7:29 am - Miércoles Abril 26, 2017

¿Quién es el Amazigh viajero en moto?

NBNoticias

Entrevistamos a Quique Arenas, motero, periodista y director de la revista motoviajeros, quien nos cuenta cómo fueron sus inicios en este mundo de las dos ruedas y nos habla de su libro de “hombre libre” que acaba de publicar.

Le preguntamos a Quique Arenas por su pasado sobre ruedas, un poco de su CV motero.

Las primeras “rutas” llegaron a hurtadillas, porque no tenía la edad suficiente para conducir. Con el Vespino amarillo de mi madre, que era como un yunque irrompible con ruedas, tuve muchas alegrías… y algún arrastrón. Después tuve una Derbi Variant; me servía para todo: con ella iba a clases, exploraba caminos y hacía rutas por los Montes de Toledo, motocross, trial… Sí, ¡también trial! Tenía mi habitación empapelada con pósteres. Recuerdo una anécdota divertida: cada año acudía con mi primo Rober (que sigue compitiendo y es campeón de Extremadura y Castilla-La Mancha) al Trial Indoor de Madrid; en una de las ediciones conseguimos llegar hasta Jordi Tarrés. Yo llevaba una foto mía subiendo con la Derbi una roca gigantesca, completamente vertical, en chándal, con unas Converse y sin casco. Cuando le mostré la foto para que me firmase un autógrafo, Tarrés me preguntó: “¿Ese eres tú?”. Yo era un chaval espigado con gafas a lo Steve Urkel, pero hacía virguerías con la Derbi. Le dije que sí, y soltando una carcajada de asombro me respondió: “Cómprate una moto de trial mañana mismo y ponte a competir”. Entusiasmado por ello, empecé a ahorrar y así fue como llegó a casa una vieja Montesa Cota 307 de quinta mano que para mí era la mejor y más bonita moto del mundo. Estaba reventada, pero con ella hice mis primeros triales. Luego tuve dos GasGas, hasta que me lesioné las rodillas (por el baloncesto, no por la moto). Pero no quería ni podía abandonar el olor a gasolina. Así que cambié una vocal de sitio y del trial pasé al trail. Ya son 24 años viajando en moto por España, Europa y un poquito de África y América, siempre con motos de trail. Aunque yo no he ido a Papúa Nueva Guinea en moto; supongo que siempre preferiré ir a Asturias, como ya he hecho en 14 ocasiones.

¿Cómo surgió y cuál fue el por qué de la revista Motoviajeros?

Con la llegada de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, muchos lectores hemos perdido el hábito de comprar las revistas de siempre y acudimos a Internet para estar al día; forma parte de nuestra cotidianidad. Los canales tradicionales son muy costosos y tienen limitaciones… todo ello hace que los medios estén viviendo un cambio vertiginoso y, en muchos casos, ciertamente dramático ante la dicotomía de qué hacer. El modelo ha cambiado, eso nadie puede negarlo. Cuando hablo de escapar de las limitaciones, me refiero a que en nuestra revista es posible incorporar contenido multimedia: enlaces a redes sociales, páginas web, vídeos, tanto para la información como para la publicidad, es un avance gigantesco… Los contenidos son interactivos, manejables y disponibles 24 horas, 365 días al año, desde cualquier dispositivo. Y muy importante, en nuestro caso, 100% gratis, pues son accesibles sin coste alguno para el usuario. Siempre tuve claro que la apuesta debía ser digital, una apuesta moderna visualmente atractiva y con textos e imágenes muy cuidados. En cuanto a la temática, no existía ninguna publicación de periodicidad mensual, en español y gratuita, dedicada en cuerpo y alma al mototurismo, un sector en auge. Yo soy muy versátil, como las trail, jajaja; sé hacer un poco de todo: diseño, maquetación, fotografía, edición, redacción, coordinación, dirección… Y además tenía mucho material con el que empezar a publicar reportajes. Así que le conté mi proyecto a mi amigo Antonio Borrego, de Ubricar, y desde el primer momento conté con su respaldo: somos como una familia. Este fue el embrión de Motoviajeros, una publicación que nació sin crear mucho ruido pero que hoy, dos años después, es ya un referente querido y respetado por los aficionados a los viajes y rutas en moto. No solo en España, también en Sudamérica. Su crecimiento ha sido exponencial, y estoy convencido de que lo mejor está por venir. Así lo han entendido los colaboradores y marcas que se han sumado a la revista.

