Berlín, 16 dic (dpa) – Se cree que casi un millón de personas tienen acceso a documentos secretos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense. Pero solo uno decidió hacer público el enorme programa de espionaje en Internet: el joven informático Edward Snowden, que inició así un peligroso viaje que, por ahora, acabó en Rusia.
2013 fue el año de Edward Snowden: El informante, de 30 años, entregó a la prensa miles de documentos de la NSA con los que desató un terremoto político con sismos casi diarios. Gracias a los datos que proporcionó, la opinión pública internacional se enteró por primera vez de la vigilancia casi completa de Internet por parte de la NSA.
A través de Snowden, la canciller alemana, Angela Merkel, se enteró de que su teléfono había sido espiado. La NSA también había accedido al correo del ex presidente mexicano Felipe Calderón y de su sucesor, Enrique Peña Nieto, cuando era candidato. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, incluso canceló un viaje a Washington tras enterarse de que había sido espiada, junto a miles de sus compatriotas. Brasil y Alemania se unieron para exigir en la ONU un mayor respeto a la privacidad tras el escándalo.
«No quiero vivir en un mundo en el que todo lo que haga y diga sea grabado», señaló Snowden a la hora de explicar los motivos que lo llevaron a actuar de esa manera. Fue al comienzo de las revelaciones, con una amplia entrevista que dio en Hong Kong al diario británico «The Guardian».
«Usted no tiene idea de todo lo que es posible», añadió. Y, de hecho, hasta los expertos en seguridad informática se mostraron sorprendidos del alcance de la vigilancia de Internet.
Snowden subraya que no es un traidor y que no ha transmitido ningún secreto a chinos o rusos. Incluso, que entregó a los periodistas en Hong Kong todos los documentos y que ya no tiene acceso a los mismos. Pero, ambas potencias sacaron provecho de sus revelaciones: la primera oleada de informaciones se produjo justo antes de un encuentro bilateral Washington-Pekín en el que China era acusada de espiar en Occidente.
El técnico informático explicó que la decisión de actuar llegó tras analizar el tema mucho tiempo. Cuando estaba en Ginebra como empleado de la CIA aparecieron las primeras fisuras en su fe en los servicios secretos. Cuando se dio cuenta de la dimensión de la vigilancia, decidió hacerla pública.
Pagó un alto precio por ello. Abandonó la vida que llevaba en Hawaii con su novia y un empleo bien pagado. Ahora se encuentra retenido en Moscú. Rusia le ha dado asilo temporal, de sólo un año, por lo que su futuro es incierto. Moscú accedió a hacerlo después de que Snowden se quedara varado en el aeropuerto de la capital sin papeles.
Estados Unidos exige su extradición y no parece muy realista que países europeos le vayan a dar asilo. Países como Venezuela y Nicaragua le han ofrecido refugio, pero se ignora cómo podría llegar hasta allí sin tener documentos.
No se sabe mucho sobre Edward Snowden. «Un tipo enjuto, pequeño, muy delgado», lo describió el periodista alemán John Goetz, que se reunió con él en Moscú. Su lenguaje está plagado de términos de sus años en el servicio secreto. «Cuando habla, apoya los codos sobre la mesa y mira al interlocutor a los ojos. Largamente y sin apartar la mirada».
En cualquier caso, Snowden dista mucho de ser un iluso, y sabe que su futuro se presenta todo menos fácil. «Uno no puede enfrentarse a los servicios secretos más poderosos del mundo y no ser consciente del riesgo», señaló en la entrevista con el «Guardian». «Si quieren atraparlo a uno, al final lo consiguen».
Por Andrei Sokolov