80 años del bolígrafo, la revolución de la escritura

Berlín, 5 jun (dpa) – Baratos, poco elegantes, afean la letra… los bolígrafos no tienen la mejor fama, pero pese a ello son indispensables en la vida diaria: el éxito empezó hace 80 años de la mano del húngaro Lászlo Bíró.

Al parecer la idea le surgió al ver jugar a las canicas a unos niños y cómo tras pasar por un charco de agua la bolita dejaba una huella húmeda en el suelo. En 1938, Bíró patentó por primera vez el bolígrafo, pero no fue hasta su llegada a la Argentina más tarde, donde registró otra patente el 10 de junio de 1943, cuando empezó a fabricarse de forma masiva.

Lo hizo junto a su socio y amigo Juan J. Meyne, y ambos registraron la marca “Birome” con las dos primeras letras de ambos apellidos, forma en que se sigue conociendo hasta hoy el bolígrafo en Argentina.

Las principales novedades que trajo eran que se podía escribir con facilidad, no se ensuciaban los dedos y la tinta del tanque no se secaba. Hoy en día los bolígrafos son insustituibles, incluso en la era de las computadoras, la digitalización y el objetivo de la oficina sin papel.

Solamente como producto publicitario hay millones de bolis, biromes o bolígrafos circulando entre los ciudadanos. Ya sea una empresa, una carnicería, una discoteca o un partido político, innumerables instituciones imprimen sus marcas en los bolígrafos para permanecer en la memoria de sus clientes. “A diferencia de un anuncio de radio o televisión, el mensaje publicitario está siempre presente ante el usuario”, dice Ralf Samuel, de la feria especializada en publicidad PSI.

Al principio de su existencia los bolígrafos eran un artículo de lujo: cuando una tienda de Nueva York puso a la venta los primeros en 1945, costaban 12,30 dólares, equivalentes a ocho horas de trabajo de un obrero industrial.

El bolígrafo fue una pequeña revolución. Durante décadas los inventores habían intentado dar con soluciones alternativas a la pluma estilográfica (o pluma fuente en América Latina) que no mancharan ni se secaran… sin demasiado éxito. Eso cambió con Bíró (1899-1985), que emigró junto con su hermano y su familia a Buenos Aires huyendo de los nazis.

Pero el bolígrafo también ha ido cambiando con el paso del tiempo y ya los hay con memoria USB incluida y como dispositivo digital. Los llamados “smartpens” archivan anotaciones para que el usuario pueda traspasarlas luego a la computadora. Al igual que el reconocimiento de voz, el software va aprendiendo a interpretar cada vez mejor la letra del usuario.

Uno de los principales argumentos hoy en día en contra de los bolígrafos es que son de plástico, teniendo en cuenta las montañas de basura de este tipo que se acumulan en el mundo. Los ecologistas recomiendan por eso usar los recargables o los fabricados con materiales biodegradables como celulosa o fécula de maíz.

Por Burkhard Fraune (dpa)

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