financiar las crisis de las entidades de sus países como las de Grecia, Francia o Irlanda.
Entre 2016 y 2026 funcionarán primordialmente los fondos de resolución nacionales, que acabarán convergiendo en el Fondo Único. Durante ese periodo el fondo nacional de un determinado país será el primero encargado de sofocar los problemas de sus bancos antes de que éstos puedan recurrir a los fondos nacionales de los otros países. Cada año, hasta 2026, irá reduciéndose en un 10 por ciento la cantidad de ayuda que pueden prestar a sus bancos los fondos nacionales y aumentando en un porcentaje similar la que corresponde al Fondo Único en ciernes.
También la visión alemana se impuso al parecer en lo que se refiere a quien tendrá la capacidad de decidir que un banco debe ser desmantelado o reestructurado y como hacerlo. La Comisión Europea, el órgano Ejecutivo de la UE, ha peleado por tener dicha competencia, pero Berlín se opuso desde el principio.
La decisión la tomará previsiblemente una Autoridad Única de Resolución, que estará formada por un consejo ejecutivo y otro supervisor en los que la Comisión Europea y el BCE tendrán sólo función de observadores y de limitado control.
La Comisión estudiará las decisiones de la Autoridad Única y si no está de acuerdo con alguna enviará un informe al Consejo Europeo, formado por los 28 gobiernos nacionales. Éste podrá oponerse a la decisión de la Autoridad de Resolución, pedir que la enmiende o dejarla como está. Es decir, la última palabra la tendrían los gobiernos nacionales.
Por último, Berlín habría conseguido limitar también en parte el alcance del Mecanismo Único de Resolución a los grandes bancos de la zona euro, para reducir así el impacto en su red de cajas de ahorro.
La Autoridad Única de Resolución dará directrices generales para los 6.000 bancos de la eurozona, pero sólo será responsable directa de la resolución de los 128 grandes bancos que vigilará el supervisor bancario único. Para el resto, serán las autoridades nacionales quienes planifique una eventual liquidación. Salvo en el caso de que reciban dinero del Fondo Único de Resolución: entonces será también la Autoridad Única de Resolución quien ponga las condiciones.
El futuro MUR estará completado por el llamado «bail-in», que establecerá el orden en que los accionistas, bonistas o clientes de un banco en problemas tienen que asumir pérdidas antes de que se recurra al fondo de resolución nacional o al futuro Fondo Único. Según lo acordado, los depósitos no asegurados responderán por detrás de los accionistas y los acreedores, aunque siempre quedarán exonerados los depósitos de menos de 100.000 euros.
Todo este complicado entramado tiene dos objetivos primordiales. Por un lado evitar que los gobiernos, y por consiguiente los contribuyentes, paguen los rescates de la banca. Por eso, sólo en casos excepcionales el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) podrá intervenir dando ayuda directa a los bancos. Y así se quiere romper además el círculo vicioso entre bancos en problemas y gobiernos nacionales que salen al rescate, algo que profundizó la crisis económica y de deuda de los últimos años.