Seúl, 13 dic (dpa) – A la población de la península norcoreana le esperan tiempos convulsos: la noticia de la destitución y ejecución del influyente tío del líder Kim Jong-il, Jang Song-thaek, se interpreta en Corea del Sur como un signo de estabilidad en el país vecino, donde la situación es ya de por sí precaria.
El gobierno surcoreano quiere prepararse para cualquier eventualidad, es decir, provocaciones militares, nuevos test nucleares o de misiles e incluso un colapso del país, y los expertos hablan de la escalada de una lucha por el poder que aún no ha terminado.
La ejecución de Jang, de 67 años, en un tiempo récord, ha sorprendido incluso a los analistas más expertos: dos leales a Jang ya habrían sido ejecutados en noviembre, según los servicios secretos surcoreanos. Pero que ello le ocurriera a un miembro de la cúpula dirigente -Jang estaba casado con una hermana del líder supremo Kim Jon-il, fallecido hace dos años- parecía imposible.
«No hay precedentes de algo así en los últimos 50 años en Corea del Norte», afirma Park Hyeong-jung, del Instituto de la Unificación Nacional en Seúl. Para los expertos ello significa que el joven Kim Jong-un quiere poner las cosas en su sitio y lanzar una advertencia.
«Kim intenta beneficiarse de las luchas de poder entre sus hombres cercanos», cree Park. Por ejemplo hay signos de una lucha de poder entre importantes departamentos de organización y liderazgo en el Comité Central del gobernante Partido de los Trabajadores, cercanos a Jang, y el poderoso Ejército. Jang contribuyó a reorganizar el Ejército y reducir su influencia. «Y los militares estaban muy enfadados».
Hasta ahora no está claro hasta qué punto Jang utilizó su ámbito de influencia para quitarle poder a Kim y asumirlo en sus manos. De eso precisamente le acusó el régimen para justificar su condena a muerte. A ello se une una bizarra lista de crímenes que se le atribuyen: corrupción, ludopatía, relaciones inapropiadas con mujeres, consumo de drogas, despilfarro de dinero o liquidación de materias primas a China.
Los analistas ven signos de un cambio generacional en las posiciones de la cúpula: en verano del año pasado Kim Jong-un destituyó al líder del Ejército Ri Yong-ho de sus cargos, aparentemente por motivos de salud. Pero el paso se vio también como un adelanto de otros cambios para reforzar el poder de Kim. Tanto el general Ri, como Jang eran leales a Kim Jong-il.
Jang, que hizo carrera en el partido, fue promocionado por el padre de Kim Jong-un a vicejefe de la Comisión de Defensa nacional, el gremio de decisión más importante del país y también tenía un puesto clave en la gestión económica de Corea del Norte.
Para Park, esto es especialmente importante: los grupos de Jang tenían seguramente el monopolio de sectores como la minería, cadenas de restaurantes o las importaciones de crudo. «Con el suministro de petróleo tenía el práctico control del Ejército».
Además Jang estaba profundamente implicado en las relaciones económicas con China, cada vez más fuerte. En Corea del Norte se escucha por eso el llamamiento a inversores de otros países, afirma el director de proyectos de la fundación Friedrich-Naumann en Seúl, Lars-André Richter, porque uno de los lemas pasa por la «diversificacion».
La ejecución podría, junto a otros aspectos, ser también una señal dirigida a China. «Aunque no está claro si los recientes acontecimientos reforzarán de nuevo a las fuerzas radicales en el país».
Por Dirk Godder