100 años de Ingmar Bergman, el director que dio alas al silencio

Fårö (Suecia), 12 jul (dpa) – Ingmar Bergman construyó su casa en la pequeña isla báltica de Fårö sobre una playa de piedras y no de arena fina: tanto a él como a su trabajo de tintes filosóficos le iba bien reducirse a lo crudo y esencial.

Las cavilaciones cinematográficas del maestro sueco sobre las grandes cuestiones existenciales influyeron a generaciones enteras. Este año seguramente se exhibirán sus películas en muchos lugares, porque el 14 de julio se cumplen 100 años de su nacimiento.

Volverse viejo es como subir una montaña, dijo Bergman cierta vez: “Cuanto más se sube, menos fuerza hay, pero más lejos se ve”. Como espectador uno tiene la impresión sin embargo de que el cineasta veía muy lejos ya siendo joven. Murió en 2007 a los 89 años en su pequeña isla del Báltico, diez años después de ser coronado en Cannes como “el mejor director de cine de todos los tiempos”.

A diferencia de lo que se suele pensar, las obras de Bergman no son sólo intelectuales, subraya el director de la fundación que lleva su nombre, Jan Holmberg. Es cierto que son profundas y están cargadas de crítica social, pero también son sarcásticas e irónicas. “No creo que se necesite una licenciatura universitaria para entenderlas”, asegura.

Muchas de sus películas, como el drama experimental en blanco y negro “Persona”, buscan que el espectador sienta y no intente entender racionalmente.

En la actualidad los films del director, que recibió varios Oscar, están muy demandados, seguramente por el contraste que implican frente al cine comercial, opina Holmberg.

“Las personas tienen necesidad de analizarse a sí mismas”, dice, y añade que en un mundo en el que muchos se meten en sus propias burbujas en las redes sociales, es importante “que alguien muestre los aspectos menos agradables de los seres humanos”.

Holmberg administra el legado de Bergman, que incluye más de 60 películas para cine y televisión como “Persona”, “Fanny y Alexander” o “Secretos de un matrimonio” (“Escenas de la vida conyugal”), con las que el director se hizo famoso en todo el mundo.

También es autor de más de 170 producciones de teatro, numerosos guiones y textos autobiográficos. La Unesco considera sus archivos -manuscritos a mano y a máquina, proyectos, cuadernos de anotaciones, papeles de producciones, fotos y unas 10.000 cartas- como parte del patrimonio documental de la memoria del mundo.

Bergman habla en esos escritos de la muerte, del silencio de dios, de los artistas fracasados, los problemas familiares. Los críticos creen que aportó a todas las disciplinas del arte una profundidad psicológica e intimidad nuevas. Testarudo y extremadamente seguro de sí mismo, Bergman hacía a los actores mirar directamente a la cámara y le otorgó al silencio el mismo peso o más que a la palabra.

Casi ningún otro director tiene tras de sí “una carrera tan larga y tantas películas con una calidad tan estable”, asegura Holmberg, quien reconoce la influencia de Bergman en trabajos de Lars von Trier (“Melancholia”), Michael Haneke (“Amor”) y el francés Olivier Assayas (“Personal Shopper”).

También en films de los últimos años de Steven Spielberg como “Lincoln” o “Múnich”, así como en Woody Allen e incluso en series de televisión actuales como “Divorce” y “Mad Men”.

Sin embargo, ya no habrá una figura tan destacada como Bergman, opina la directora alemana Margarethe von Trotta. “Creo que esa admiración casi religiosa y endiosamiento son cosa del pasado”, dijo en una entrevista con el semanario “Zeit”. “Hoy en día uno no se siente tan exaltadamente comprometido con un artista”.

Los ideales de Bergman siguen viviendo en Fårö, la isla de la que se enamoró durante el rodaje de “Como en un espejo”. “Quiero vivir aquí, quiero morir aquí”, dijo supuestamente entonces. Y aquí está enterrado, tal como pidió.

En la que fuera su casa los artistas siguen inspirándose. Una fundación otorga becas para poder acceder a las notas originales del director. El 14 de julio habrá una reunión entre todos para ver juntos “El circo”, de Charlie Chaplin, como hacía siempre en su cumpleaños Bergman con sus hijos.

Por Theresa Münch (dpa)

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