¿Eres más motero o más periodista?

No me imagino una cosa sin la otra. Me encanta mi profesión, intento vivirla con pasión y dedicación plena; con la moto me pasa lo mismo. Siempre he creído en un mundo mejor, y ahora tengo la oportunidad de trasladar, día a día, mensajes positivos que nos hablan de lugares, viajes, personas… y sueños; se puede viajar hasta las antípodas para encontrar la emoción; y también podemos disfrutar con lo más cercano: solo hay que ponerse en marcha y abrir bien los sentidos. En cuanto a mí, intento escuchar y transmitir con el corazón, no con la mente; la mente da la técnica, el corazón la humanidad.

¿Qué es lo que más te llena de escribir sobre motos?

Sé que para muchas personas lo importante es viajar, no importa el modo. Pero para mí, viajar está unido indefectiblemente a la moto. La posibilidad de expresar todo lo que ocurre en un viaje en moto por fuera, pero también por dentro de uno mismo, crea un intercambio emocional con el lector. En esa entrega, el mérito que puede tener el periodista, el escritor, reside en capturar las sensaciones que el viajero experimenta y convertirlas en palabra. Una buena narración debe contener algo más que un relato pormenorizado de la hoja de ruta. Ha de transmitir una historia, un impulso contagioso, una pasión sincera.

Acabas de presentar tu libro AMAZIGH, ¿Qué es Amazigh?

Amazigh, en lengua bereber, significa “hombre libre”. Me parece una forma precisa y preciosa de titular un libro en el que el desierto tiene tanta importancia. La libertad es un parche invisible que todos los motoristas llevamos cosido en el pecho.

¿Qué fue lo qué más vértigo te dio al sacarlo a la luz?

No sentí ningún vértigo, solo alegría. Me siento como un padre, y de hecho, me sorprende cuando la gente me felicita por haberlo escrito; me siento un poco así, como si hubiese traído una nueva criatura al mundo. Sé que esta criatura es buena, se portará bien y dará lo mejor de sí misma a los demás, con ese deseo la he concebido. Y hasta el momento, todo lo que ha ocurrido en torno al libro está siendo maravilloso. Y me siento muy agradecido por ello. Amazigh ha viajado ya a los cuatro puntos cardinales de la península.

¿Puedes decirnos de qué se trata y qué podemos encontrar en este libro?

Amazigh, en moto hasta el desierto” (Celya, 2016) es un libro que surge tras un viaje al Sahara. Pero no es un diario, tampoco un relato técnico. Son mis sensaciones ante un gran viaje. Hay humor, espiritualidad, nostalgia, valentía, adrenalina, sensibilidad… He tratado de cuidar al máximo la redacción y estoy muy satisfecho con el resultado.

¿Por qué nos lo recomiendas?

Creo que Amazigh transmite una energía positiva, es un soplo de libertad y una buena radiografía de lo que se siente al sumergirse en una aventura en moto. Es una especie de tobogán literario: uno tiene la impresión de deslizarse por la narración, en la que se intercalan momentos divertidos y otros que tocan la fibra. No hablo de baches o desayunos; hablo de sentimientos y emociones. Ah, y otro dato muy especial para mí: la obra cuenta con el prólogo de mi amigo Mario Montoro, genio y figura y autor del libro A Trompicones por África. También la Editorial ha redondeado el trabajo de manera impecable. Estoy muy feliz con el resultado final.

¿Alguna novedad para este año próximo?

Siempre hay proyectos en el horizonte, no sé quedarme parado, pero de momento no puedo adelantar nada, todo está en fase de gestación.

¿Cuál sería la frase que mejor te definiría Quique?

Hablar de uno mismo es un poco pretencioso, pero supongo que soy un tipo que intenta hacer las cosas bien, ser mejor profesional y mejor persona cada día. Alguien que intenta contagiar optimismo en los demás. Y a quien le apasiona observar el mundo desde su moto. También soy músico, así que invito a leer esta respuesta canturreando un estribillo que mezcla buen rollo, algo místico y ganas de ponerse en movimiento. Los que van con prisa, nunca ven el cielo: ¡somos de colores!

Muchas gracias Quique por compartir con nosotros tu espíritu de AMAZIGH.

Elsi Rider

 

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